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Cultura y espectáculos Mandrake Wolf | Marcelo Fernández | FILO

Mandrake y Los Druidas y FILO se presentarán juntos el 9 de mayo

Entrevista a Mandrake Wolf y a Marcelo Fernández: Una noche, un conjuro y la sospecha de lo real

Mandrake y Los Druidas y FILO se presentarán juntos el 9 de mayo en la Sala Zitarrosa y en este entrevista, Mandrake Wolf y Marcelo Fernández nos recuerdan la importancia de la música

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El encuentro entre Mandrake y Los Druidas y FILO no promete espectacularidad en el sentido contemporáneo del término —ese circo de luces, pantallas y distracciones— sino más bien lo contrario: una sospechosa insistencia en lo esencial. Y eso, hoy, resulta casi subversivo porque en tiempos donde todo grita, estos tipos parecen empeñados en hacer que algo diga.

En un presente saturado de estímulos, elegir la desnudez roza lo radical. Nada de “espejitos de colores”. Nada de distracciones que expliquen lo que debería sentirse.

Ante esta fecha especial, me reuní con Alberto "Mandrake" Wolf y Marcelo Fernández

Mandrake Wolf lo dice con una mezcla de ironía y hastío:

“Llegás a un concierto y ¡pum, pum, pim, pam!… ¿Dónde está el artista?”

Por otro lado, Marcelo viene de hacer dos shows a lleno total con Buenos Muchachos en el Teatro de Verano de esa vuelta que no sabíamos si era tal o era continuidad después de un silencio inesperado pero, de todas formas, lo que no se dijo expresamente, se interpretó por la audiencia en dos fechas que fueron la perfecta comunión del deseo de ambas partes.

Sobre esta otra fecha que une a FILO y a Mandrake y Los Druidas nos muestra que el encuentro entre Marcelo Fernández y Mandrake Wolf no es nuevo, pero sí tiene algo distinto esta vez: tocarán juntos el 9 de mayo en la Sala Zitarrosa, después de años de escucharse, cruzarse y, en algún punto, reconocerse

Afiche espectáculo 9 de mayo

La charla —larga, desordenada, muy viva— va de las canciones a la industria, del oficio a lo emocional. Lo que sigue es una transcripción editada, respetando el pulso original de la conversación.

Mandrake Wolf y Marcelo Fernández - Foto de Sabrina Silva

Caras y Caretas:

Hay algo que surgía recién sobre la construcción de las canciones.

Marcelo Fernández:

"Sí, pasa. A mí me pasa como oyente también. Hay temas que quedan más en uno aunque no sean los temas más "famosos".

Mandrake Wolf:

"Claro. Hay letras que vos las podés leer y después les ponés la música que quieras pero también hay canciones donde todo va creciendo, la historia, el clima, y ahí cada uno conecta con una parte distinta".

Caras y Caretas:

Y ahí aparecen cosas incómodas también.

Mandrake Wolf:

"Sí, obvio. Uno escribe desde cosas que no son cómodas. Situaciones que no siempre son agradables, que te llevan a otros momentos. Pero también está eso de poder decir: bueno, estoy acá ahora. Poder trascender eso".

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Marcelo Fernández:

"Y la gente las hace propias. Lo importante es cómo le llega al otro".

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Caras y Caretas:

Marcelo, hablaban que en esta nueva etapa de FILO, luego de su aparición, Alfonsina está escribiendo las letras de la banda.

Marcelo Fernández:

"Sí, es una violera increíble (Mandrake coincide). Y ahora está escribiendo letras y pasa algo muy fuerte ahí porque siento que pone en palabras lo que quiero contar pero que yo lo hago más desde la melodía. Se da de manera natural".

