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Elecciones en Chile: La grieta progresista

Contra todo pronóstico, el Frente Amplio chileno tiene la llave del Palacio de la Moneda, la cual se disputan Sebastián Piñera y Alejandro Guillier. Sin embargo, el heterogéneo conglomerado de formaciones de perfil universitario-intelectual-ecolibertario que lo conforma se resiste a apoyar al oficialismo.

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  El pasado domingo Chile celebró sus séptimos comicios presidenciales tras el fin de la dictadura de Augusto Pinochet, en los que la abstención resultó ser ganadora por la aplastante mayoría de 53,3 por ciento. Alrededor de 7.650.000 personas se quedaron en sus casas durante la jornada electoral. Esta tendencia viene siendo norma desde el fin del voto obligatorio en 2012. La principal sorpresa de este proceso ha sido el resultado obtenido por la coalición progresista Frente Amplio (FA), la cual pasó de tener un virtual apoyo residual en las encuestas a dinamitar la hegemonía de la histórica Concertación (hoy reciclada en Nueva Mayoría) sobre la centroizquierda chilena. Sin embargo, los de la Bea (Beatriz Sánchez) son a la vez la llave que puede habilitar el continuismo del liberal-progresismo en el gobierno chileno, habiendo sumado 20,27 por ciento de apoyos. Este ratio, sumado a 22,7 por ciento obtenido por Alejandro Guillier (Nueva Mayoría), 5,88 por ciento del Partido Demócrata Cristiano de Carolina Goic y a 5,71 por ciento de Marco Enríquez-Ominami (Partido Progresista) alcanza 54,56 por ciento del electorado. Esto permite determinar que, a priori, el fragmentado espectro centroizquierdista chileno tiene mayor capacidad de movilización que la derecha neoliberal de cara a la a la segunda vuelta electoral, programada para el 17 de diciembre. Tanto Ominami como Goic dieron su apoyo de forma inmediata e incondicional al oficialismo. Ominami publicó en su perfil de la red social Twitter, durante la misma noche electoral, que “la centroizquierda ya tiene un ganador, felicitaciones a Guillier. Transparento que votaré por él en segunda vuelta, y me pongo a su disposición. Soy un soldado, un soldado que no le tiene miedo a Piñera”, a quien en campaña electoral llegó a calificar como “mentiroso crónico”. Sin embargo, por parte de Democracia Cristiana (DC)se presenta cierto debate, ya que el liderazgo de Carolina Goic se ha visto discutido hasta el punto de terminar renunciando a la presidencia del partido el pasado lunes. Hubo varios parlamentarios del partido que fueron desleales con mi candidatura. Hubo parlamentarios que nunca apoyaron mi candidatura y eso es evidente. Y apoyar es mucho más que ponerse para la foto”, dijo la candidata en entrevista con el medio El Mercurio. “En la DC hace rato que se perdió la disciplina partidaria”, añadió. Sin embargo, todo indica que el eje del debate en torno al liderazgo del partido no afectará a la unidad de sus bases contra el enemigo común ya conocido, Sebastián Piñera, ya que el segmento de la burguesía chilena que sustenta esta formación ya ha demostrado que puede conciliar sus intereses con la Nueva Mayoría. Por otro lado, si bien Piñera se alzó con la victoria el pasado domingo (36,64 por ciento), aparentemente presenta dificultades para sumar apoyos que puedan alzarle de forma definitiva como presidente del gobierno. El único candidato que le ha concedido su sustento incondicional es el pinochetista José Antonio Kast (7,93 por ciento), con quien apenas sumaría 44,57 por ciento de apoyos. Así, según las palabras de Kast, la ultraderecha chilena se muestra confiada “en la esperanza de que [Sebastián Piñera] hará realidad nuestros anhelos más fundamentales y firmes en la voluntad de dar forma de inmediato al movimiento ciudadano de inspiración cristiana que ha surgido de la campaña testimonial que hemos hecho”. Sin embargo, la Multigremial Nacional de Personal en Retiro de las Fuerzas Armadas, Carabineros, PDI y Montepiadas emitieron una valoración pública de los resultados electorales en la que muestran satisfacción por el resultado obtenido por Kast, pero no garantizan su apoyo al especulador financiero Sebastián Piñera. “Nuestro amor por Chile no significa entregar nuestro voto sin condiciones”, recalcaron. “En el pasado nos jugamos enteros en defensa de la patria y a nuestra gente se le pagó con cárcel”, señalaron en su comunicado. Así, Piñera no puede jugar todas sus cartas mirando únicamente hacia la derecha, sino que deberá atraer de cara al balotaje a sectores demócrata cristianos para sumar ese 14 por ciento de apoyos que precisa para volver a la presidencia.   