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El futuro en Ucrania visto hoy

Por Rafael Bayce.

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Caras y Caretas Diario

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Lector, las cosas en el campo de batalla y en las mesas diplomáticas suceden con gran velocidad. De modo que un pronóstico que puede ser fundamentado y verosímil hoy puede no serlo más mañana. Sin embargo, creo que todos los interesados en el mundo tenemos muy adentro las preguntas: ¿Cómo terminará esto? ¿Cuál será el balance que se pueda hacer de las consecuencias, para cada una de las partes y para el equilibrio geopolítico mundial, de ese ‘fin’ del conflicto?

En primer lugar, ya es muy difícil qué pueda definirse como ‘fin’ del conflicto. Una visión muy superficial del mismo sería pensar que el conflicto terminará el día que los medios masivos de comunicación global dejen de priorizarlo como asunto de primera plana, titulares y tiempo de emisión. Definirlo así sería excesivamente cholulo. Y no quedaríamos satisfechos con ese final tan superficialmente dictado.

En segundo lugar, menos superficial que lo anterior pero también de profundidad baja, es considerar que llegó el fin del conflicto porque no hay más escaramuzas bélicas, o porque se llegó a algún armisticio diplomático. Este sería el final para un texto de historia de liceo, aunque tanto un final bélico como uno diplomático tienen indudable importancia para la vida cotidiana del mundo, y especialmente de las partes más directamente intervinientes en el conflicto bélico. Estos dos finales (guerra y diplomacia) son los que en definitiva marcarían el final de la prioridad periodística para el asunto porque señalarían el fin de la producción de materia prima fáctica fácil (hechos llamativos) para la construcción de noticias comercialmente vendibles y político-ideológicamente útiles; en este caso útiles para demarcar moralidades fáciles del tipo de los melodramas del bien contra el mal que se consumen desde tiempos inmemoriales debido a las demandas populares por diversión, adrenalina y apasionamiento para con los protagonistas de las sagas. Y, para la mayoría de la prensa y las audiencias, lamentablemente, efectivamente es una saga melodramática e infantil del bien contra el mal, señalada por las estúpidas banderitas de Ucrania que inundan el mundo con bajísima y mala información suficiente como para decidir qué banderitas agitar, o no agitar ninguna.

En tercer lugar, aunque uno pueda aceptar en parte esos finales para demarcar la atención al mundo, más en profundidad, ese conflicto y sus ‘finales’ habrán dejado secuelas diversas, un diseño del mundo geopolítico probablemente novedoso, y nuevos procesos importantes aunque no espectaculares para cholulos, aunque sí para especialistas o audiencias que aspiran a mayores profundidades para seguir entendiendo el mundo desde otro nuevo panorama.

Una última salvedad. Es una nueva guerra mundial, aunque con solo una parte de ella militar-bélica, quizás en una nueva modalidad. Y es efectivamente ‘mundial’ porque abarca más o menos directamente a todo el mundo, que debe, además, tomar posición concretamente en diversos foros internacionales, por un bando o por otro, o definir una tercera posición, neutral o no, pero que influirá en el balance total del enfrentamiento. Así como hay una visión de la guerra del siglo XIX, del barón prusiano von Clausewitz, resumida en que la guerra es la continuación de la política por otros medios, hay también una declaración formal del gobierno chino diciendo lo contrario: que hoy hay una guerra total, aunque no necesariamente bélica, sino una competencia en todos los ámbitos, más abarcativa que la bélica, pero guerra al fin. Como se ve, Clausewitz le llamaba ‘guerra’ solo a la parte bélica de un conflicto o competencia, mientras los chinos actuales, al revés, le llaman ‘guerra’ a todo conflicto o competencia estratégicos aunque no sea en el ámbito bélico; un diálogo sobre las armas bioquímicas fue la instancia desde la cual los chinos difundieron su nueva acepción de ‘guerra’.

Recordemos que China nacionalizó e incluyó como ámbito militar (y con director militar de Defensa, especialista en armas bioquímicas) al laboratorio de armas bioquímicas de Wuhan, que trabajaba con fondos norteamericanos en la ganancia de función de virus para su desarrollo más letal, lo que hace entendible el silencio de ambas partes cuando apareció una pandemia que bien pudo haber nacido, o de una fuga accidental de laboratorio, o de una disfrazada experiencia científico-bélica.

La nueva acepción china de ‘guerra’, si bien desmilitariza las guerras, hace más enconados todos los otros enfrentamientos, competencias y conflictos, afluentes todos de un multiforme río de guerra, no solo ni necesariamente bélica, militar, cruenta. Pero estos caracteres son los que tienen privilegiada atención periodística, a partir de esa ya antigua pero aún consensuada noción de guerra. Tendremos que adaptarnos a la nueva noción china, porque así la define uno de los dos principales actores globales; el viejo concepto de Clausewitz no nos permite más entender cómo, por qué y para qué ‘guerrean’ China y otros en el siglo XXI, recordando también que el libro de la guerra chino de Sun-Tzu, que ya tiene más de 25 siglos, dice que la victoria más importante es la que no precisa de ninguna batalla, y que ello distinguen a un hombre prudente de uno ignorante.

Cómo queda el rompecabezas, el tablero de ajedrez global, quién adelanta casillas, y quién las pierde, y en qué carreras.

