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AS DE CARTÓN

Una obra grotesca: cuando la Policía «da la cara»

Operativos policiales en Canelones y Rocha

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De acuerdo a información publicada en el diario El País y en la página web del ministerio del Interior, en el día de ayer se realizó un «operativo de saturación»(así lo denominaron) en Rocha.

Es el segundo que se realiza desde que asumió la dirección del ministerio del Interior el Dr. Jorge Larrañaga, el primero realizado en Canelones contó con una convocatoria previa a la prensa por parte de su actual jefe de Policía el Comisario General (R)Víctor Trezza y se le llamó «megaoperativo».

En esa misma jornada se produjo la visita del actual ministro del Interior al departamento de Maldonado quién manifestó -según consigna el diario El País- que » quisimos venir hoy a San Carlos para respaldar a la Policía, a la Jefatura y al Jefe de Policía de Maldonado, para reafirmar nuestra determinación y disposición absolutamente firme en nuestra lucha contra la delincuencia»

En todos estos casos la frase más pronunciada fue «dar la cara», una expresión que parece constituir hoy una suerte de cartilla a aprender, o la nueva muletilla que, una y otra vez escucharemos en estos temas y en otros.

Parece como si estas expresiones: «dar la cara», «respaldar a la policía», «reafirmar determinación de lucha», «trabajar con información e inteligencia», formaran, de repente, parte de un nuevo decálogo recién descubierto por las nuevas autoridades.

Parece como si al pronunciarlas se hiciera posible y efectivo una suerte de conjuro policial de alto impacto en las formas de expresión de los delitos.

En realidad, el conjuro que convocan estas palabras se emparenta más a la magia que a la razón, ya que pretende actuar sobre los hechos a través de la pronunciación de una secuencia de palabras (que por cierto, son sólo de conocimiento del hechicero), que alejan los peligros, restauran la salud perdida y aseguran a la tribu de las maquinaciones de sus enemigos.

Pero si abandonamos este terreno e incursionamos en los hechos concretos, nos encontraremos con que lo curioso de esto es que muchos de los actuales jefes departamentales de Policía, proceden del período de gobierno anterior, donde también habían ocupado cargos y responsabilidades similares.

De modo que no debe ser desconocido para ellos cómo era desarrollado el trabajo policial fundado, sin duda alguna, en información e inteligencia, por nombrar apenas algunos de estos «nuevos sloganes».

Lo más novedoso de estos operativos, además de los anuncios rimbombantes, es el magro resultado de los mismos.

Veamos qué dicen los datos aportados por ambas jefaturas: en el caso de Canelones se ha informado, según Unicom que » se registraron alrededor de 200 vehículos, se identificó a más de 400 personas, se recuperó un camión que se encontraba requerido y se detuvo a dos personas en Pando que se encontraban requeridas por el delito de rapiña», con el agregado de que durante el operativo «no se produjeron rapiñas»

Para el caso de Rocha no se publicaron datos, solo palabras grandilocuentes.

Vamos por partes, cuando se dice «registrar» de lo que se habla es del clásico control vehicular del tipo chequeo de libreta de conductor y propiedad del auto, y no señalamos con esto que sea una acción menor como accionar policial, pero claramente la ubica en otro registro.

Cuando se habla de control de identidad, «identificación de personas», se trata de cómo se va incorporado esta modalidad de control policial, a partir de la insistencia actual de naturalizar el pedido de identificación, una forma particular de generar un conjunto de discrecionalidades de dudosa legitimidad jurídica.

En ambos casos, que seguramente se replicarán en otros departamentos en los próximos días, lo que está en marcha es una «puesta en escena» de dos representaciones, la primera, repetida hasta el cansancio, que es la referida a la «emergencia securitaria» de la cual el actual ministro del Interior es su principal vocero, exponente y hoy paladín institucional.

La segunda, no menor, es generar un conjunto de adhesiones que, en nombre de lo que «se clama» popularmente, legitime socialmente lo que jurídicamente se reviste de múltiples dudas.

Mientras esto pasa, ya comienzan a circular en redes un conjunto de videos que documentan la discrecionalidad policial que esto desata, una discrecionalidad siempre acompañada de todas las violencias.

Así las cosas la pregunta central es ¿seguirán gastando recursos para tan magros resultados?

¿O esto sólo tendrá la efímera permanencia de un grotesco teatro donde todos «dan la cara»?