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Editorial

Ni pragmatismo, ni ortodoxia ni capricho

Por Alberto Grille.

Está bueno que el secretario de la Presidencia, Álvaro Delgado, escuche las valoraciones que se hacen de su gestión, reflexione y haga declaraciones a la prensa sobre ellas.

En estos días declaró en Teledoce que en la gestión de gobierno “no hay ni pragmatismo, ni ortodoxia ni capricho”.

Si no hay pragmatismo, ni ortodoxia ni capricho, ¿que es lo que hay? ¿Acaso hay mala fe, ignorancia, desidia, irresponsabilidad, dogmatismo y soberbia?

A un año y poco de haber asumido Luis Lacalle Pou la presidencia de la República al frente de una coalición coyuntural, resulta evidente que ya decepcionó a sus socios, menospreciados y reducidos a cumplir un simple papel de apoyo, también a muchos de sus votantes y, por qué no, a aquellos que no lo votaron, pero que creyeron que era posible abrir una cuota de esperanza ante un nuevo gobierno que proponía cambios, más prosperidad y más justicia.

Esto, que ya resulta inocultable, es lo que ha provocado las opiniones de Delgado, que tiene así que responder a los cuestionamientos que se le hacen desde muy cerca, que le dicen pragmático, ortodoxo y caprichoso.

Tampoco hay que ignorar que tiene el apoyo de su partido y especialmente del núcleo más duro de jóvenes que lo acompañan y que conserva el de Sanguinetti y aquellos que no quieren ver nunca más al Frente Amplio en el gobierno, de los empresarios del agro, especialmente los agroexportadores, de las cámara empresariales, los grandes medios de comunicación y el capital financiero.

Para completar el menú de opciones que propone Delgado de lo que hay y lo que no hay en el nuevo gobierno y particularmente en el presidente, sería oportuno recordar el principio de Peter, también llamado principio de incompetencia.

Dicho principio es muy apreciado en los estudios de administración de las organizaciones modernas y establece una curiosa regla que se observa cuando una persona se destaca por sus vinculaciones, sus méritos, por sus condiciones o porque realiza bien su trabajo y es promocionada o ascendida o elegida para ocupar puestos de mayor responsabilidad.

El análisis de Lawrence J., profesor de la Universidad del Sur de California, observó que es una regla que cuando un una persona es ascendida a un cargo superior en una organización por sus méritos en sus desempeños en cargos inferiores, habitualmente no pueden formular ni siquiera los objetivos de su trabajo, es incapaz de desempeñarlo con calidad y alcanzan su máximo nivel de incompetencia.

Quizás aquí está el misterio que busca desentrañar Álvaro Delgado y al que no encuentra explicación por comprenderle las generales de la ley y no ser muy proclive a la autocrítica.

Tal vez lo que no hay es competencia. No es que no quieran hacer las cosas bien, es que no saben.

No saben gestionar, no saben dialogar, ni saben escuchar, ni acordar ni saben ver. Todo esto puede tener nombres diversos, fanatismo, soberbia, dogmatismo, ceguera, sordera o ignorancia.

La oposición, más precisamente el Frente Amplio, pero también el movimiento social organizado, ha expresado su voluntad de dialogar, lo que supone intercambiar opiniones, proponer alternativas, colaborar y eventualmente apoyar políticas activas para enfrentar a un enemigo común que es el coronavirus.

Sus aliados le han propuesto medidas económicas para paliar la creciente pobreza de la gente y la crisis de las pequeñas y medianas empresas.

La comunidad científica, la Udelar, el Instituto Pasteur, el propio GACH creado a instancias del Poder Ejecutivo, han manifestado su opinión de que estamos ante una instancia dramática de masiva circulación comunitaria de la covid-19 que solo se controlará con la restricción estricta de la movilidad social acompañada de la vacunación de toda la población habilitada que hoy son todos los mayores de 12 años.

Esto coincide con toda la evidencia científica analizada, estudiada e investigada en todo el mundo y constituye un aporte invalorable que ha demostrado haber sido extremadamente útil para haber mantenido controlada la pandemia en nuestro país durante los primeros 9 meses del año pasado.

En algunas de las principales universidades del mundo se enseña el caso uruguayo como un ejemplo de que sin restricción de la movilidad social subsidiada económicamente acompañada de vacunación masiva, no es posible bajar la circulación del virus cuando ha alcanzado los niveles que ha alcanzado en nuestro país y el volumen de contagios, ingresos en CTI y muertes que tenemos todos los días y que baten récords que ya tienen alcance universal.

Los epidemiólogos, virólogos, matemáticos y bioquímicos del mundo, aquellos que no conocen ni siquiera a Luis Suárez, Pepe Mujica o a Cavani y que nunca supieron de Obdulio Varela, Maracaná y los tupamaros, hoy nos conocen porque somos el país que tiene el mayor número de muertes por covid-19 en el mundo.

Obviamente, adversarios, aliados, científicos, médicos, quieren detener el crecimiento de la pandemia y de las víctimas de ella. Todos ellos están dispuestos a colaborar y hacer un frente común para conseguir ese objetivo.

Pero no es posible ayudar al que no quiere ayuda.

Mientras eso pasa, Luis Lacalle Pou dice que no cree en la reducción de la movilidad y que él sabe que hay países en que la restricción de la movilidad ha dado resultado y en otros no, que todo es opinable y que opinión por opinión, él se queda con la suya.

¿Se puede ser tan burro?

Es verdad que lo que natura non da Salamanca non presta. Lo que no se tiene nadie ni la universidad lo puede dar.

Este concepto que se refiere a la capacidad y la inteligencia, con ser desesperanzador es muy cierto y el ejemplo de lo que tenemos allí arriba lo demuestra con creces.

Lo que sucede no es por el pragmatismo de sus conductas, ni por la ortodoxia de su pensamiento ni por lo caprichoso de sus actitudes. Tal vez de todo eso hay un poco, pero lo que se destaca es que lo que sobra es incompetencia y esa tozudez, es la que estamos pagando con vidas cada vez más jóvenes y muertes que si se hubieran adoptado las acciones que eran necesarias y obvias, se hubieran evitado.

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