Izquierda (pos)moderna Con este marco de fondo, el joven Frente Amplio se configura como una suerte de formación bisagra que puede mantener al oficialismo liberal progresista en el gobierno o permitir con su abstención que la derecha neoliberal se adueñe de nuevo del Palacio de la Moneda. Los diversos movimientos que componen la nueva formación no manifestarán su postura de cara al balotaje hasta el 29 de noviembre. “La convocatoria [para definir la posición en torno a la segunda vuelta] aquí es una conversación de cara a la ciudadanía. Como lo anuncié desde un principio, eso no se va a hacer entre cuatro paredes”,  declaró la candidata frentista, Beatriz Sánchez, el pasado domingo. El Partido Ecologista Verde ya adelantó el pasado miércoles que no hará campaña por ningún candidato en la segunda vuelta. “Los chilenos que votaron por nosotros -sacamos 125.000 votos a diputados- son lo suficientemente inteligentes para decidir si votar o no y por quién lo harán, pero nosotros no vamos a hacer campaña por coaliciones con las que hemos tenido una larga lista de conflictos”, señaló su presidente nacional y diputado electo por el distrito 20 (Concepción), Félix González, en entrevista con El Desconcierto. “El Frente Amplio no tiene que ser una especie de regimiento en el que unos someten a otros, sino que tiene que haber unidad en la diversidad”, añadió, demostrando que el conglomerado progresista rehuye toda disciplina partidaria tradicional. Esta aversión a la izquierda histórica ya se hizo evidente en un “error” cometido durante la campaña electoral por Beatriz Sánchez, cuando calificó al expresidente Salvador Allende como totalitario en entrevista con la revista Paula. Preguntada acerca del modelo socialista impulsado por el mandatario, Sánchez declaró queno es lo mismo porque estamos en otro contexto. Yo prefiero un Estado que no sea totalitario porque no creo en un Estado totalitario, pero sí en uno robusto, que pueda emprender y mover la economía si no la mueve el privado”. Tras la lluvia de críticas que tuvo lugar tras su declaración, la candidata presidencial se retractó señalando que cometió un error. “En Paula intenté responder adelantándome a la eterna caricatura al FA y me equivoqué […] Comparto el sueño de Allende de justicia con democracia y libertad, lejos de totalitarismo con que hoy y ayer caricaturizan a transformadores”, declaró a través de su perfil en Twitter. Sin embargo, al igual que sucede cuando un líder derechista tiene un “lapsus” en el que manifiesta su racismo o su clasismo, el “lapsus” de Sánchez deja entrever cierta parte de la esencia de su paradigma político posmoderno, alejado de cualquier indicio de transformación del sistema productivo. En este sentido, el FA es una formación de tintes socialdemócratas en sus propuestas, cuyo sustento proviene en buena parte de un sector social concreto, asociado a un perfil joven, intelectual y universitario. Efectivamente, el germen del FA proviene de las movilizaciones estudiantiles del año 2011 (las mayores que vio Chile tras la dictadura), en las que estudiantes universitarios y liceales mantuvieron intensas protestas contra el sistema educativo implementado durante la etapa pinochetista. Hoy, algunos protagonistas de aquellas marchas lideran partidos que conforman el FA, como Gabriel Boric (Movimiento Autonomista) y Giorgio Jackson (Revolución Democrática). El FA está compuesto por un total de 11 fuerzas políticas izquierdistas y liberales y tres movimientos sociales que obedecen a distintas orientaciones: socialismo ecofeminista, exmilitantes del Partido Progresista y sectores de la izquierda cristiana junto al Socialismo Allendista y Ukamau (indigenista). En este conglomerado conviven desde el Partido Liberal y el Partido Humanista hasta partidos de izquierda posmoderna de perfil universitario como Izquierda Autónoma, el Movimiento Autonomista o Revolución Democrática. Estas formaciones, si bien se adscriben al pensamiento marxista, rehuyen a su vez del concepto de vanguardia leninista, defendiendo posiciones situadas entre el trostkismo y el anarquismo. Con todo ello, el debate de cara al balotaje está planteado en una formación que, si bien ha dado la sorpresa a las encuestadoras sacando una diferencia de 12 puntos porcentuales a los sondeos, apenas logró movilizar a 1.336.622 chilenos.