Hacía tiempo no se escuchaba en el Parlamento, la expresión «guerra interna», una forma muy particular de intentar legitimar los desmanes y violaciones sistemáticas a los derechos humanos durante la dictadura uruguaya.
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Correspondió al senador y ex comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Guido Manini Rios, el deleznable «honor» de, mediante su uso, intentar una vez más, atacar al poder judicial.
Para el «aprendíz» de senador, todavía es «honorable» defender a aquellos violadores de derechos humanos que vienen siendo juzgados y condenados por la justicia uruguaya.
Ya lo había hecho en aquella ocasión en que al pronunciarse sobre el tribunal de Honor a Gavazzo, diera lugar a su destitución por el entonces Presidente Tabaré Vazquez.
Esta vez, el turno de su «defendido», correspondió al coronel (r) Lawrie Rodríguez, recientemente procesado con prisión por el asesinato en 1974, de Iván Morales.
No es esta la única causa que lo tiene como indagado, el ex militar se encuentra también en el expediente penal sobre la muerte de la militante comunista Silvina Saldaña y de Leonardo de los Santos.
El «defendido» del ex comandante en jefe, no conforme con su «actuación» en tiempos de dictadura, ayudó en el 2006 a la fuga de la Justicia, del militar Gilberto Vázquez, a quien dio cobijo, según reconociera años después.
Sus vínculos con los centros de detención y torturas en aquél Uruguay, que el senador defiende, lo ubican como el responsable en el regimiento de caballería del interrogatorio a la militante Alma Rodríguez,compañera de militancia de Elena Quinteros y testigo de su detención.
Para el senador, la legitimidad de estas acciones, largamente repudiadas por años en el país y en la escena internacional, la declaración de «guerra interna» adoptada por el parlamento de la época, es razón suficiente para aceptar la impunidad que siempre han deseado y proclamado.
Algunos, definitivamente, no pueden con su condición.