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Política

Cerrando el cerco

Luisito, our best friend from the south

El País, el periódico caganchero de pluma herrerista, en su edición del martes 16 de julio de este año, comparte las apreciaciones del documento titulado: “Informe sobre clima de inversiones de 2019”, del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Como no podía ser de otra manera, el destaque es referido a qué dice Estados Unidos sobre el poder de los sindicatos y las relaciones laborales en Uruguay.

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El informe sobre inversiones seguramente llega un poco tarde para quienes esperaban, necesitaban, auspiciaban comentarios de tan importante organismo internacional, avalado por las ciento veinte empresas de capitales estadounidenses invirtiendo en Uruguay.

La Confederación de Cámaras Empresariales del Uruguay, en particular el presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Uruguay, Julio Lestido, podría haber sumado este informe, al menos para los medios de comunicación, junto a aquella resolución de la OIT que les dio a los empresarios un segundo de felicidad.

Para el empresariado criollo, no siempre imbuido de devoción patriótica, lo que en el mundo del trabajo exprese públicamente el gigante del norte es casi verdad revelada, sacrosanta palabra en labios de quienes han sido ejemplo de un pujante empresariado capitalista.

Se agrega además que el actual presidente de los Estados Unidos es un hombre del exitoso riñón empresarial, a pesar de que la lista de los multimillonarios de Forbes 2018 se hizo pública y llegó con malas noticias para Donald Trump. El mandatario ha bajado más de 200 puestos desde el año pasado y se ubica en el número 766 en la lista, donde está empatado con más de otras 20 personas. La revista estima su patrimonio neto en 3.100 millones de dólares, frente a los 3.500 millones del año pasado, situación que desearían, junto a Lestido, nuestros riquitos dedicados a las inversiones.

 

Un yanqui en la línea

Dice el informe en su aspecto medular que en Uruguay «los representantes del sector privado señalan que la estrecha relación de los sindicatos con el gobierno significa que los Consejos de Salarios tripartitos frecuentemente incrementan los salarios sin tomar suficientemente en cuenta la capacidad de las empresas para absorberlos». Los autores del análisis señalan que «muchos inversionistas estadounidenses y regionales han mostrado preocupación porque los sindicatos uruguayos pueden ocupar lugares de trabajo y de esa manera parar la operativa con pocas repercusiones. Los sindicatos se hacen sentir y los conflictos laborales pueden escalar rápidamente con huelgas que afectan la productividad», agrega el informe, señalando más adelante: “En charlas con la embajada, propietarios de empresas y gerentes frecuentemente describen las leyes laborales locales como rígidas y muy pesadas. Los sindicatos son nominalmente independientes del gobierno, pero en la práctica tienen una estrecha relación con la gobernante coalición Frente Amplio y posiciones clave en el Ministerio de Trabajo», advierte  y, para colmo, “los jueces tienden a favorecer a los trabajadores en los juicios laborales asumiendo que son la parte débil”.

 

Paraíso laboral

Los escasos esfuerzos durante el gobierno de Obama de mejorar la situación de los trabajadores estadounidenses han sido arrasados por la actual administración que profundizó incluso las políticas represivas contra el movimiento sindical.

El derecho de los trabajadores a organizar sindicatos está bajo ataque en los tribunales, en el Congreso y en las legislaturas estatales. La antisindical Fundación Nacional para la Defensa Legal del Derecho al Trabajo pidió al Tribunal Supremo dictaminar en el caso Janus vs Afscme, lo que podría acabar con la capacidad de los sindicatos de recolectar ‘gastos de representación’ a veces llamados ‘honorarios de cuota’. Los conservadores argumentan que los sindicatos obligan a los trabajadores a apoyar financieramente causas políticas con las que no están de acuerdo, por lo que violan sus derechos a la libertad de expresión. En la actualidad, los trabajadores pueden negarse a afiliarse a un sindicato en su lugar de trabajo en el sector público, pero deben pagar una cuota de representación al sindicato. Son las cuotas de los afiliados y los gastos de representación de los no afiliados los que proporcionan a los sindicatos los recursos para comprar o alquilar un local para el sindicato, para contratar personal y para llevar a cabo sus actividades. Si el Tribunal Supremo confirma el dictamen del caso Janus, muchos sindicatos de empleados públicos no solo perderán los honorarios de los no afiliados, sino también, posiblemente, tendrán una desafiliación de sus miembros. Los derechos sindicales tanto en el sector público como el privado también están siendo atacados en el Congreso. Los conservadores en el Congreso han presentado un proyecto nacional de ley sobre el “derecho al trabajo” que “prohíbe, a escala nacional, cualquier convenio colectivo que establezca el pago de cuotas sindicales obligatorias”.

