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Política Uruguay | Hospital Pereira Rossell. |

«Se precisan niños para amanecer»

Natalidad y la viabilidad de Uruguay como proyecto de nación

La tasa de natalidad cayó en forma extraordinaria en los últimos cinco años generando incertidumbres estratégicas.

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La tasa de natalidad o, en términos académicos, de reemplazo generacional, cayó en forma extraordinaria en los últimos cinco años. En números brutos, se pasó de casi 49.000 nacimientos en 2015 a menos de 36.000 en 2020. Los uruguayos no desaparecerán, pero será aun mayor la cantidad de población envejecida y eso puede condicionar a Uruguay como proyecto de nación.

Varios factores son la causa de esta caída en la tasa de reemplazo generacional y no es exclusiva de Uruguay.

Quizás la más señalada por la efectividad de una política pública de salud llevada adelante durante los gobiernos del Frente Amplio sea la de la prevención del embarazo adolescente.

"El 52% de la explicación del descenso del último lustro, de 1,9 a 1,4 hijos por mujer", se explica por la merma de madres de 15 a 24 años debida a políticas públicas de prevención del embarazo adolescente, señala el demógrafo Ignacio Pardo, investigador de la Universidad de la República. Risel Suárez, directora del Hospital de la Mujer del Pereira Rossell, centro de referencia de maternidad en Uruguay, explica que "la hipótesis más convincente" es que esta caída se debe a los implantes anticonceptivos subdérmicos ofrecidos por el Estado a las jóvenes desde 2014.

Los programas de educación sexual sin duda también han hecho su aporte.

Uruguay pasó en menos de un lustro de 2 hijos por mujer en forma estable a 1,4; el umbral de 2,1 hijos por mujer es el que los demógrafos consideran la "tasa de reemplazo generacional", es decir, el número mágico que permite que una población se mantenga sin disminuir su volumen.

El tema, sin embargo, amerita estar en la agenda pública y política; si bien como dice el jefe de la oficina del Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa) en Uruguay, Fernando Filgueira, “la idea de que vamos a terminar con un país despoblado o en desaparición no va a suceder", por otro lado una consecuencia inevitable es el envejecimiento de la población, que presiona los sistemas de salud y seguridad social.

Para Filgueira, con la tendencia actual la población uruguaya seguiría creciendo hasta 2040 y recién en 2100 habría un descenso.

La disminución de la fecundidad es una tendencia en América Latina, que imita un proceso afincado en Europa y zonas de Asia. Corea del Sur llegó a 0,9 hijos por mujer en 2019, según datos recogidos por el Banco Mundial.

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Y aunque nazcas pobre...”

Un factor que ha cobrado fuerza en mujeres de clase media y adineradas es posponer su maternidad en aras de primero realizarse, sobre todo las que cursan estudios universitarios y son profesionales.

Otras literalmente han renunciado a la maternidad, liberadas de la “presión social” de que la finalidad de su derrotero sea ser madre, pero esta tendencia en estos sectores por el momento no es la que mueve la aguja en una sociedad como la uruguaya, empobrecida.

Según ratifica el informe del Observatorio de los derechos de la niñez y adolescencia, “niños, niñas y adolescentes siguen siendo la población mayormente afectada por la situación de pobreza. A 2020, de cada 1.000 niños, niñas y adolescentes, 202 se encuentran bajo la línea de la pobreza (20,2%); un total de 176.375 estimados. Este último movimiento indica respecto a 2019 un incremento estimado de 35.345 niños, niñas y adolescentes más 11 residiendo en hogares bajo la línea de la pobreza. Puede visualizarse que la pobreza es un fenómeno que afecta mayormente a niños, niñas y adolescentes (NNA), y esta disminuye a medida que aumenta la edad de la persona. Mientras que 214 de cada 1.000 NNA de 0 a 3 años se encuentran afectados por dicha situación (21,4%), entre las personas con 66 y más años, la relación se sitúa en 21 de cada 1.000 (2,1%).

A 2020, 11,6% de las personas en el país residen en hogares bajo la línea de la pobreza.

Dicha proporción representa un total de 408.080 personas estimadas. Esta última proporción representa un crecimiento de 2,8 puntos porcentuales respecto a 2019, un total de 98.502 personas estimadas.

A 2020, 20,2% de niños, niñas y adolescentes en el país residen en hogares bajo la línea de la pobreza. Dicha proporción representa un total de 176.375 personas de 17 y menos años estimadas. Esta última proporción representa un crecimiento de 4 puntos porcentuales respecto a 2019, un total de 35.345 niños, niñas y adolescentes estimados”. A 2020, 20,2% de niños, niñas y adolescentes en el país residen en hogares bajo la línea de la pobreza. Dicha proporción representa un total de 176.375 personas de 17 y menos años estimadas. Esta última proporción representa un crecimiento de 4 puntos porcentuales respecto a 2019, un total de 35.345 niños, niñas y adolescentes estimados”.

