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Sociedad retirados | restos | búsqueda

Con la antropóloga forense Alicia Lusiardo

Actividades de inteligencia y contrainteligencia de retirados durante las búsquedas

Denunció que durante las excavaciones hubo actividades por parte de un retirado militar para desviar los trabajos hacia otra zona y recoger información.

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Cuando los restos de Amelia Sanjurjo fueron hallados en julio del año pasado, un mensaje que circuló internamente entre los retirados militares llamó la atención. El mensaje vía WhatsApp era del presidente del Centro Militar, coronel retirado Carlos Silva, y decía: “Los restos batallón 14, fueron plantados y va a resultar que es la nuera de montonero Gelman, el resultado del ADN ya lo tienen arreglado, con la partida de defunción de la mujer pueden reclamar los 20 millones de dólares que están en Suiza, producto del secuestro de los hermanos Born. La culpa la tiene el cagón y traidor de Fregossi, que mandó sacar las cámaras que había para controlar que no nos cagaran”.

El mensaje, que luego fue confirmado por otros grupos de retirados militares, abrió varias interrogantes y algunas certezas. La primera, que afirmar que los restos pertenecían a María Claudia García era una evidente maniobra de distracción, confirmando que los restos hallados pertenecían a una detenida desaparecida y no una civil cualquiera. La preocupación por el retiro de las cámaras, fundamentando que para los retirados era una garantía de que no se iban a “plantar” restos humanos, los obligaba a tener que exponer gente en los trabajos de excavación con el objetivo de ver cómo iba la búsqueda y, de ser posible, desinformar.

Esto es lo que confirma la antropóloga forense Alicia Lusiardo, que cuenta que durante la búsqueda en el 14, “en el transcurso de la investigación va llegando información al equipo. Lo que sí es que, en algunas circunstancias, las personas que dan la información son muy insistentes en ir al campo a señalar el lugar, lo cual es correcto. Es algo que nosotros, si nos dan información, queremos que in situ nos señalen en el lugar. Lo que pasa es que en esta circunstancia esta persona buscó de múltiples maneras dar información que nunca logró volcar de manera clara. Es decir, lo entrevistamos en varias oportunidades durante varios años en que se aproximó al equipo, le mostramos fotografías, le pedimos que nos dibujara en un croquis el lugar que le estaba señalando. Incluso ingresó al predio y no fue capaz de señalar un lugar. Sin embargo, insistía mucho en dirigirse al lugar donde estábamos excavando. Entonces creemos que estas son maniobras para, primero, saber en qué está la investigación y, por otro lado, tratar de desviar”. Esta persona no era la primera vez que intentaba acercarse al trabajo de búsquedas.

“La primera vez que él brindó información ya era con el Grupo Trabajo, Verdad y Justicia, estamos hablando de varios años atrás. Y fue cambiando también el relato en las múltiples entrevistas. Y el lugar que iba tratando de señalar también cambiaba, pero cambiaba mucho. No era una diferencia de metros, sino que era realmente muy llamativo que no pudiera ubicarse ni siquiera en un término general de dónde quería marcar el sitio”, explica Lusiardo.

También detalla que “la información que él daba no era de que hubiera participado él directamente en un enterramiento, sino que él conocía el predio, había ingresado al predio y después todo lo más eran conjeturas de él, cosas que él consideraba sospechosas o llamativas. O sea que había una cuota de interpretación bastante importante. De todas maneras, nosotros tomamos esa información en cuenta siempre y desglosamos hasta qué punto va el relato, en lo que participó y vivió la persona, dónde empieza la interpretación y dónde tenemos que entonces tener cuidado en cómo volcamos esa información en una ficha de texto testimonio, por ejemplo. Sí había un conocimiento, si había algunos elementos que eran de interés, pero no así ni la interpretación y mucho menos el lugar, porque marcó distintos lugares, pero realmente con muchas diferencias”.

El tema del registro audiovisual ordenado por el comandante en jefe, general Guido Manini Ríos, es recordado así por Lusiardo: “Fue durante el grupo de trabajo Guardia y Justicia, cuando estaba la jueza Marcela Vargas”.

¿Pero esas filmaciones las hacía gente de la misma unidad o era un servicio especial?

No, era un servicio especial. Ya fuera en el 13 o en el 14, eran designados un camarógrafo permanente. El concepto de zona cautelada es justamente que solo las personas que están investigando pueden estar en la cautela. Entonces todo lo que sucedió antes de que hubiera gente que no estaba investigando, pisando la cautela, estando en la cautela, era completamente irregular. El equipo argentino hizo recomendaciones al respecto que nunca se escucharon ni se atendieron. Y fue con esta jueza que logramos que ella los retirara.

¿Se acuerda qué año fue?

Entre el 2017 y el 2018. La sistemática era: nosotros ingresábamos al lugar de trabajo y ellos nos acompañaban y filmaban permanentemente nuestro trabajo. Y obviamente el audio también. Entonces estábamos en audio y vídeo toda la jornada laboral. Cuando la jueza decretó que ellos no podían ingresar a la cautela, la filmación la empezaron a realizar desde afuera. Pero claro, empezaron a quedar tan alejados que dejaron de practicar la filmación fuera de la cautela. Porque no tenían el audio y segundo que ya era tan de lejos que no estaban logrando detalles en la filmación.

El hallazgo de los restos que ahora sabemos que son de Amelia Sanjurjo, fue dentro de la zona que ustedes venían trabajando. ¿Fue producto de un golpe de suerte o estaba dentro la información que tenían?

