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Minorías cada vez más letales

Por Rafael Bayce.

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Caras y Caretas Diario

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Ocho suicidas fundamentalistas islámicos mataron a casi 300 cristianos e hirieron a más de 500 en Sri Lanka, en dos templos católicos, uno metodista y cinco lugares públicos más. Un supremacista neofascista wasp (blanco, anglosajón, protestante) atacó la sinagoga San Diego en Poway, California, matando a una judía que intentó proteger al rabino encañonado. ¿Qué está pasando, qué puede hacerse y, sobre todo, qué no debería hacerse, cuando esto último es lo que en general las autoridades hacen?

 

Una tendencia sólida y peligrosa

Desde hace al menos 20 años vengo enfatizando, en artículos, audiciones y cursos, la evidencia de que dentro de los peligros que acechan a la humanidad hay uno subvalorado y que sin embargo crece de modo imparable: la probabilidad de que pequeños grupúsculos radicales, minorías relativas y psicóticos o justicieros religiosos aislados se conviertan en amenazas públicas crecientes debido al progresivo acceso a armas cada vez más livianas, precisas y letales y al aumento de lugares de alta densidad poblacional como blanco.

En efecto, el progreso continuo, básicamente por la carrera armamentista, de la precisión, liviandad, precio barato y la ayuda de internet para confeccionarlas caseras lleva a que las armas sean cada vez más accesibles y estén a disposición de grupúsculos esotéricos, minorías de obturado paso a volverse mayorías, y de psicóticos o yihadistas ejecutores de hazañas unipersonales. Ninguno de ellos podía antes siquiera soñar con las matanzas que ahora pueden pensar, planear y ejecutar y que podrán hacer si no se toman las medidas que no se han tomado. Si bien esas armas nuevas, progresivamente accesibles en los mercados formal o negro, son obsoletas desde el ángulo de la vanguardia o última generación bélica formal, son más que suficientes para mejorar la letalidad de un uso informal pero de utilización mortal en el cotidiano civil.

En los últimos años, desde esta columna de Caras y Caretas, hemos cubierto distintas matanzas, especialmente llevadas a cabo en Estados Unidos, en Europa, y más recientemente en Asia, y hasta cerca de nosotros, en Brasil. Hoy nos tocan los ataques en Sri Lanka y en la sinagoga californiana que anunciamos al inicio de la nota.

 

La matanza anticristiana en Sri Lanka

La isla de Sri Lanka (ex Ceylán) era un pacífico conglomerado de pequeños reinados hindúes y budistas hasta que llegaron, desde el siglo XVII, los coloniajes portugués y holandés, sucedidos, a fines del XVIII, por el británico. Esas colonizaciones y sus posteriores independencias -primero la de India (siglo XIX), luego la propia de la India independiente (siglo XX)- provocaron conflictos y explosiones que derivan en los actuales, y concretamente en la matanza que nos ocupa.

En efecto, en el territorio de la gran India histórica, como consecuencia de las invasiones portuguesa, holandesa y británica se forjó un gran país con mayoría global religioso-cultural hindú, pero con importantes minorías, a veces localmente mayorías, de musulmanes, budistas y cristianos (católicos de raíz portuguesa, cristianos holandeses-británicos). Los lugares de mayor hegemonía hindú, siempre mediante gran conflictividad, sobreviven en India, mientras que aquellos con mayoría islámica originaron Pakistán y los mayoritariamente budistas son Sri Lanka y quizás Bután y Tíbet, con terribles conflictos abiertos y sin aparente solución en Cachemira, territorio de frontera islámico-hindú.

La independencia india aceleró el independentismo ceilanés, que constituye en los años 70 del siglo XX un Sri Lanka de hegemonía étnica cigalesa-budista (70%), pero con minorías importantes de la etnia tamil (12%), cristianos (10%) y musulmanes (7%). La hegemonía histórica cigalesa-budista se vuelve cuestionada por el coloniaje británico, como han hecho múltiples invasores en la historia (por ejemplo, en América Latina), que se apoyó en minorías locales que los ayudasen a socavar a los dominantes locales. Los ingleses protegieron y favorecieron a la minoría tamil frente a la mayoría cigalesa-budista. Pero cuando India se independiza, la mayoría cigalesa-budista retoma su dominio y la minoría tamil lo resiste.

