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Entrevistas

La fila de los inocentes

Los niños en cautiverio político durante la dictadura militar

Un libro testimonial escrito por Gabriel Otero arroja luz sobre los niños que se criaron casi como presos políticos.

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"La fila de los inocentes, una historia de niñez en cautiverio político", es el libro del músico, escritor y actual parlamentario Gabriel Otero sobre su peripecia que reivindica la historia de los niños que de alguna manera , también fueron presos políticos.

El libro editado por Fin de Siglo y que se presenta el miércoles 4 de octubre a las 18 horas en la Feria del Libro, se publica en un momento oportuno.

Organizaciones de ex presos y presas políticas que fueron recluidas por ser menores en hogares del ex Consejo del Niño, vienen impulsando el conocimiento de sus peripecias, en momentos además que el parlamento aprueba la Ley de víctimas de la violencia de organizaciones armadas, que debe incluir a las víctimas del terrorismo de Estado, aplicado contra los No adultos.

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Entrevista a Gabriel Otero.

¿La pregunta de siempre, por qué este libro ahora?

Porque tenía que ser ahora y no podía ser antes. En realidad parece una respuesta media traída por los pelos, pero es así, hace dos años no estaba en condiciones de escribirlo.

El libro lo escribí cinco veces en mi cabeza en los últimos años pero no podía enfrentar el papel, entonces un día surgió una punta para arrancar.

Porque también en mi cabeza que es muy esquemática, siempre tengo esa cuestión de tener todo controlado, yo quería saber dónde empieza y dónde terminaba el libro antes de escribirlo y eso me desvelo por mucho tiempo.

Una de las cosas que me estaba pasando en los últimos cuatro años es que mucha gente se me acercaba y me pedía de repente una mano con un libro para que yo aportara desde mi conocimiento de las cárceles, de la visita de los juegos para los niños, entonces siempre surgía un poco mi historia.

Dos buenas personas, dos buenos periodistas me piden la colaboración para un libro, también con una visión de los niños y del rol de nuestras madres y todo lo demás y me dije: todo esto va a quedar como una anécdota, voy a terminar contando en todas las entrevistas, más o menos lo mismo y le estoy diciendo la verdad, pero le estoy faltando el respeto a la verdad también si cuento las cosas tal cual fueron, en 3000 caracteres.

Y lo arranqué escribir en enero y lo terminé capaz que en marzo.

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Esa es la parte de por qué hacerlo ahora, pero en qué momento vos tenías la idea de que estuviera reflejado en un libro

Antes que este libro estuvo “Maternidad en prisión política” que escribieron las compañeras que coordinó Graciela Jorge y Nidia López, entonces yo estaba convencido que esta situación súper invisibilizada, la de los niños, estaba bueno que estuviera en conocimiento.

Vos sabes bien Ricardo que es muy difícil contar esta situación evadiendo mi situación personal, es decir, haber pasado por los cuarteles, haber tenido a papá y a mamá preso, haber perdido a mi madre mientras mi padre seguía preso , la situación con mis hermanos, la situación familiar general, entonces también era una decisión involucrarme a contar un acontecimiento que pueda aportar a la historia del pasado reciente, pero no quedar como el protagonista y ahí yo tuve un dilema, esa cuestión de a quién le puede importar lo que me pasó a mí personalmente. Si lo importante puede ser que eso pasó y después me di cuenta que sí, que lo tenía que contar en primera persona, que no había otra forma de contarlo.

Con respecto a la pregunta bueno, lo planteo como un “botín” de un conocimiento de situaciones que pasaron, de situaciones dolorosas, que me pasaron a mí, que le pasaron a mi familia, que fui testigo, que le pasaron a otras familias también y yo eso lo tengo que decir, ya no me pertenece más, ya me libero de eso si lo cuento un poco.

Las cosas que se van a enterar acá, mis amigos, gente que hasta conmigo fue a la escuela, mi familia, mis hijas, bueno, léanlo y después no me preguntes más, no profundizo en ningún detalle porque realmente no me interesaba y también está esa cuestión que lo veo mucho más con mi hermana que conmigo, que es el tema del silencio.

Yo no soy un historiador ni esto es un libro de historia ni mucho menos, pero alguien quizás recoja algo, estas cosas pasaron, fueron así y he tratado de no caer en esos lugares de golpes bajos.

Después de la tragedia viene la comedia y a algunas anécdotas les doy un puntillazo final riéndome de la situación y hasta pidiéndole disculpas al lector como diciéndole: “discúlpame, pero de esto hoy me tengo que reír”.

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¿El cierre del libro es un final cerrado?

Ahora que me lo preguntaste no es abierto el final ni cerrado porque la historia deja un montón de cosas, como para que el lector pueda imaginarse que paso después, como pudo haber sido mi adolescencia, cuánto pudo haber afectado nuestras vidas , la de los tres hermanos , así que el final del libro es como un “punto y coma”.

Yo elegí el final que elegí en función también de que para mí hay un gran punto de inflexión en la muerte de mi madre, mi vida no fue la misma y la muerte de mi vieja estuvo rodeada de muchísimas cosas que antes era bastante común y no voy a espoliar a nadie, pero era la de subestimar a los niños ante el caso de la muerte.

Hay una suerte de “auto reparación emocional" pero tiene un valor testimonial.

Sí, sí, creo que sí definitivamente sí. El libro, entre otras cosas, termina siendo un testimonio, pone en conocimiento más profundo de una situación muy invisibilizada, que si bien Álvaro Rico y otra gente, las propias madres, las sobrevivientes, una generación un poco más chica que mi madre hicieron en ese libro “Maternidad en prisión política” del año 2009, (donde también aparezco con mi hermana ahí) esto va un poco más al hueso en los testimonial y cuenta situaciones, además que las viví yo dentro del cuartel y de las cuales tengo memoria por haber sido el más grande, también por haber estado casi hasta los 5 años.

Luego de alguna nota hablado sobre el libro en M24 me llovieron mensajes hasta de gente que no conozco a través de gente que si conozco.

Para ir a una visita ya te tenías que preparar emocionalmente desde un par de días antes, tenías que levantarte temprano, tenías que preparar el paquete, en mi caso caminar 4 km para tomarte la Cita, llegar allá a estar tres horas de plantón, esperar que la persona que vas a ver (tus padres) no estén sancionados, era horrible, era tedioso, sufrías todo eso y la vuelta también era espantosa. Digo, no tiene nada de romántico ir a ver a un preso, nada.

¿Todo ese sufrimiento infligido innecesariamente debería tener una reparación del punto de vista pecuniario para poder afrontar los daños emocionales?

Si no hay duda, no hay duda de eso. Yo creo que el largo brazo de la ley no está siendo tan largo y no están siendo tan justo.

Yo no voy a recurrir también a lo que yo conozco, pero mi hermana estuvo detenida con 16 años mientras mis padres eran torturados exactamente en la pieza de al lado; mi hermana estaba incomunicada con vendas en los ojos diciéndole los milicos que hable, que tus padres ya hablaron, que tenía que decir lo que sabía.

De ella gritar por los padres sabiendo que estaban en el mismo lugar y que estaban siendo torturados, yo creo que es un abuso por parte del Estado, yo creo que sí, que la reparación tiene que ser integral.

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Barco construido por los presos políticos y rebozo tejido por la madre de Gabriel Otero.

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