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Economía dólar |

La legitimación de las políticas neoliberales

La insoportable volatilidad del dólar

La mayor disparada del dólar en tres quinquenios está motivada por un conjunto de factores que son coyunturales y estructurales. Es imprescindible analizar cómo operan estas variables que, en el corto plazo, beneficiaron las políticas neoliberales instrumentadas desde el gobierno, encontrando en la recesión económica y el “diagnóstico coronavirus” un excelente pretexto para favorecer a su base social y descargar el peso del reajuste sobre las espaldas de los trabajadores.

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Por José López Mercao

La fuerte tendencia alcista del dólar registrada durante la semana siguiente a la toma de mando de Luis Lacalle Pou no tiene antecedentes en los últimos 15 años por la celeridad de su desencadenamiento.

Los diagnósticos que realizan los economistas al respecto son coincidentes en cuanto a que este fenómeno es directa consecuencia de la corrida de los inversionistas hacia los activos más seguros, puntualmente provocada por la inestabilidad de la economía global, a raíz de la expansión del coronavirus, lo que obligó a paralizar muchas actividades, inicialmente en China, pero luego en otros países centrales.

Es probable que este diagnóstico sea correcto, pero también parcial, con lo que se corre el riesgo de dejar de lado el problema en toda su dimensión. Para el mismo aparentemente no existe una solución académica por la sencilla razón de que los estudios están rezagados en cuanto a la progresión de las variables económicas.

Si se recurre a archivos recientes, seguramente se encontrarán referencias del enlentecimiento de la economía china, al menos desde 2017. Los analistas lo atribuyeron a la maduración propia de todo sistema capitalista al llegar a determinado punto de su desarrollo. En consecuencia, China no podía escapar a esa regla, pese a tener una política económica centralizada y autoritaria. Esta explicación tiene visos de realidad, aunque sigue resultando insuficiente para explicar la actual coyuntura a escala mundial.

 

De China al mundo, del mundo a China

En marzo de 2018, en ocasión de la renovación del mandato de Xi Jiping, en su discurso frente a la Asamblea Nacional Popular de China, expresó que el país ya había comenzado a instrumentar un nuevo modelo de desarrollo dirigido hacia adentro, luego de practicar durante más de tres décadas otro dirigido hacia afuera que posibilitó que tuviera las recordadas tasas de crecimiento de dos dígitos y posicionar a China como motor de la economía mundial.

El recurso por excelencia para lograr este despegue fue vender a bajo precio bienes industriales de consumo, principalmente a Estados Unidos y Europa, pese a que a menudo esos bienes eran procesados en plantas cuyo capital era de esos orígenes, aprovechando una mano de obra devaluada con altos niveles de productividad. Paradójicamente, ese mismo desarrollo transformó a China, que sin dejar de ser exportadora, pasó a ser gran importadora, lo que impactó sobre las economías periféricas, potenciando el boom de los commodities, con lo que completó su rol de motorizadora de la economía capitalista global.

Casi en simultaneidad con el propósito de cambio de modelo, enunciado por Xi Jiping durante su asunción -y tal vez no como un acto independiente-, se desató la guerra económica de Donald Trump, mediante la que procuraba revertir o al menos amortiguar los resultados de la fuga que sufrió Estados Unidos, impulsada por la retirada de sus capitales transnacionales (fundamentalmente aquellos vinculados a la industria). Como complemento, esto le permitió a Trump lograr un modesto -aunque poco visto desde 2008- índice de crecimiento, que tal vez le asegure su reelección. Aquí estaría otra de las explicaciones adicionales de lo que está pasando con el dólar.

Sobre estos procesos propios de la economía, emergió el coronavirus, con un efecto potenciador de aquellas condiciones tendientes a ralentizar las economías, imprimiéndoles un carácter mucho más permanente y hasta estructural.

Para que se entienda mejor: con el “diagnóstico coronavirus”, los economistas pronostican un rebote (compensación aguda del enlentecimiento) de la economía china y, en consecuencia, de toda la economía capitalista para el segundo semestre de 2020. Con el agregado de esas condiciones más estructurales que pueden estar operando, no sería sorprendente que en el segundo semestre el rebote -que sin duda ocurrirá- no logrará disimular una tendencia recesiva en la economía global.

 

Maquillaje

Uruguay, como siempre, se ha beneficiado de la desgracia ajena; los chinos inauguraron su “modelo hacia adentro” afectados por la peste porcina, que prácticamente les dejó sin proteínas para la alimentación humana y tuvieron que comprar todas las carnes de esta región y de otras al precio que fuese. El mismo coronavirus pudo ser una consecuencia de la fiebre porcina, en la medida que ciertas poblaciones aumentaron la presión sobre las carnes de caza, continuando un ciclo de desgracias que hasta resulta sospechoso de no aleatoriedad.

Cuando se restableció la normalidad y se lograron ciertos niveles no críticos de abastecimiento, comenzaron a reaccionar y a exigir precios más razonables. Pero es en ese preciso momento – cuando las ganancias extraordinarias de los ganaderos uruguayos comenzaron a frenarse- que la crisis recesiva mundial en ciernes viene a dar la mejor de las excusas al programa del nuevo gobierno (precisamente el de los ganaderos), sin que este deba asumir costos políticos.

La devaluación anunciada en la campaña electoral beneficia a los exportadores de dos maneras: dándoles más pesos por cada dólar y a mediano plazo, deteriorando los salarios, medida que, pese al alto costo político que implica, ahora es instalada desde fuera, exonerando de responsabilidad al gobierno. Algo similar sucede con la caída del precio del petróleo, impulsada por los aliados de EEUU (y más concretamente, por Arabia Saudita), que tal vez pueda darle una cobertura adicional a la suba de la divisa, evitando la suba del gasoil y diluyendo así el conflicto con su base social (“Un Solo Uruguay”). Como frutilla en el postre, el costo del financiamiento externo baja a casi cero.

Seguramente, si el ministro siguiera siendo Danilo Astori y no Azucena Arbeleche, la reacción del gobierno ante la acelerada tendencia alcista de la moneda verde, no habría sido tan tardía. Es decir, hubiera actuado antes del lunes 9 de marzo, día en el que la ministra de Economía intervino en el mercado, vendiendo 18.000.000 de dólares de las reservas del BCU. Pero aún si lo hubiera hecho antes, la suba del dólar no habría sido controlada. A lo sumo, mitigada.

Es decir, que si se tiene en cuenta cómo actuaron las variables que analizamos para explicarnos el porqué de la suba del dólar, concluiríamos que de Luis Lacalle Pou se podrán decir muchas cosas, generalmente negativas para los intereses populares. Pero no se podrá decir que no tiene suerte.

 

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