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Pepe Mujica: siempre polémico, siempre noticia

Por Rafael Bayce.

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Una vida novelesca que lo ha hecho anzuelo cinematográfico. Una habilidad comunicacional natural y luego tan explotada como pulida. Una virtud más pragmática que semántica –en el sentido de Charles Pierce, John Dewey, George Mead y especialmente Charles Morris–, más anclada en la relación de los signos emitidos con los receptores/intérpretes, en la comunalidad de códigos con el “interpretante”, lo que le da gran eficacia retórica. Una admirable frugalidad cotidiana, pese al inmenso vestuario “sport” que ha lucido. Avatares políticos vitales sinuosos y fascinantes.

En definitiva, José Mujica es el uruguayo más conocido y admirado en el mundo (solo le compite Luis Suárez en este rubro), afamado por su dicho de que “así como te digo eso te digo la otra”, con el que admitía la complejización semántica de un discurso claro y contundente; progresivamente “cascarrabias” y a veces excedido en medio de una actividad comunicacional nacional, regional y mundial que puede hacerle perdonar que, de cuando en cuando, se le vayan sus viejos y fieles Vespa y Fusca.

En Caras y Caretas le hemos dedicado varias columnas a diversos hechos, dichos y características personales. Sin embargo, su protagonismo, deseado o no, se reitera y nuevamente hace necesarios comentarios, como en el caso de un largo y variopinto reportaje reciente del semanario Voces, que no dejó a nadie indiferente.

De entre toda la suculenta oferta de un diálogo que transcribe una entrevista de tres horas, en la que se refiere con sabor, conocimiento y concisión a muchísimos aspectos del presente, pasado y hasta futuro del Uruguay, la región y el mundo, dos frases han difuminado esa riqueza y focalizado excesivamente sus contenidos: la frase en que califica a la doctora en Ciencia Política y senadora Constanza Moreira de políticamente “burra”, y la frase en que califica al feminismo y a los derechos humanos de imbecilidades contraproducentes.

Está claro que tres horas de opiniones jugosas sobre muchas cosas no deberían reducirse a eso para una evaluación global del discurso y del personaje, pero es cierto también que cada uno focaliza en aquello que le importa más. Y también es verdad que esas frases son particularmente duras, originales y significativas de posicionamientos polémicos, ultra polémicamente expresados.

 

¿Constanza es políticamente burra?

Fue el binomio Mujica-Topolansky quien convenció a la académica Constanza Moreira para que le dedicara la mayor parte, y dentro de sus más caros grupos, a la política formal, en desmedro de su anterior prioridad académica; aunque también es verdad que Constanza fue siempre una militante, aunque no como parte formal del Estado y gobiernos hasta ese entonces. La formación y los avatares iniciales del sector Casa Grande fueron un éxito político, que derivó en protagonismo público para Constanza y una banca en el Senado. Luego, el grupo se desfibró y perdió su banca para el 2020, como les sucedió a varios connotados y públicos políticos frenteamplistas a partir de las elecciones nacionales de 2019.

Los choques de Mujica con la academia han sido frecuentes y reveladores de una relación ambigua de Pepe con ella. Por un lado, hay una conciencia clara de la importancia de la educación en un mundo en aceleración tecnológica e innovación productivamente crucial. Pero, por otro lado, hay un resentimiento con la academia por envidia profunda a la formación básica que él no pudo tener y que añora, ya que es ávido lector y meritoria “esponja” de absorción de conocimientos; también es crítico de la ingenuidad frecuente de la personas de formación teórica académica en la cotidianidad política, donde la experiencia y la “calle” cuentan mucho.

Pero ninguno de estos criterios justifica llamarla públicamente de “burra”, ya que no lo es objetivamente, ni aunque algunos avatares y derrotas suyas puedan llevar a cuestionar algunas habilidades políticas que Pepe podría tener en mayor medida que ella, por más edad y “calle”. Dedito para abajo y sospecha de resentimiento envidioso.

