Talvi también revisó los costos internos que Uruguay atravesó para sostener aquel camino, salarios públicos deprimidos, tensiones sociales e incluso una huelga policial. Recordó que, pese a lograr equilibrio fiscal en dos años, el país retrocedió más adelante hasta un déficit relevante. Sin embargo, subrayó que nada de eso “descarriló” el plan, justamente porque existía un rumbo que se mantuvo a través de gobiernos ideológicamente diversos. Ese punto se transformó en uno de los ejes más contundentes de su mensaje: la continuidad de políticas económicas como base del crecimiento.
Estrategias
El exministro definió como decisivo que la estrategia antiinflacionaria uruguaya sobreviviera a la alternancia entre centroderecha, socialdemocracia y una izquierda que llegó al poder en 2004 con raíces marxistas. Según su lectura, el Frente Amplio terminó consolidándose como una fuerza comprometida con la democracia liberal y la economía de mercado, lo que garantizó que el plan de estabilización no se rompiera. Lo llamó, directamente, un ejemplo de “peronismo racional” aplicado al caso uruguayo, en referencia al debate argentino sobre la necesidad de un vector moderado y estabilizador.
Su análisis también dedicó espacio a las dificultades propias de cualquier proceso de ordenamiento macroeconómico: metas que no se cumplen a tiempo, instrumentos monetarios que se pierden y deben recrearse, o exigencias externas —como la acumulación de reservas— que obligan a convivir con inflación más alta por períodos transitorios. Para Talvi, ninguna de esas tensiones es terminal si existe una coalición política dispuesta a sostener el rumbo.