En el año 1976 nace el movimiento de los Tigres Tamiles, temible organización guerrillero-terrorista, en guerra con la mayoría cigalesa 1983-2009; un tigre suicida mata al presidente cigalés en 1993 y se protagoniza el primer ciberataque. Finalmente, los tigres y los tamiles minoritarios son derrotados por la mayoría cigalesa budista, que comienza luego a tener conflictos con los islámicos, que recurren, a ejemplo de los paquistaníes, a guerrillas-terroristas, respondidas por grupos armados y turbas populares budistas.

La organización que llevó a cabo el ataque en el mes de abril de 2019, con ocho suicidas, a dos templos católicos, uno cristiano no católico y cinco lugares públicos, con casi 1.000 víctimas entre muertos y heridos, se llama SLTJ, está liderada por el predicador radical Zahran Hashim y ya había sido denunciada ante las autoridades como peligrosa por islámicos moderados. Hubo escaramuzas previas con muertos, tanto budistas como radicales islámicos. Pese a que la mayor parte de las escaramuzas había sido protagonizadas por budistas (no cristianos) y radicales islámicos, la iconoclasia radical islámica abarca ataques a la ritualidad e imágenes cristianas (en especial católicas) y no sólo a estatuas budistas tradicionales monumentales.

Además, quizás potenciado por un espíritu revanchista al ataque antiislámico de un supremacista blanco cristiano en Nueva Zelanda, el SLTJ cambió la mira coyuntural a objetivos cristianos. Esta posible “neo Ley del Talión” es particularmente temible a futuro porque las víctimas cristianas y budistas en los lugares públicos atacados, amén de los templos, fueron al menos cinco veces más que las de Nueva Zelanda. ¿Cómo podrán ser futuras venganzas de respuesta a lo de Sri Lanka? ¿Podrá haber venganzas aumentadas, globalizadas, en el futuro inmediato?

Si así fuera, sería una escalada particularmente letal de esa tan superior operatividad de las minorías en el mundo a la que hace tanto predicamos y pedimos atención. Y que no se haga lo que el presidente srilanqués hizo ayer como respuesta a los ataques: prohibió el uso público de burkas. Esta particular estupidez, típica de gobernantes irracionales que sólo implementan malcriadamente subjetividades que empeoran la problemática en juego, logra que islámicos moderados se radicalicen, mostrando desprecio por el apoyo que antes tuvieron de esos mismos islámicos moderados, que ya les habían avisado del peligroso grupúsculo de Zahran Hashim, con vínculos posibles con el Estado Islámico u otras organizaciones terroristas globalizadas.

 

El ataque a la sinagoga de San Diego

En este caso se trata de un atacante supremacista blanco, con fuertes vínculos virtuales y presenciales, tanto con otros supremacistas como con neonazis antisemitas y con la extrema derecha. Participó del conflicto en Charlottesville en 2017 y era declarado admirador, tanto del francotirador de Nueva Zelanda como del atacante de la sinagoga de Pittsburgh en 2018. Obsérvese que no era específicamente antisemita, aunque siempre sea políticamente correcto convertir a los judíos en víctimas. Su antisemitismo era inespecífico. Para el atacante, y muchos como él, el asunto es “contra todos los que no son como yo, como nosotros, blanco, anglosajón y protestante”; y entre esos alter, otros, odiados, están los judíos. Pero no son más odiados que los negros, o los latinos, o los musulmanes o cualquiera que no sea wasp.

El de la sinagoga de San Diego fue un ataque antijudío y antisemita, claro que sí, pero como subconjunto de un conjunto mayor de enemigos odiables, despreciables y atacables en el límite; y no como conjunto específicamente fijado como objetivo global. Hoy mismo se conoció un mensaje del atacante de la sinagoga, que copiaba el que había enviado el atacante de musulmanes en Nueva Zelanda. Son, ambos, supremacistas blancos que atacan a los que no sean wasp, sean ellos judíos, musulmanes u otras variedades de ‘infieles’ étnicos. Nada especial en contra de judíos o de musulmanes; son objeto de crímenes de odio por no ser wasp.

Hay que entender que el asunto central está en otro lado; de otro modo, difícilmente se pueda enfrentar con éxito a futuros atacantes. Antes que nada deben entenderse sus motivos y sus objetivos. Y como hace tantos años decimos, habrá más; porque no se entiende bien lo que pasa y porque se toman sólo majaderas medidas seudoestrictas que empeoran las cosas. Así, lamentablemente, se gobierna en el mundo en general, y la gente aprueba esta forma tan irresponsable y equivocada de actuar.

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