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Pronatalistas

A pesar de que los estremecedores datos de pobreza descritos hasta aquí son parciales, el principal problema no es la pobreza, sino la desigualdad que sigue campante y como política de Estado por parte del actual gobierno.

Para Ignacio Pardo, docente e investigador del Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales, “cuando el senador Guido Manini aprovechaba la discusión sobre la pandemia para decir que ‘hay miles de niños que no nacen por políticas que se han llevado adelante, que no estimulan los nacimientos’, estaba apoyándose en una postura pronatalista que suele ganar fuerza retórica cuando llegan contextos demográficos como el actual. Pero la evidencia no lo avala. Si se propusiesen incentivos a las descendencias numerosas, se revisase la despenalización del aborto o se generasen políticas que refuerzan el modelo de familia tradicional, la tasa global de fecundidad podría decir, como en aquella famosa consigna: no en mi nombre”.

Esas críticas y propuestas de Manini Ríos siguen las tendencias pronatalistas que en varios países, también de Europa, se ponen en boga cada vez que las tasas de natalidad descienden.

No obstante, mas allá del dilema demográfico (habría que ver cuál será el impacto con los nuevos uruguayos hijos de la nueva ola inmigratoria), hay un tema crucial que teñido por la desigualdad, el envejecimiento, los pocos nacimientos y el aumento de la pobreza, se mira de cotelete: la cuestión nacional y, en ella, Uruguay como proyecto de nación.

La viabilidad de Uruguay

Según datos del MTSS, en el mes de marzo de 2020 la población económicamente activa era de 1.705.000 personas (hasta 14 años), en abril desciende a 1.668.000, mientras que para mayo era de 1.692.000 personas. En el mes de junio muestra una mejora, ubicándose en 1.730.000 personas para todo el país y en junio de 2020 la tasa de desempleo se encontraba en 10,7%.

Si analizamos la distribución del empleo por sectores de actividad, para 2019 las actividades económicas más importantes en la generación de empleo a nivel nacional fueron: comercio (17,5 % del total de ocupados del país); industria (10,3 %); servicios sociales y asociados a la salud (8,4 %); agropecuario, forestación y pesca (8,3 %); y construcción (7,3 %)”.

Muchos de estos rubros se han visto fuertemente afectados durante la pandemia, pero lo importante a señalar es que mayoritariamente sigue siendo un país de servicios comerciales.

Por otro lado, según el Observatorio de Seguridad Social, “la cantidad de pasividades pagadas por el BPS en el mes de mayo de 2022 fue de 793.941.El total de pasividades se compuso de 476.810 (60,1%) jubilaciones, 234.567 (29,5%) pensiones contributivas (pensiones de sobrevivencia), 79.842 (10,1%) pensiones no contributivas (de las cuales 23,9% fueron pensiones a la vejez y 76,1% pensiones por invalidez) y 2.722 (0,3%) subsidios transitorios por incapacidad parcial”.

Según la información del Banco Central, en el primer trimestre de 2022 el Producto Interno Bruto (PIB) registró un incremento de 8,3% en términos interanuales, reflejando una recuperación de la actividad económica apuntalada en la normalización parcial de la actividad turística, la demanda externa y algunos grandes proyectos de inversión”.

Es impensable pensar en la viabilidad de Uruguay como proyecto de nación con la preponderancia de la desigualdad como sistema; Uruguay ha crecido económicamente y la apuesta del gobierno no fue apelar a la política limosnera del “derrame”.

Para colmo, muchos de los que “ganan” invierten fuera de fronteras (en tierras en Paraguay, por ejemplo) o fugan los capitales; la fuga de capitales no es exactamente dólares que "salen del país” en un avión (aunque bastante de eso hay), sino que implica a todas las operaciones (tanto legales como ilegales) que sacan dólares del sistema financiero y bancario nacional. De esta manera esas divisas quedan por fuera del circuito productivo. Una parte de esos fondos se termina alojando en países con bajos o nulos impuestos a través de las llamadas “sociedades offshore”, empresas que no realizan ninguna actividad productiva donde están radicadas.

La salida de divisas desde Uruguay en estos últimos 16 años representó 12.700 millones de dólares. Si bien no parece un monto relevante, en términos del PIB uruguayo, significó un promedio de 2,5 puntos porcentuales, dado que el ingreso interno de este país es bajo en comparación con otros países de América Latina.

En síntesis, un país con su población envejecida, con baja natalidad y con fuerzas económicas que no se convierten en nacionales (los “burgueses berretas”, al decir de Mujica) porque no invierten en el país, hacen que el problema demográfico sea una de las puntas de un iceberg de la sostenibilidad de Uruguay como nación.

Alguien podría sostener que mirado desde Este punto de vista, el empecinamiento del Gobierno uruguayo de llevar adelante el acuerdo bilateral con China puede ser parte de la solución, sin embargo, somos pesimistas. La economía uruguaya ha crecido, y no ha sido para beneficiar, como en la vieja máxima artiguista, a los más infelices.

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