Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Treasuries |

efecto financiero

La verdadera prueba del mercado de Treasuries: cuando los grandes acreedores necesitan vender como por ejemplo Japón

Los Treasuries son títulos de deuda emitidos por el gobierno de Estados Unidos para financiar su déficit fiscal.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Durante décadas, los bonos del Tesoro de Estados Unidos (Treasuries) han sido considerados el activo financiero más seguro y líquido del mundo. Sobre ellos se construye buena parte de la arquitectura del sistema financiero internacional ya que los mismos sirven como reserva de valor para los bancos centrales, referencia para las tasas de interés globales y activo refugio en momentos de incertidumbre. Pero en el mundo actual nada es intocable y esto no ha sido la excepción los recientes acontecimientos vinculados a Japón y las advertencias sobre la necesidad de ampliar la facilidad FIMA de la Reserva Federal vuelven a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué tan líquido es realmente el mercado de Treasuries cuando uno de sus mayores acreedores necesita vender?.

Los Treasuries son títulos de deuda emitidos por el gobierno de Estados Unidos para financiar su déficit fiscal. Cada vez que el Tesoro necesita recursos coloca bonos que son adquiridos por inversores privados, bancos, fondos de inversión y bancos centrales de todo el mundo. Su enorme profundidad ha hecho que históricamente sean considerados prácticamente equivalentes al dinero. Cada día se negocian cientos de miles de millones de dólares en este mercado, razón por la cual se lo considera el mercado de renta fija más líquido del planeta. Pero esa liquidez tiene una condición implícita: funciona mientras las operaciones de compra y venta permanecen dentro de parámetros normales.

Japón, gran acreedor

Japón constituye uno de los principales acreedores de Estados Unidos, con tenencias que superan el billón de dólares en bonos del Tesoro. En circunstancias normales, esas reservas representan un activo estratégico para el Banco de Japón. Pero cuando una economía enfrenta fuertes presiones sobre su moneda como ha ocurrido recientemente con el yen esos activos pueden transformarse en la principal fuente de liquidez disponible. El problema aparece cuando un gran tenedor necesita vender simultáneamente una parte significativa de esos bonos. Una venta masiva no solo implica obtener dólares. También aumenta la oferta de Treasuries en el mercado, presionando sus precios a la baja y elevando automáticamente sus rendimientos. Y cuando suben las tasas de los bonos del Tesoro estadounidense, las consecuencias trascienden ampliamente al propio mercado de deuda.

No es un mercado cualquiera es el que fija el precio del dinero. Los rendimientos de los Treasuries funcionan como referencia para prácticamente todos los mercados financieros internacionales. Una suba significativa en esos rendimientos encarece el financiamiento del propio gobierno estadounidense, las hipotecas, los créditos empresariales, el costo de emisión de deuda corporativa, y el financiamiento de economías emergentes. Al mismo tiempo, suele generar correcciones en los mercados accionarios y un aumento de la volatilidad financiera global. Por esa razón, evitar movimientos bruscos en este mercado constituye una prioridad para la Reserva Federal.

La facilidad FIMA: vender o tomar prestado. En este contexto cobra relevancia un instrumento poco conocido fuera de los círculos especializados: la Foreign and International Monetary Authorities Repo Facility (FIMA). Creada por la Reserva Federal, esta facilidad permite que bancos centrales extranjeros obtengan dólares utilizando sus Treasuries como garantía, sin necesidad de venderlos. El mecanismo es relativamente simple. En lugar de desprenderse de sus bonos para conseguir liquidez, el banco central entrega temporalmente esos títulos a la Reserva Federal y recibe dólares mediante una operación de recompra (repo). Posteriormente devuelve esos dólares y recupera sus bonos. Desde el punto de vista financiero, la diferencia es sustancial. En un caso se venden activos, afectando los precios del mercado. En el otro se obtiene liquidez sin alterar significativamente la oferta de bonos.

¿Una herramienta de estabilidad o un síntoma de fragilidad?. Las recientes versiones sobre la conveniencia de ampliar el uso de la facilidad FIMA reflejan un debate más profundo.Por un lado, estos mecanismos fortalecen la estabilidad financiera internacional y reducen el riesgo de ventas desordenadas de activos estratégicos. Por otro, algunos analistas advierten que su utilización creciente puede transformarse en una señal de que el sistema depende cada vez más del respaldo permanente de la Reserva Federal. No sería la primera vez. Durante la crisis financiera de 2008 y nuevamente en marzo de 2020, la Reserva Federal intervino de manera extraordinaria para asegurar el funcionamiento del mercado de Treasuries cuando la demanda privada resultó insuficiente para absorber las ventas existentes. Aquellos episodios demostraron que incluso el mercado considerado más líquido del mundo puede experimentar tensiones severas en situaciones extremas.

Liquidez y relevancia

La verdadera prueba de la liquidez se da en la discusión actual deja una enseñanza relevante para los mercados. La liquidez no se mide únicamente por el volumen negociado diariamente. La verdadera prueba aparece cuando un actor de gran tamaño necesita vender rápidamente. Mientras las operaciones son normales, prácticamente cualquier mercado parece líquido. Pero cuando un banco central con cientos de miles de millones de dólares en Treasuries necesita convertir esos activos en efectivo, la profundidad del mercado comienza a ponerse a prueba. En otras palabras, la liquidez deja de ser una característica permanente para transformarse en una función de la confianza.

Mucho más que un problema japonés es claro que lo que está en juego trasciende ampliamente la evolución del yen. La cuestión de fondo es si el sistema financiero internacional puede seguir sosteniéndose sobre un activo cuya estabilidad depende, en última instancia, de la capacidad de intervención de la Reserva Federal. Cada vez que un gran acreedor enfrenta dificultades para administrar sus reservas internacionales reaparece la misma pregunta: ¿el mercado absorbería por sí solo una venta masiva de Treasuries o necesitaría nuevamente la asistencia del banco central estadounidense? La respuesta probablemente explique por qué herramientas como la facilidad FIMA adquieren cada vez mayor protagonismo. Más que una simple línea de liquidez, representan un mecanismo destinado a preservar la estabilidad del principal mercado financiero del mundo y, con él, buena parte del funcionamiento del sistema monetario internacional. La discusión, por tanto, no es únicamente sobre Japón o sobre el yen. Es una discusión sobre la resiliencia del mercado que constituye el corazón financiero del sistema global y sobre el papel que seguirá desempeñando la Reserva Federal como garante de esa estabilidad.

Temas