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Política oposición | Lacalle Pou | Partido Nacional

Turbulencias

El dolor de ya no ser: dificultades para ser oposición

Los blancos acomodan el cuerpo y asumen su rol de oposición con peleas internas y esperando que vuelva Luis Lacalle Pou.

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Caras y Caretas Diario

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El título elegido para esta nota fue pedido prestado al tango Cuesta Abajo, inmortalizado por Carlos Gardel en el año 1934, con letra de Alfredo Le Pera. Ejemplifica, sin duda, la pesadilla que comenzaron a vivir los blancos viéndose como oposición en la calurosa noche del 24 de noviembre pasado, cuando Yamandú Orsi ganó las elecciones nacionales por cerca de cien mil votos.

Barajar y dar de nuevo en el Partido Nacional

Esa noche no esperaban la derrota. No habían leído con atención las encuestas y la opinión de los principales politólogos, y la sorpresa fue grande. Cuando a las 20 horas apareció en la pantalla de los canales de aire el zócalo “Orsi presidente electo”, el mundo cambió. Un rato antes Juana había visto llegar a los candidatos, a los amigos y a la dirigencia blanca, que no quería perderse el festejo.

Tanto es así que los blancos habían armado un estrado gigante, habían pedido autorización para cortar el ancho Bulevar Artigas, mano a Punta Carretas, hasta llegar a Canelones. Se tenían fe y soñaban con festejar a lo grande.

La alegría duró poco. No hubo festejo. Sobraron canapés y faltaron dirigentes. A duras penas se quedaron hasta después de que el candidato Álvaro Delgado asumió la derrota.

En honor a la verdad, la barra de la prensa los vio irse de a uno, apurados, y perderse por la oscura calle José Enrique Rodó. Lejos de la prensa, los micrófonos y los flashes que buscaban la exclusiva. Fue el Dr. Pedro Bordaberry quien a las 20:59 entró distendido a la sede. Ya a esa altura sabía que otra vez sería senador, y dijo, para despejar toda duda: “La diferencia es indescontable. Vengo a acompañar a Delgado y en un rato llamaré a Yamandú, es el presidente electo”.

El estrado de la calle Bulevar Artigas mutó rápidamente de alegría a dolor. La pantalla gigante con el fondo de la bandera uruguaya decía: La Coalición festeja la democracia. Con la presencia de la mayoría de los dirigentes, todos de mala cara, incluida la entonces vicepresidenta de la República, Beatriz Argimón, habló Álvaro Delgado, acompañado de su familia y Valeria Ripoll. Fue la última vez que la presidenta de ADEOM, devenida en candidata blanca, se subió a un estrado.

Al pie del escenario y a los gritos, la reelecta senadora Graciela Bianchi le enrostró a Álvaro Delgado: “Traidor de mierda”. Se dio media vuelta y se fue. No subió. Juana sabe que terminó en la emergencia del Hospital Británico con una suba de su presión arterial que la tuvo a maltraer varios meses.

Los días fueron pasando, los enojos no mermaron, y Juana escuchó a toda la dirigencia, en voz baja, echarse la culpa unos a otros. Eso sí, nadie quería hacer autocrítica en voz alta. “Es momento de desensillar, darle agua a la caballada y poner proa a los departamentales”, dijo un baqueano dirigente.

Los blancos cumplieron, barrieron debajo de la alfombra, se pelearon en voz baja, le echaron la culpa de todos los males a Álvaro Delgado y armaron los acuerdos necesarios, durante el verano, para juntar los porotos en mayo y, más allá de la derrota, evitar el viento de cola de los frentistas en el interior y conservar la mayor cantidad de departamentos que les fuera posible.

Durante estos meses, no se privaron de nada. Dejaron que Valentina dos Santos, con prohibición del uso del lema, hiciera campaña electoral en Artigas, y que Guillermo Besozzi un día fuera al Juzgado Penal y al otro saliera a juntar votos con tobillera y prisión domiciliaria después de las 12 de la noche.

Mientras tanto, el país enfrentaba una de sus peores estafas. Conexión Ganadera se vino a pique. Todos sus referentes y directores están formalizados, con prisión preventiva y más de un dirigente blanco hizo lo indecible por no quedar pegado con Pablo Carrasco, la cabeza ejecutora del grupo, adherente al Espacio 40 que lidera el senador Javier García.

Las peleas internas de los blancos eran, un día sí y otro también, comidilla en todos los medios de comunicación. Igual conservaron la mayoría de los departamentos del interior profundo y perdieron por primera vez Río Negro y Lavalleja.

