La gran oportunidad del nearshoring. México posee una ventaja que pocos países pueden replicar: comparte más de 3.000 kilómetros de frontera con la mayor economía del mundo y forma parte del T-MEC. La reorganización de las cadenas globales de producción, las tensiones entre Estados Unidos y China y la búsqueda de proveedores más cercanos abrieron una oportunidad extraordinaria para México. Es el llamado nearshoring: empresas que trasladan producción o proveedores hacia territorios más próximos al mercado estadounidense. México reúne muchas de las condiciones necesarias: ubicación, experiencia manufacturera, tratados comerciales, cadenas industriales desarrolladas y costos competitivos. Automotriz, autopartes, electrónica, dispositivos médicos, logística y manufacturas avanzadas pueden beneficiarse de ese proceso. Pero existe una diferencia fundamental entre tener una oportunidad y transformarla en desarrollo.
Para capturar plenamente el nearshoring, México necesita energía suficiente y confiable, infraestructura, logística, agua, seguridad, capital humano y reglas que generen confianza para inversiones de largo plazo. Ahí aparecen varias de sus restricciones estructurales. La inversión sigue siendo el gran límite. Uno de los datos que merece mayor atención es la evolución de la inversión. La inversión fija bruta cayó 0,4% mensual en mayo de 2026, según INEGI. Esta debilidad importa porque una economía puede crecer durante un tiempo apoyada en consumo y servicios, pero para elevar su capacidad productiva necesita acumular capital. Carreteras, puertos, ferrocarriles, energía, tecnología, maquinaria, vivienda e infraestructura industrial determinan cuánto podrá producir una economía en el futuro. México enfrenta además restricciones fiscales importantes y las necesidades financieras de Pemex continúan condicionando las cuentas públicas. Por eso, uno de los riesgos es que la extraordinaria oportunidad generada por la reorganización productiva mundial encuentre cuellos de botella internos que impidan aprovecharla plenamente.
Estados Unidos: la gran fortaleza y también el gran riesgo. La relación con Estados Unidos explica buena parte del éxito exportador mexicano. Pero esa fortaleza también genera dependencia. México está profundamente integrado a las cadenas productivas estadounidenses. Una pieza puede cruzar varias veces la frontera antes de terminar incorporada a un vehículo producido en América del Norte. Eso significa que cuando Estados Unidos crece, México se beneficia. Pero también significa que las decisiones adoptadas en Washington pueden tener efectos inmediatos sobre la economía mexicana. Y la política comercial de la administración Trump agrega incertidumbre. Aranceles, reglas de origen y eventuales cambios en las condiciones comerciales pueden modificar decisiones de inversión que requieren horizontes de diez o veinte años. México enfrenta así una situación paradójica: las tensiones entre Estados Unidos y China pueden convertirlo en uno de los grandes ganadores de la reorganización mundial, mientras el proteccionismo estadounidense puede convertirse simultáneamente en uno de sus principales riesgos.
En este panorama hay un dato claramente favorable a nivel macro que es la baja inflación, pero no puede verse aisalda. La inflación anual cayó a 3,12% en julio de 2026, frente a 3,37% en junio. Es uno de los registros más bajos de los últimos años y coloca a la inflación dentro del objetivo de Banxico. Esto representa un cambio importante respecto de los fuertes aumentos de precios posteriores a la pandemia. La política monetaria restrictiva aplicada por el Banco de México tuvo un papel relevante en el proceso de desinflación, junto con la normalización de distintos precios internacionales y cadenas de abastecimiento. Con la inflación más controlada, Banxico dispone de mayor margen para continuar gradualmente el proceso de reducción de tasas. Pero tampoco aquí desaparecieron todos los problemas. La inflación de algunos servicios continúa mostrando mayor resistencia que la de otros componentes. Y los precios agropecuarios y energéticos pueden generar episodios de volatilidad. Por eso, el desafío consiste en continuar reduciendo la inflación sin mantener condiciones monetarias innecesariamente restrictivas para una economía que ya presenta un crecimiento moderado.
El desafío es transformar estabilidad en crecimiento. México muestra una situación macroeconómica más sólida de lo que algunos pronósticos pesimistas anticipaban. El segundo trimestre de 2026 fue mejor de lo esperado, la inflación está dentro del objetivo y el enorme mercado interno continúa sosteniendo la actividad. Pero la estabilidad macroeconómica como se la entiende en macro no alcanza. El verdadero problema mexicano está en otro lugar: cómo aumentar la productividad y la inversión para transformar las oportunidades actuales en crecimiento sostenido. El nearshoring puede generar nuevas inversiones. La integración con Estados Unidos ofrece acceso privilegiado al mayor mercado de consumo del mundo. La escala del mercado interno constituye otra enorme ventaja. México tiene además una base industrial que muchas economías emergentes tardarían décadas en construir.
Sin embargo, para aprovechar esas fortalezas necesita resolver restricciones igualmente importantes: inversión insuficiente, infraestructura, energía, seguridad, productividad, formación de capital humano y espacio fiscal.
México frente a una oportunidad histórica siendo quizás allí esté la principal paradoja. México no enfrenta una crisis macroeconómica tradicional. No tiene actualmente una inflación descontrolada ni está atravesando una recesión profunda. Por el contrario, la inflación está en 3,12% y la economía volvió a mostrar dinamismo en el segundo trimestre. Pero puede existir otro tipo de fracaso económico: acostumbrarse a crecer poco. Una economía que aumenta 1% o 2% anual puede mantener estabilidad y evitar grandes crisis, pero tendrá dificultades para reducir rápidamente las brechas sociales, aumentar la productividad y mejorar sustancialmente los ingresos de su población. México tiene hoy algo que muchos países de América Latina quisieran tener: una oportunidad concreta de reposicionarse en la nueva geografía económica mundial. La disputa entre Estados Unidos y China, la reorganización de las cadenas globales y la búsqueda de producción cercana al mercado norteamericano podrían abrir una etapa histórica para el país. La pregunta es si México logrará transformar esa oportunidad externa en inversión, productividad y desarrollo interno. Porque el principal desafío ya no parece ser evitar la crisis. Es conseguir finalmente crecer a la altura de su enorme potencial.