Lo primero es lo más fácil. Mal que le pese a la telenovela melodramática que los medios de comunicación han armado con el heroísmo ucraniano, su maravillosa resistencia, los errores de cálculo de Putin (¿de dónde los sacan?), las armas occidentales que llegan y otras cortinas de humo, Putin-Rusia masacrarán a Ucrania; a todas sus principales ciudades, incluida Kiev; ocupará las centrales nucleares para que Zelensky no amenace con ellas a Rusia, hasta como parte de la OTAN; cortará las salidas al mar de Ucrania, por Sebastopol y Odessa al Mar Negro, y por Mariupol al Mar de Azov; fortalecerá a las partes pro-rusas de Ucrania que los gobiernos hostigan hace años y las independizarán; impedirán la pertenencia de Ucrania a la UE y a la OTAN y su rearme nuclear, que eran las cosas que más lo preocupaban desde el ángulo de la mantención no amenazada de la independencia de la Federación Rusa, 400 etnias en 84 repúblicas; y se quedarán con la mayoría de las armas que Occidente le dio a Ucrania para que creyera que podía resistir y desgastar un poco más a Rusia.

Ucrania se está creyendo que Occidente está de su lado y no se da cuenta de que está jugando con su patriotismo, que la sacrificaron para el desgaste de Putin en un frente más de su enorme país (que es el macro-plan de EEUU) y para el intento de fortalecer a la OTAN con todos los países que hayan empezado a temer en sufrir invasiones rusas (estupidez promovida por Zelensky y los medios masivos). Vivan al Occidente que les da ayuda humanitaria y armas, pero no se han dado cuenta de que los mandan al matadero con tenedores frente al ejército ruso, que no tienen chance y que a Occidente no le importa nada de Ucrania, aunque todos agiten banderitas azul-amarillas mientras ven la masacre por TV, comiendo picaditos con cerveza.

Este final es muy fácil de prever y se cumplirá muy pronto, sea por capitulación de Zelensky, o vía algún armisticio en el que China será garante de que no lo quieran joder a Putin ni con las cláusulas del mismo ni con la estructura y procesos de control de su cumplimiento.

Pero más difíciles de evaluar son las consecuencias de ese final para: 1. el balance de la nueva guerra fría EEUU-China por la hegemonía global, por ejemplo; 2. lo que puede haber ganado cada uno de los gigantes; 3. en qué quedarán la UE y la OTAN; 4. ¿y nosotros?

Muy rápidamente, y a cuenta de la columna del próximo viernes 25: China, cuya producción e inversiones mundiales crece mucho más que Europa y EEUU, ya ha sacado una tajada suculenta de las tres crisis globales del siglo XXI (2008, financiera; 2020, covid; 2022, Ucrania); ya empezó a consolidar un sistema financiero blindado contra crisis entre tiburones capitalistas, sistema que le va a ir permitiendo ser creciente demanda financiera y monetaria para los que quieran escaparle al menguante y peligroso universo monetario-financiero que mandaba en el globo, y que manda y mandará cada vez menos. La hegemonía financiera capitalista, diagnosticada como nueva etapa en el desarrollo del capitalismo por Rudolf Hilferding en 1929 (junto con su primera crisis) se está debilitando frente a las bitcoins, el yuan digital y el sistema bancario-cambiario-financiero chino; Rusia ha sido cortada, lo que la arrojará en brazos de China, lo que fortalecerá mucho a los chinos, que siguen para arriba como… de buzo.

Estados Unidos no frenó a Rusia, obtendrá casi todo lo que quería en Ucrania y las sanciones no la afectarán tanto gracias a que el paraguas chino absorberá mucha de esa lluvia, que también habría calculado antes de decidir entrar en Ucrania. Aunque es aún muy temprano para saber en qué medida los muertos y heridos rusos serán un bumerán político en Rusia y la medida en que las sanciones rebajarán el confort cotidiano ruso al punto de culpar a Putin por eso.

La OTAN se verá engrosada por los países limítrofes con Rusia, así como la UE, con lo cual EEUU ganará algunos pequeños aliados más. Pero no las tiene todas consigo con los antiguos aliados. Los nacionalismos francés y alemán han reverdecido y tienden a preferir su fortalecimiento bélico con independencia de la OTAN, hasta porque no siempre concuerdan con las decisiones estadounidenses y no quieren quedar tan atados a su carro. Muchas naciones del mundo no sancionaron a Rusia como habría deseado EEUU; ni los latinoamericanos, ni Turquía, ni India, ni Pakistán ni ¡Israel!; en bloque y explícitamente tampoco Argentina, Brasil, México, Cuba, Nicaragua, Venezuela. Aunque no hayan aprobado la guerra rusa tampoco aprobaron las sanciones de EEUU-Reino Unido (perritos falderos siempre).

En la próxima probablemente ya estaremos en la posguerra y se empezarán a ver más las patas de la sota. Hasta entonces. Y no crea nada de lo que le dicen mostrar ni los sermones agridulces de CNN, BBC, Fox y los canales en español, que maman todos de la misma fuente y patean fanáticamente para el mismo lado. Todos han construido una telenovela absurdamente sesgada de ladrón y poli, de cowboys e indios, del bien y el mal, para lactantes. Y la gente se ha tragado las pastillas; no salga con la banderita de Ucrania, ni de nadie, hasta que no haya leído la historia de Rusia, Ucrania y Eurasia.

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