Así llegaron a la Convención Nacional en junio, precedida por una fuerte competencia interna, por la presidencia del Honorable Directorio. Ganó Álvaro Delgado, valiéndose del uso del mecanismo de acumulación por sublema, y dio su primer discurso con abucheos y convencionales que se empujaban por salir. Todo prolijamente filmado por cámaras de televisión allí apostadas. El senador Sergio Botana, fiel a su estilo, no se privó de nada. Allí mismo le dijo a Juana: “Es la elección más dolorosa, a nivel partidario, que me ha tocado vivir. Me voy enojado”. Luis Lacalle hizo todo lo que estuvo a su alcance para evitar las peleas internas. No lo logró, y Juana sabe que quedó enojado con Álvaro Delgado y Javier García.

Los ecos y las broncas de la elección de Delgado fueron por más. De a uno, los dirigentes hicieron oír su voz y se valieron de una promesa de campaña electoral del senador Luis Alberto Heber —cuando prometía que, si era candidato y obtenía la presidencia del Directorio, renunciaría al Senado y se dedicaría las 24 horas, los 7 días de la semana a dirigir al partido— para pedirle a Delgado su renuncia al cargo rentado de senador de la República. Cuando las voces subieron de tono y el pedido de renuncia se hizo insoportable, el 27 de julio último, Álvaro Gelgado renunció.

En este clima enrarecido, Álvaro Delgado, en un estilo que originalmente no le es propio, mutó de aquel que se vendía como capaz de tender puentes a lo largo y ancho del país, durante la pasada campaña electoral, al que pide “trancar duro” y no perdonarle una al Frente Amplio. Así llegamos a las interpelaciones tempraneras y por partida doble, a las peleas por la aplicación del artículo 115 de la Constitución, de un lado y del otro, y a los festejos del Bicentenario, con el expresidente Lacalle buscando cámara, abrazándose y sacando selfies, y haciendo un guiño de que está por volver, cuando él lo decida y sin fecha fija; eso sí, no se pierde una y va a cuanta celebración partidaria se le ponga a tiro. Anunció que irá a Masoller para las celebraciones de las fechas de Aparicio Saravia, a caballo y bien a lo blanco…

Mientras que los blancos se siguen peleando, una y otra vez la senadora Bianchi no se priva de nada. Volvió a las andadas y, al cierre de esta nota, habló muy mal de Álvaro Delgado en un programa radial, y le pegó algún palito a Valeria Ripoll, hoy devenida en panelista de Esta boca es mía, mientras disfruta un pase libre o en comisión que pagamos todos los montevideanos (es funcionaria de la Intendencia de Montevideo), en el despacho del senador Carlos Moreira.

Este repaso rápido y a vuelo de pluma, para este número aniversario de Caras y Caretas, apelando a la memoria de Juana, nos permite ingresar, ahora sí, al pedido del jefe editor, y analizar al Partido Nacional y la coalición, toda parada en la cancha como oposición desde el pasado 1º de marzo.

La opinión de la academia sobre los blancos

Juana conversó para Caras y Caretas con el doctor en Ciencias Políticas, egresado de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en México, (FLACSO), Daniel Buquet. Creció en el exilio mexicano, como tantos uruguayos, junto a sus padres. Allí estudió y se especializó en el estudio de las instituciones públicas y la democracia en América Latina. Según Buquet, es necesario ver cuáles son las características y cómo quedó el Partido Nacional postnoviembre, de acuerdo al resultado electoral que le da el triunfo al Frente Amplio por casi 100 mil votos.

Hay que poner en perspectiva también —explica Buquet— la designación de la hasta ese entonces conocida dirigente de ADEOM, Valeria Ripoll, como compañera de fórmula de Álvaro Delgado. Para los blancos —sostiene Buquet— fue un mazazo fuerte. A eso hay que agregarle que, a partir del resultado obtenido en octubre, se cambian los equilibrios en la interna, y el Espacio 40, que lidera Javier García con la unión de algunos pesos fuertes en el interior del país, crean una situación incómoda hacia adentro.

La autocrítica comienza a gestarse y la dirigencia construye rápidamente la imagen de Álvaro Delgado como padre de la derrota. Así llega la elección de las autoridades partidarias, en el seno de una convención extremadamente politizada y militante que termina con abucheos al presidente elegido. Esta imagen, que todos vimos —agrega el politólogo—, es la antesala de lo que vino después: la presión para que renuncie a su banca de senador. Entre las voces más duras pidiendo su renuncia —añade—, se escucharon dos senadores de su sector: Bianchi y Lema. Según el Dr. Buquet, así es como Álvaro Delgado cambió su discurso y pasó de tender puentes a trancar todo. La fuerte competencia interna entre Delgado y García explica que hay que pegar para ganar, al decir de García. Ahora, agrega, la competencia interna, donde gana el duro y si aflojás perdés, no sabemos hasta cuándo se puede sostener.

