Ricardo Pose

/ Ricardo Pose

  • La impertinencia de los trabajadores autogestionados

    Codarvi, Vidplan, Funsa, Onda, Alpargatas, La Aurora, Cristalerías, Cerámicas Olmos, Sudamtex, todo el complejo industrial de la calle Veracierto y los frigoríficos del Cerro; sólo algunas de las empresas que en estos días se omite decir. Los primeros en fracasar en su gestión fueron las lógicas capitalistas de producción y sus patrones, los principales responsables de llevarlas al cierre o a la ruina.
  • Los reductos de la extrema derecha uruguaya

    Las redes los han sacado del clóset; comparten un pensamiento en un corte horizontal de clases que encuentra a gerentes y habitantes de un asentamiento idolatrando por igual a Bolsonaro, reivindicando el carlismo y un nacionalismo ultracatólico. La palabra nacionalismo que rima con patriotismo es lo que más les cabe. Viven agazapados, al acecho, y en la región parece soplar una brisa primaveral para terminar de hibernar.
  • Aquellas firmas

    La invasión de los bolígrafos

    Acechan en las veredas y espacios públicos; convencidos y rentados piden una firma para vivir sin miedo, otra en defensa del agua y la vida, otra más contra la bancarización, o contra los impuestos a las jubilaciones y ya está en ciernes una recolección contra la Ley Trans. Todas estas campañas tienen en común, además del bolígrafo, lo escaso y confuso de la información, elemento que debería ser principal cuando se apuesta a una de las formas de democracia directa.
  • Sin moros en la costa

    La buena señal de Juan Sartori

    “Y en un redepente, como dice el paisano, apareció este botija multimillonario, lanzando su precandidatura desde lejanas tierras; es una excelente señal para las fuerzas progresistas su candidatura. Es la más contundente lectura política realizada fuera de fronteras, que llega a la conclusión que la oposición política sigue sin líder”.
  • Dios, cocoa, peluditos y rumores: los vasos comunicantes de la derecha política

    Tienen el aspecto de una vivienda humilde más, y por lo menos hay más de una de estas iglesias evangélicas en los asentamientos. Además de ayuda espiritual, y a veces material, ofrecen servicio de merendero, aunque también los hay de la comisión del barrio; forman parte de la foto en que posan los pobres atormentados por los problemas y conflictos transmitidos por una clase media que se resigna a dejar de serlo.