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Política Pablo Álvarez |

mirando al futuro

Antel apuesta a un nuevo data center para fortalecer la soberanía digital

La nueva infraestructura demandará unos US$ 70 millones y estará preparada para procesar datos e incorporar tecnología para inteligencia artificial.

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Caras y Caretas Diario

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Antel proyecta la construcción de un nuevo data center, con una inversión cercana a los US$ 70 millones, como parte de la infraestructura que la empresa pública prevé desarrollar durante este período. El vicepresidente del organismo, Pablo Álvarez, explicó en Legítima Defensa de Caras y Caretas que el proyecto seguirá el modelo de negocios del actual data center de Pando, aunque incorporará capacidad para responder al crecimiento de la inteligencia artificial.

La nueva infraestructura permitirá ampliar la capacidad de Antel para alojar servidores de terceros, ofrecer servicios de nube y procesar grandes volúmenes de datos. El centro estará preparado para recibir equipamiento destinado específicamente al procesamiento asociado a inteligencia artificial.

Álvarez señaló que Antel necesita ampliar su infraestructura para atender la demanda actual, pero también para anticiparse a una evolución tecnológica que avanza a gran velocidad. El objetivo, sostuvo, es contemplar no solamente las necesidades comerciales de la empresa, sino también las que puedan surgir en el resto del Estado y en el sistema de investigación nacional.

En ese sentido, destacó que universidades y centros de investigación utilizan cantidades crecientes de datos y requieren capacidad de cómputo para procesar información. Una infraestructura nacional permitiría, además, que datos producidos en Uruguay no tengan necesariamente que ser alojados en servidores ubicados en otros países.

Soberanía digital

Para Álvarez, allí aparece uno de los principales conceptos detrás de la inversión: la soberanía digital. La existencia de infraestructura física pública permitiría reducir la dependencia de proveedores internacionales y mantener abiertas las opciones del país frente a los cambios tecnológicos.

El vicepresidente de Antel planteó que Uruguay no puede aspirar a producir todos los componentes tecnológicos que utiliza, como los microchips, pero sí puede desarrollar capacidades propias que le permitan tomar decisiones con mayor autonomía. En su visión, disponer de infraestructura nacional constituye una forma de reducir dependencias y preservar capacidad de decisión.

La discusión, sostuvo, también debe involucrar al Estado y al Parlamento. Antel no debería definir por sí sola qué información debe permanecer bajo resguardo nacional. Esa definición corresponde a la legislación, que además de contemplar los datos personales debería avanzar sobre otros conjuntos de información, como los vinculados con la movilidad, el transporte y otros servicios, que pueden adquirir un alto valor económico o estratégico.

Costos ambientales

El proyecto también contempla los costos ambientales asociados al funcionamiento de los data centers, particularmente el consumo de agua y energía. Álvarez destacó que el actual centro de Pando utiliza una tecnología cuyo consumo de agua es reducido, equivalente aproximadamente al de diez hogares al mes, y que el nuevo proyecto utilizará el mismo sistema.

La expansión de estas infraestructuras genera actualmente debates en distintos países por su elevado consumo energético. Según Álvarez, la discusión internacional está pasando de promover la instalación de data centers a preguntarse quién asumirá los costos de la energía y de otros recursos necesarios para sostenerlos.

Antel y la soberanía

Para el vicepresidente de Antel, esa discusión tecnológica está directamente relacionada con la geopolítica. La inteligencia artificial, los datos, las telecomunicaciones y la infraestructura necesaria para procesarlos forman parte de una disputa internacional por poder y capacidad de decisión.

En ese escenario, el nuevo data center es presentado como una inversión empresarial de Antel, pero también como una infraestructura pública destinada a ampliar las capacidades tecnológicas del país y reducir su dependencia frente a un sector cuyo crecimiento está modificando la economía y las relaciones de poder a escala global.