Esa lógica de conflicto permanente en que ingresaron los blancos, continúa diciendo el reconocido analista, es el horizonte que hoy observamos. Pero hay que tener presente otro factor, señala Buquet, y es “dónde voy a estar para cuando vuelva Luis”. Es decir, cómo vamos a estar, en qué lugar del partido cuando regrese al ruedo político Luis Lacalle Pou. Pero Buquet va más allá: así haya Coalición Republicana, como la conocemos hoy, o como llegue a las elecciones próximas, será con Luis. Buquet observa, que, en este escenario, hay que mirar con atención a los dos diputados de Cabildo Abierto, y en especial a Álvaro Perrone y Manini, que despliegan una verdadera lógica del pragmatismo que hoy les permite armar una estrategia con voz propia para diferenciarse según les convenga.

No sabemos hoy si esta estrategia tendrá rédito electoral, si la comprará el público en general o solamente el público politizado. Hay que pensar, dice, antes de despedirse, que el universo de necesidades e intereses normalmente pasa por otro lado. Hoy tenemos a un radical, Álvaro Delgado, y a un Javier García con un discurso políticamente correcto en los modales, pero siempre parado en la cuchilla.

El dolor de ya no ser de los blancos, finaliza Buquet, va reacomodando el cuerpo. Mientras Delgado se acomoda en el Directorio, Javier García fue designado como jefe de la agrupación parlamentaria. Todos piensan en largo y esperan a Luis.

Todas las voces, todas

Juana entendió que un informe del dolor de ya no ser no era solo de los blancos. Era, además, de los principales socios de la multicolor. Agarró la mochila y arrancó. Visitó despachos, consultó a los diferentes actores políticos y aprovechó que el intendente de Paysandú, Nicolás Olivera, actual presidente del Congreso de Intendentes, había bajado a la capital y, abusando de su amabilidad de siempre con Caras y Caretas, conversó con él. Cuando Juana lo consultó, lo primero que manifestó Olivera es que él no se para en la cancha como oposición, porque es gobierno en su departamento, la ciudadanía lo ha honrado una vez más con dirigir sus destinos. Si bien es cierto y reconoce que es blanco y que asume que en noviembre perdieron las elecciones, es de los que creen que hay que mirar para adelante, que los zapallos se tienen que ir acomodando solos en el carro y que las necesidades de la gente no dejan mucho margen al dolor.

Olivera entiende que el trancar fuerte no ayuda, no se acompasa a la realidad actual. Le explicó a Juana qué lo traía por esas horas a Montevideo. “Estoy en Montevideo, dijo, porque tengo una reunión con el Directorio del Banco de la República. Lo hago en representación del Congreso de Intendentes, porque todos, blancos, frentistas y colorados, hemos constatado que el endeudamiento de nuestros funcionarios es altísimo. Tienen comprometidos sus haberes en una forma alarmante, y queremos conversar para ver cómo acompasamos la realidad y la necesidad de los trabajadores”.

Les cuento esto, dice Olivera antes de despedirse: el dolor de no ser gobierno, como partido mayoritario de la coalición, no nos debe llevar a trancar derechos de la gente, en especial de los más necesitados. Debemos de ser cuidadosos y pensar en nuestros compatriotas.

El diputado Juan Manuel Rodríguez, del Partido Nacional, habló con Juana mano a mano y sin apuro.

El día a día, dice Rodríguez, “no me permitió llorar sobre la leche derramada”. “Cuando algún compañero me dice ‘te das cuenta de que podríamos haber ganado y bla bla bla’, yo siempre les digo lo mismo: Analizar lo que se pueda analizar, pero ir para adelante”.

“En lo que a mí respecta, dijo, que es el rol opositor en la Cámara de Diputados, donde hoy ningún partido tiene mayorías y donde están representadas todas las voces, es un verdadero desafío ser la minoría mayor, con 29 legisladores”. A la luz de los hechos, insiste el diputado Rodríguez, “hay una primera etapa, creo yo, que va de febrero hasta mayo, donde el Frente Amplio tuvo ciertas dificultades de acomodar el cuerpo y lograr sus objetivos. Así pasó con el frustrado homenaje a Raúl Sendic, o la Ley de Municipios, o aún el ingreso a las intendencias por concurso”. “Pero llegó la necesaria ley para solucionar los problemas de la Caja de Profesionales Universitarios, y el Gobierno y la oposición nos sentamos a conversar y la verdad, que estoy contento”. “No le pasamos factura al Frente Amplio, dejamos a un lado lo que pasó hace dos años y le dimos un fuerte respaldo, que por cierto hacía falta, agregó, para sacar a la Caja de Profesionales adelante”.

