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Hambre de datos

Almacenamiento de datos: la innovación de los "cristales de memoria"

La demanda creciente de infraestructura capaz de guardar, procesar y proteger cantidades gigantescas de datos se ha convertido en un problema.

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En la era de Internet, la inteligencia artificial y los hogares inteligentes, el mundo produce más datos que nunca. Cada búsqueda en la web, cada video que se sube a una red social, cada sensor conectado a la red o cada sistema automatizado genera datos que deben almacenarse en algún lugar.

Esta enorme producción de información está dando lugar a lo que especialistas describen como una verdadera “hambre” de datos: una demanda creciente de infraestructura capaz de guardar, procesar y proteger cantidades gigantescas de información digital.

Infraestructura colosal

Detrás de ese universo virtual existe una infraestructura física colosal. Los datos se almacenan principalmente en centros de datos, enormes instalaciones llenas de servidores que funcionan de manera permanente y requieren grandes cantidades de electricidad para operar y para mantener los sistemas de refrigeración. También consumen agua y materiales para su construcción y mantenimiento. Según la firma de análisis tecnológico International Data Corporation (IDC), para 2028 la humanidad podría generar 394 zettabytes de información al año. Un zettabyte equivale a un billón de gigabytes, lo que ilustra la escala gigantesca del fenómeno.

Los “cristales de memoria”

Una de las soluciones más innovadoras que se investigan actualmente son los llamados “cristales de memoria”, una tecnología de almacenamiento basada en vidrio o cuarzo extremadamente resistente. En lugar de guardar datos en discos duros magnéticos o en servidores convencionales, los investigadores utilizan láseres de alta precisión para grabar información dentro del propio cristal, creando estructuras microscópicas que pueden ser leídas posteriormente mediante sistemas ópticos.

Este método, conocido también como almacenamiento óptico 5D, permite registrar información en cinco dimensiones: tamaño, orientación y posición de los puntos grabados en el material. El resultado es una densidad de almacenamiento enorme en un objeto pequeño y extremadamente durable. Algunos experimentos han demostrado que estos cristales podrían conservar datos durante miles o incluso millones de años sin degradarse, incluso bajo temperaturas muy altas o condiciones extremas.

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