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La Revista | educación | Pobreza | reforma

Reforma

Transformar la educación para salir de la trampa de la pobreza

Transformar la educación es una política social mucho más abarcativa que cambiar planes de estudio, reasignar recursos y modificar la institucionalidad.

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El debate sobre las transformaciones en la educación de cara a la mejora en los rendimientos, los modelos alternativos de gestión y planes de estudios, y la institucionalidad y gobernanza hoy están en el centro del debate en el proceso de discusión que se viene dando en torno a la reforma educativa. Pero un elemento a no perder es que desde el análisis económico y de políticas públicas la educación y la transformación educativa de cara al futuro y a la realidad del mundo del trabajo es mucho más que la educación en sí misma.

Recientemente se publicó un estudio donde se destaca que transformar la educación necesariamente requiere e implica abordar la trampa de la pobreza. Esto requiere trabajar en mejorar las oportunidades, lo que significa abordar las privaciones, las situaciones de pobreza, exclusión y desigualdad. No hay estas alternativas sin una política económica y social integral y sin invertir en educación y condiciones para el desarrollo social y humano. Recientemente un trabajo publicado por Leonardo Garnier en Project Syndicate destaca que “sobre todo, lograr el objetivo de las Naciones Unidas de garantizar una educación universal de calidad para todos significa erradicar las trampas de pobreza ambientalmente destructivas y económicamente ineficientes”.

La covid-19 puso en evidencia la desigualdad en la educación y la necesidad de invertir en la misma. Durante la pandemia y el corte total de actividades y aislamiento muchas dimensiones de la actividad se vieron paradas: espacios públicos, comercio, servicios públicos, lugares de trabajo, entre muchos que podemos seguir mencionando. Pero una muy significativa fue la interrupción total de la educación. Naciones Unidas destaca que nueve de cada diez niños y jóvenes se vieron afectados y se ha puesto en peligro el acceso y logro educativo. Muchas realidades se vieron sumamente afectadas, al punto tal que ha pasado a ser un problema global que ha llevado a la convocatoria, en este mes de setiembre, de la Cumbre de Educación Transformadora en Nueva York. Pero la cumbre es más que recuperar el terreno perdido. El objetivo es movilizar un movimiento global que pueda llevar la educación al frente de la agenda política y empujar a los legisladores a lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible de la ONU para la educación (ODS 4): “Garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”.

Algunas premisas para destacar. En un mundo de cambios profundos la educación necesita ser revisada y transformada. Esta realidad es más que evidente ya antes de la pandemia, pero la covid la destaca.

Un componente fundamental que necesariamente tiene que acompañar a la transformación educativa es la transformación e inclusión digital. Se destaca que se necesita más acceso e inversión en recursos digitales. Fue bien diferente la realidad de los países con mejor acceso digital que aquellos que no lo tuvieron. En este caso cabe destacar que Uruguay tuvo un gran punto de partida al suspenderse las clases por la pandemia. La tecnología permitió seguir la educación en pandemia, pero ante todo hoy es una herramienta fundamental de inclusión y generación de capacidades.

Pero se necesitaría más que acceso a recursos digitales para reducir las disparidades en las oportunidades de inversión y educación. Se necesitan recursos y tratar las fuentes de la desigualdad. En particular partamos de la base de la realidad del hogar entre padres con más y menos acceso a la educación.

Más y mejor educación requiere de mayor inversión. Viendo datos de monitores mundiales, el Informe de seguimiento de la educación en el mundo, los países ricos invierten una media de 8.500 dólares al año en cada persona en edad escolar. Los países de ingresos medianos altos invierten alrededor de US$ 1.000 por estudiante, los países de ingresos medianos bajos solo US$ 275 y los países más pobres menos de US$ 50.

La educación para ser transformada requiere cerrar brechas y esto se hace haciendo un mejor financiamiento y apostando a la educación pública. Para Garnier, “cerrar estas brechas requiere tratar el financiamiento de la educación pública como una inversión eficiente y socialmente responsable: necesitamos invertir más en educación e invertir de manera más equitativa y eficiente. Un creciente cuerpo de investigación ha demostrado que la educación tiene la tasa de rendimiento más alta, en particular la educación de la primera infancia, que genera un valor de US$ 17 por cada US$ 1 invertido.

El contexto es determinante; un país con altos nieves de pobreza y desigualdad, que a su vez invierte menos en educación pública y orienta menos recursos a la formación y generación de capacidades y conocimientos, muchas menos posibilidades tiene de mejorar los niveles de acceso a empleos de calidad, desarrollar mejor la oferta de empleo y generar capacidades humanas para la innovación y el desarrollo.

Sin profundizar en datos, queremos destacar que la trampa de la pobreza es hoy el mejor argumento económico para apostar a la inversión en educación y a la inclusión en educación. No hay inclusión sin modelos de participación donde los directamente involucrados sean actores claves para aportar al control, empoderamiento y mejoras.

“La educación para ser transformada requiere cerrar brechas y esto se hace haciendo un mejor financiamiento y apostando a la educación pública”. Para Garnier, “cerrar estas brechas requiere tratar el financiamiento de la educación pública como una inversión eficiente y socialmente responsable”.

Textos: Ec. María Noel Sanguinetti

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