“Después vino la interpelación al ministro Ortuño, fue un aprendizaje que, creo, nos fortaleció a todos en nuestros respectivos roles. Me permito decir que el Frente Amplio llega a la Cámara de Diputados bien parado en la cancha para recibir el próximo 2 de setiembre la Ley de Presupuesto”. “Como partido que perdió las elecciones, tuvimos que acomodar el equipo, reposicionarnos, porque siempre es más fácil atacar que defender. Pero hay que tener cuidado, el resultado adverso no nos debe cegar, debemos asumir el rol opositor en aquellos temas que se deben controlar”.

El dolor de ya no ser, entiende el diputado Rodríguez, “no debe hacernos olvidar esta lógica de marcar, bien de cerca, pero con responsabilidad. Hacer un uso bien entendido, en mi caso en el Parlamento, de nuestra condición de partido opositor”.

Juana habló también con el senador Robert Silva del Partido Colorado, porque entendió que, cuando hablamos del dolor de ya no ser, a Robert Silva le duelen prendas. Como integrante de la coalición multicolor fue, durante el período anterior, presidente de la ANEP. Mientras le convidaba con un café, el senador Silva le contó a Juana que, en lo estrictamente personal, el cambio fue tremendo. El dolor de ya no ser gobierno para él significó un cambio del rol ejecutivo por excelencia al Parlamento. Durante cinco años, contó, “tenía todos los meses 80 mil salarios que pagar entre docentes, técnicos, administrativos y de servicio. Sin dejar de pensar que diariamente, había que dar de comer a 250.000 niños y lo que ello conlleva”. También debía de tener, en el mejor estado posible, todos los centros de enseñanza a lo largo y lo ancho del país.

Cuando Juana fue por más y le preguntó si extrañaba la coordinación de mesa chica de la coalición de gobierno que integraba, le dijo, en una suerte de sincericidio, “no había mesa chica, era el presidente Lacalle Pou el que llamaba y coordinaba lo que entendía que había que coordinar. Yo me sentí siempre muy respaldado por Lacalle, pero nunca hubo una coordinación articulada de la coalición”.

Como senador de la oposición, sostiene Silva que se está adaptando, en lo personal, al Senado, que cree que hay mucho por hacer y aspira a que los ecos del triste final de la interpelación al ministro Fratti se superen rápidamente y puedan llegar a la ley de presupuesto, cuando ingrese al Senado, con la coordinación interbancadas funcionando nuevamente.

Cuando Juana le preguntó si coincidía con su sucesor, el Prof. Pablo Caggiani, sobre la propuesta de que la educación debe lograr en el presupuesto un 6 %, y más, como se aspira y reclama desde la educación, se apuró en decir que era una aspiración, un deseo que compartía, y como oposición trabajará para el mejor presupuesto posible para la enseñanza en este quinquenio.

Juana consultó al representante de la CND por el Partido Nacional, Santiago Borsari, quien puntualizó que en lo que respecta al directorio, hasta ahora, se han tomado por unanimidad. “No hemos tenido discrepancias. En nuestra condición de oposición, no se nos borra la mirada constructiva que debemos tener”. Cuando se le consultó si el dolor de ya no ser gobierno se nota a nivel de la actividad partidaria, expresó que él inició una campaña militante al día siguiente de las elecciones. Integrante de la generación sub 40 del Partido Nacional, trabaja, como le gusta decir, sin pausa para volver.

Juana por último conversó con un integrante de la nueva generación de blancos, de esa dirigencia emergente que pide cancha y piensa en largo. Wilson Ferreira Sfeir dijo, cuando se lo consultó sobre si le dolió la derrota y si procesaron la autocrítica, no vaciló en reconocer que el dolor estuvo, pero dio paso a la autocrítica puertas adentro y al reacomodarse para seguir. Cuando se le habló sobre cómo se paran en la cancha en este rol opositor, fue categórico y contestó con una frase de su abuelo: “Al país, lo que necesite, y al gobierno lo que se merezca”. Ferreira cree que esa es la forma más responsable, casi única de ser oposición. Trabajan con ganas para reconfigurar ciertos liderazgos en la interna y pensar en volver al gobierno.

Juana cree que el dolor de ya no ser, más allá de las buenas intenciones, le está costando un Perú al Partido Nacional. Las peleas internas y los liderazgos no terminan de ponerse de acuerdo. Regalan un título o dos a diario y todos en mayor o menor medida esperan que vuelva Luis, y sueñan con volver.