Mandrake Wolf:

"Yo soy medio de los cuentos. De chico me leían los Grimm y me quedó eso. Me encanta contar historias. Tengo una canción que habla de Lovecraft aunque también vengo de la influencia del candombe, de la música urbana de Uruguay. Yo era amigo de Eduardo Mateo, compartí mi amistad con él y veía que era un genio. Cuando yo escribí " Amor Profundo" no buscaba hablar de algo sencillo, ni siquiera agradable, pero se interpretó de esa forma y luego con Jaime (Roos) y el Zurdo (Bessio) le dieron su impronta y la canción explotó ".

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Caras y Caretas:

Y con esas historias de origen musical - aparentemente - disímil, ¿Cómo se da esta unión?

Marcelo Fernández:

"Sí, un día pasamos una de esas noches largas (risas). Terminamos escuchando música hasta las siete de la mañana".

Mandrake Wolf:

"Y ahí fue como “ah, pará”. Porque yo venía de otro lado. Mateo, Jaime, como te decía, y de repente escuché con otra perspectiva y entendí que estábamos hablando de lo mismo pero en melodías distintas".

Lo real (eso que no se puede inflar)

Caras y Caretas:

En un mundo donde todo puede medirse, inflarse o simularse, aparece una frontera clara.

Mandrake Wolf:

“La posta es cuando vas a tocar. La cantidad de tickets que vendés, ahí es la apuesta.”

"El resto —reproducciones, seguidores, números— puede ser ficción pero una persona frente a un escenario no se falsifica".

Caras y Caretas:

Lo interesante —y lo irónico— es que esta “vuelta a lo auténtico” no es nostalgia. Es, en realidad, una reacción. Una especie de defensa frente al exceso.

Marcelo Fernández lo dice sin rodeos:

“Hay como una búsqueda de lo auténtico. Dejar de lado toda la tontería que en los últimos años nos venía bombardeando.”

En algún momento, casi sin darse cuenta, la conversación toca un núcleo más profundo: ¿Qué significa, hoy, hacer música?

No como industria. No como contenido. Como experiencia.

Marcelo Fernández:

“Yo me conmuevo con toda buena canción. Si está buena, está buena.”

La frase parece obvia. Pero en realidad es radical: elimina etiquetas, géneros, estrategias.

Reduce todo a una pregunta simple: ¿te pasa algo o no?

Al final, lo que se puede esperar de Mandrake y Los Druidas y FILO no es un espectáculo en el sentido habitual, sino una forma de estar en el mundo. Una insistencia.

Un modo de decir que todavía es posible reunirse alrededor de algo que no necesita justificarse.

Mandrake y Los Druidas trabajan desde la raíz: canciones que parecen venir de algún lugar anterior a la voluntad, como si fueran encontradas más que escritas. Hay en su música una especie de intemperie, una confianza extraña en que lo mínimo —una palabra, un acorde, una respiración— alcanza. No buscan llenar el espacio: lo abren.

FILO, en cambio, avanza como quien narra mientras camina. Sus canciones no se detienen en la superficie: raspan, exponen, incomodan con delicadeza. Hay en su propuesta una conciencia del lenguaje, del cuerpo, de lo que duele y de lo que insiste en decirse aunque no haya garantías de ser escuchado.

Y sin embargo, en ese cruce, no hay oposición. Hay diálogo.

Ambos proyectos parecen moverse en una misma pregunta: ¿Qué significa hacer música cuando todo alrededor empuja a convertirla en otra cosa?.

La respuesta —si es que existe— no aparece como discurso, sino como práctica: tocar, escribir, volver, compartir.

Porque en ese gesto, casi austero, ocurre algo que el ruido no puede producir: la posibilidad de que una canción no pase —sino que quede.

Y tal vez eso sea lo más cercano a una definición de arte: no lo que brilla, sino lo que permanece cuando la luz se apaga.

Y yo me retiro cantando una mezcla de "Sin voz" y " Cómo brilla el sol".

No tengo que aclarar que la cita es imperdible y aún pueden encontrar entradas disponibles en este link.