 

Sobre DDHH y luchas feministas

Al igual que en el caso anterior, y más allá de los ofensivos y censurables excesos verbales cometidos, en el caso de sus críticas a los Derechos Humanos no hay de dónde agarrarse, dentro de sus manifestaciones, para bucear en las posibles razones de una crítica argumentada hacia ellos.

Sin embargo, pueden hacerse fuertes críticas al carácter intrínsecamente “humano” de tales derechos, en dos órdenes de crítica: uno, la formulación de los derechos humanos original, la que comenta ácidamente Carlos Marx en La cuestión judía de 1843, cuando comenta el trabajo homónimo de Bruno Bauer del mismo año. Allí, entre muchas otras punzantes observaciones, Marx recuerda que los DDHH son una creación eminentemente liberal y burguesa; que los Derechos del Hombre, de la especie, se oponen intrínsecamente a los Derechos del Ciudadano, políticos. En ese sentido, la liberación política, independización y priorización del Estado sobre la religión no llegan a producir la liberación del hombre en cuanto especie, fruto de la emancipación metapolítica, fin de las clases y de su lucha, de la alienación en objetividades enajenadas como la religión (recordar las etapas hegelianas de la Fenomenología del Espíritu). En ese talante dice esto, que merece reflexión por parte de la nueva izquierda autoritaria democrática: “La seguridad es el supremo concepto social de la sociedad burguesa, el concepto de orden público: la razón de existir de toda la sociedad es garantizar a cada uno de sus miembros la conservación de su persona, de sus derechos y de su propiedad… la seguridad es la garantía del egoísmo”. Las bases de la reflexión de Marx son las Declaraciones de Derechos de París de 1791 y 1793, y las constituciones de Pennsylvania y New Hampshire.

La otra crítica sustancial a los DDHH es la de Jurgen Habermas cuando refiere a una maravillosa protesta de gobiernos asiáticos y africanos frente a la Declaración de la ONU de 1945: estos argumentan que los DDHH son liberales y subjetivistas, y que no debe olvidarse que los derechos subjetivos son garantizados por un orden objetivo constituido para ello y que ellos prefieren privilegiar los deberes de los sujetos hacia el colectivo y no los deberes del colectivo hacia los sujetos. Para pensar, ¿no? ¿Son tan de izquierda los DDHH?

Puede no ser un disparate la crítica y superación de los derechos humanos como ancla trascendental humana. Puede ser un refugio político coyuntural de izquierdas que han perdido su radicalidad y la esperanza en ella; como la soberanía popular fue una salida política a la desigualdad y a la arbitrariedad que suponían el derecho divino y el monárquico, pero tan arbitraria como ellos. ¿En qué sentido entonces puede observarse el carácter contraproducente del feminismo, o de la política de género?

De las observaciones al imperialismo de género entre las luchas contra desigualdades heredadas, estructurales y coyunturales, rescatamos algunas de las que pueden haber sido fuentes del áspero comentario de Mujica: uno, que ese imperialismo obtura y secundariza otras luchas que pueden ser tan o más importantes que la de “género”, en la medida en que una sociedad patriarcal puede no ser la causa última de otras desigualdades, injusticias e inequidades sociales; dos, que algunas exhibiciones de liberación sexual pueden excitar la radicalidad de algunos opuestos a ello pero que estarían dispuestos a tolerar y comprender las reivindicaciones de sexualidad libre y legitimable cultural y socialmente, siempre que no se pasen de rosca y exhiban impúdica y soezmente su punto de vista, avasallando y desrrespetando así a otros mientras reclaman respeto hacia ellos (“está bien, pero cualquier cosa menos esto”).

Algo similar puede haber pasado en Sao Paulo con una multitudinaria y exhibicionista manifestación de militantes de género, aborto, libres uniones y transgénero en favor del petista Haddad, que pueden haber llevado a algunos a preferir el discurso punitivo y escandalizado pero materialmente respetuoso de Bolsonaro en esos asuntos frente al discurso anárquico y escandaloso de los partidarios de Haddad –creo que a esta última situación se debe haber referido Mujica–.