Estas medidas responden a una estrategia de presión política para provocar un desgaste interno en la sociedad cubana. En ese escenario, la solidaridad internacional es un componente central para sostener redes de apoyo y acompañamiento.
Grupo de Hijxs de Exiliadxs Políticxs en Cuba
Es precisamente desde ese lugar que el Grupo de Hijxs de Exiliadxs Políticxs en Cuba impulsa esta instancia. Se trata de personas que, en su infancia o juventud, vivieron en la isla como consecuencia del exilio político de sus familias durante las dictaduras del Cono Sur. Aquella experiencia, marcada por el desarraigo, también estuvo atravesada por la acogida y el sostén de una sociedad que los recibió en un momento crítico.
Para Olga Fernández, una de las integrantes del colectivo, esa vivencia sigue siendo una referencia ética. “La solidaridad entre los pueblos debería ser algo cotidiano, sin excepciones. El amor por la humanidad, una cosa que se respira, que se aprende en Cuba y es elemento fundamental del internacionalismo revolucionario. Ser solidarios con Cuba es importante entonces por humanidad. Pero en el contexto internacional es además una forma de defender la soberanía de todos los pueblos del mundo”, expresó en diálogo con Caras y Caretas.
La historia personal de Fernández se entrelaza con procesos históricos más amplios. Durante los años de la Guerra Fría, mientras en América del Sur se desplegaban dictaduras que forzaban al exilio a miles de personas, Cuba se convirtió en un lugar de refugio para militantes, familias y perseguidos políticos. Sin embargo, ese contexto también tuvo tensiones y conflictos.
“Fueron años en medio de la guerra fría en los que el dolor del exilio se solapaba con las campañas de denuncia de la dictadura en Uruguay y los países de América del Sur. De solidaridad con Angola, Nicaragua, El Salvador, Granada. Donde la tranquilidad y la libertad brindadas por la revolución se veían afectadas sistemáticamente a través de acciones de sabotaje de todo tipo. A nivel bacteriológico, en medios de comunicación masivos, amenazas de bomba y por supuesto, el bloqueo económico”, recordó.
A pesar de ese escenario, lo que permanece en su memoria son los gestos cotidianos de cuidado. “A pesar de todas estas dificultades, recuerdo con mucho cariño la contención de la sociedad cubana. El bistec de la abuela Cándida y los abrazos de Grisel, vecinas que me cuidaron como si fueran mi familia. El sonido de las fichas de dominó. El olor de las guayabas. La escuela y los juegos en la calle con las niñas y los niños más alegres del mundo”.
Ese registro íntimo, hecho de pequeñas escenas, es el que hoy impulsa la convocatoria, una memoria afectiva que encuentra en la acción solidaria una forma de continuidad.
En ese sentido, Fernández nos dice que el encuentro del 18 de marzo se propone reunir a quienes compartieron esa experiencia, pero también abrirse a otros sectores. “Esperamos encontrarnos y reencontrarnos todas las personas que hemos recibido la solidaridad de Cuba. Es decir, los exiliados y sus hijos, pero también los que pudieron estudiar en Cuba. Los que pudieron curar sus cataratas. Los que aprendieron a leer con el método Yo Sí Puedo. Y sobre todo, esperamos que el encuentro sea una manifestación contra el asedio que está sufriendo Cuba”.
Cuba en el corazón
Gonzalo Serantes, otro de los entrevistados por Caras y Caretas, se incorporó recientemente al grupo, pero su historia está profundamente vinculada a la isla. Llegó a Cuba con 15 años, junto a su familia, en el marco del exilio político. Allí completó sus estudios y construyó una parte fundamental de su vida.
“Es un grupo que se ha organizado acá com personas que tuvimos una parte de nuestra vida en Cuba; algunos nacieron allá y otros terminamos los estudios. En mi caso, terminé el liceo y soy egresado de la CUJAE”, explicó.
“Nos dieron un apartamento de microbrigada, como era costumbre en ese momento. De los 20 o 30 apartamentos que hacía cada colectivo, uno era destinado a los que llegaban exiliados desde el sur. Nos dieron el apartamento amueblado. A cambio de nada. Eso era un gesto de solidaridad descomunal”.
Además del acceso a la vivienda, destaca el lugar central de la educación y la salud. “Me dieron la posibilidad de estudiar Ingeniería Civil. Había todo un sistema de formación por méritos, pero yo estaba fuera de ese sistema porque había llegado en 11.º grado. Y sin embargo, me dieron la posibilidad de elegir. Fue otro gesto de desprendimiento enorme”.
Para Serantes, la convocatoria actual tiene un sentido claro, devolver, en la medida de lo posible, aquello que fue recibido. “La expresión de la solidaridad con Cuba es algo muy elemental, si tanto recibimos, bueno, devolvamos aunque sea un poquito, lo que se pueda”.
El propio Serantes menciona la idea de impulsar donaciones de paneles solares como una forma de contribuir frente a las dificultades energéticas que enfrenta la isla. Sin embargo, reconoce que el primer paso es fortalecer los vínculos y generar espacios de encuentro.
“Hoy nos convoca Cuba muchísimo más que cualquier otra cosa, ayudar en la medida de mis pequeñísimas y modestísimas posibilidades. Es muy grande lo que nos dio Cuba a mí, a mi familia y a mis amigos como para no estar activo en estos casos haciendo todo lo que pueda”.
Un encuentro imprescindible
El encuentro en el Paraninfo contará con la participación de invitados como Graciela Ubach, médica y exdirectora del Hospital de Clínicas, quien vivió el exilio en Cuba, y Gregory Randall, ingeniero e integrante de una familia que encontró refugio en la isla durante los años de persecución política en la región.
La presencia de estos y otros testimonios pretende enriquecer el intercambio y aportar distintas miradas sobre una experiencia histórica que sigue teniendo efectos en el presente. A su vez, la música de Moraes y De Palma aportará una dimensión artística que acompañe la reflexión desde otro lenguaje.
La invitación está abierta a toda la ciudadanía. Se trata de participar activamente, de escuchar, de aportar, de reconstruir lazos. La colecta de medicamentos es una forma concreta de hacerlo, pero también lo es el hecho de estar presentes, de reconocer en la historia de otros una parte de la historia común.