No sólo el número de trabajadores organizados es el menor de los últimos cien años, sino que los sindicatos también convocan muchas menos huelgas. En 2016, hubo sólo 15 grandes paros en los que participaron un total de 99.000 trabajadores. Durante las últimas cuatro décadas los grandes paros se redujeron en aproximadamente un 90 por ciento. El período 2007-2016 fue la década con el menor número de huelgas, con un promedio de aproximadamente 14 grandes paros por año. El año con menos huelgas, cinco, fue 2009. Mientras que algunas huelgas importantes han inspirado al movimiento obrero y proporcionado modelos de organización, estrategia y lucha, como la huelga de los maestros de Chicago de 2012 y la huelga de los trabajadores de las comunicaciones de 2016, no ha habido una importante ola de huelgas en los Estados Unidos desde 1970-1971.

En la última década, los sindicatos de Estados Unidos han adoptado algunas nuevas estrategias de organización para los grupos de trabajadores con salarios bajos. La más destacada de estas campañas ha sido la “lucha por los $ 15”, respaldada por sindicatos como la Unión Internacional de Empleados de Servicio y los Trabajadores Comerciales y de Alimentos Unidos. Las manifestaciones de protesta, acciones simbólicas locales y las huelgas ocasionales a pequeña escala, combinadas con el cabildeo y las propuestas legislativas, han ganado para los trabajadores unos 62.000 millones de dólares en aumentos en la última década, de acuerdo con un informe del National Employment Law Project. La campaña no ha sido capaz de organizar a cientos de miles de trabajadores de bajos ingresos en los sectores de comida rápida, hostelería y el comercio minorista.

 

Luisito, el gran amigo

El resultado electoral interno del treinta de junio es auspicioso para la rosca oligárquica foránea y criolla; la alusión al relacionamiento entre los sindicatos y el Frente Amplio no es casual y uno puede llegar a entender que asombre -en las retrógradas mentes del conservadurismo yanqui- que sea un trabajador el que esté al frente de un ministerio y no un excombatiente en Irak.

«El primer día de gobierno vamos a derogar el decreto que habilita las ocupaciones», espetó Lacalle Pou en la presentación de su programa de gobierno, agregando que volverá a permitir la intervención policial en ocupaciones después de terminadas las instancias de negociación del Ministerio del Trabajo, algo que fue prohibido en 2008 por el gobierno de Tabaré Vázquez.

Sostuvo que la ocupación ”es una medida que vulnera derechos constitucionales: la libertad de trabajo, la libertad de expresión y la igualdad ante la ley”. También disparó contra los Consejos de Salarios y, aunque  pretende «mantenerlos», señaló que «lo que no puede estar es la cancha cruzada».

Todo el arco opositor, incluidos los aventureros empresarios Novick y Sartori, han intentado con distinta suerte hacerse portavoces de los intereses patronales.

Es sin embargo Luis, por abolengo y tradición, el nominado a llevar adelante el emprendimiento neoliberal.

Aunque para las clases dominantes norteamericanas cualquier gobierno es mejor al Frente Amplio y se completa el puzzle en la América del Sur de gobiernos amigos, es mejor presidente alguien del cerno patricio ganadero que un ejemplar alumno de los ‘Chicago boys’ como Talvi.

El pitucaje excesivo de Pompita queda diluido como el hielo en los whiskies, que consumen en los festejos la Directiva de  la Asociación Rural y el resto de las Cámaras empresariales.

Mientras, ante el panorama de las nuevas formas de organización del trabajo por la robotización, se insistirá en combatir la organización sindical como una expresión, según ellos, de otro siglo.

El águila del norte divisa con expectativas el vuelo del águila blanca del sur.