El escenario internacional agrega un nivel adicional de complejidad. La escalada del conflicto en Medio Oriente está generando un nuevo shock de oferta, con impacto directo en los precios de la energía. El barril de petróleo ya supera los 100 dólares, presionando los costos de producción y transporte a nivel global, y reavivando los riesgos inflacionarios en múltiples economías.
A nivel global, las perspectivas tampoco son alentadoras. La ONU proyecta un crecimiento mundial moderado de 2,7% para 2026, en un contexto de elevada incertidumbre. Las tensiones comerciales, particularmente vinculadas a la aplicación de aranceles, y las disrupciones en las cadenas de suministro vuelven a ubicarse entre los principales factores de riesgo, alcanzando niveles de presión no vistos desde 2023.
En este contexto, los mercados financieros reflejan volatilidad, con movimientos en la cotización del dólar a nivel internacional que también tienen su correlato en el mercado local, incluyendo ajustes en las pizarras del sistema bancario.
Así, Uruguay enfrenta un escenario dual: por un lado, consolida avances significativos en la estabilidad de precios; por otro, se inserta en un entorno global desafiante que condiciona su crecimiento y plantea interrogantes sobre la evolución de la actividad en los próximos meses.