Estaba dentro de la zona que estábamos trabajando. Dentro de la cautela que nosotros habíamos planteado estaba ir a este lugar porque era un sitio cercano a la antigua bodega de Vidiella, para la cual había un rumor de que podía haber un enterramiento cercano a la bodega. Eso está incluso señalado en el tomo cinco de arqueología de antropólogos. Es decir que ese testimonio ya se había usado, solo que el abordaje que se había hecho a la bodega no había sido exhaustivo. Entonces, como estaba en la zona del viejo monte, como era señalada la bodega, nosotros la incluimos dentro de lo que es el abordaje sistemático en campo que estamos haciendo ahora. Y justamente fuimos aproximándonos al hallazgo, obviamente sin saber que ahí había un hallazgo, porque era el plan seguir avanzando hacia ese lugar del monte.

Dentro del Batallón 14, ¿cuáles son los trabajos que siguen previstos, o están en la búsqueda de nueva información?

Tenemos una cautela (medida judicial) muy grande. Está previsto seguir trabajando allí seguramente por más de un año para poder dar cuenta de todo este terreno, que es justamente la acumulación de información sobre el uso del monte como lugar de ocultamiento de los cuerpos. Entonces tenemos dos retroexcavadoras que están trabajando en esa cautela, pero separadas en el espacio, cubriendo lo que es la zona sin excavar previamente y haciendo contacto con las excavaciones viejas para asegurar el 100 % de cobertura de la cautela.

Cuénteme un poco, desde el punto de vista técnico, cómo definen la profundidad en la búsqueda, los espacios.

Sobre el área cautelada nosotros lo que hacemos es dividir en cuadrículas de 10 metros por 10 metros. Toda esa área cautelada, cada cuadrícula de 10 m por 10 m, se va a abordar de manera ordenada con la unidad de excavación, que es la trinchera. Esa trinchera está determinada por el largo del brazo de la retroexcavadora, que normalmente son 5 m, y el ancho de la pala o tacho, que está en el entorno del metro 70 o de 1 m. Entonces, esas son nuestras unidades en las cuales vamos a ir profundizando en esa cuadrícula de 10 m por 10 m. A qué profundidad vamos a llegar en cada una de esas trincheras depende de dos cosas. Depende de la potencia que tiene el terreno, es decir, si naturalmente es un lugar con mucha profundidad, donde los estratos ocupan varios metros, o si es un lugar de poca potencia. Por ejemplo, el lugar del hallazgo de Amelia era de muy poca potencia. A 50 o 60 cm estaba la roca. En otros lugares del mismo predio tenemos que profundizar hasta 3 m.

Cuando en esa cuadrícula de 10 por 10 se inicia la trinchera y se va descendiendo en capas lo más finas posibles, tratando de ver en el perfil de la trinchera si hay cambios en esas capas, una disrupción en la capa implica que ahí hubo un pozo, un evento, algo, una anomalía. A veces no es tan clara la estratigrafía y hay que seguir descendiendo. Entonces lo que hacemos es ver si no hay perturbación en el perfil y estamos a una profundidad en que estamos cerca del sedimento estéril, ahí paramos la profundización y pasamos a la siguiente unidad. Entonces, de esa manera garantizamos que por debajo de la última capa que excavamos no hay nada enterrado. Es una preocupación que siempre tienen los familiares.

Sin pretender reavivar la polémica, ¿por qué había descartado la posibilidad de que se hubiera llevado adelante el Operativo Zanahoria?

Bueno, nosotros lo que decimos es que hasta la fecha no hay evidencia de que ese operativo haya tenido lugar. No hay evidencia porque nada de lo que hemos encontrado trabajando en todos los predios que el equipo ha abordado hasta ahora, apunta o da alguna prueba de que eso haya tenido lugar. ¿Qué tendríamos que encontrar en el terreno? Bueno, el remanente de una fosa. Si vos hacés un pozo, enterrás una persona y lo tapás, perturbás la estratigrafía. Si después venís y lo retirás, esa perturbación todavía es visible. Y además tendrían que quedar en el terreno fragmentos de hueso, quizás algo de si hubiera algo de vestimenta o evidencia asociada cal, porque hasta ahora siempre ha sido con abundante cal. No hemos encontrado nunca evidencias de que haya una perturbación, una anomalía del tamaño que tiene que tener aunque sea una fosa individual, sino que hemos encontrado pequeñas anomalías que a veces son pozos con basura, cosas más pequeñas, pero algo que tenga por lo menos 2 m por 1 m o 0,80, como es una fosa individual, no hemos encontrado. Y mucho menos asociado a algún restito de cal. Ni siquiera una mota de cal, un fragmento óseo, nada que diga que acá se removieron 206 huesos y kilos de cal. Por otro lado, aparte de que no hay evidencias, todos los cuerpos que hemos encontrado, a excepción de Hugo Chávez Sosa, habían sido reportados a la Comisión para la Paz y al expresidente Tabaré Vázquez como objeto de la Operación Zanahoria. Es decir, que no deberían estar si fueron objeto de una exhumación a la llegada de la democracia. Y en tercer lugar, no hay un relato que explique cómo fue esa operación, en términos de quién ordenó, cuántas personas trabajaron, de qué manera desenterraron los cuerpos, a dónde llevaron esos cuerpos, dónde fue que los quemaron, cómo los quemaron, con qué tipo de combustible, cuánto tiempo duraba esa cremación, cómo hacían después para retirar esas cenizas y, en el caso del contexto que hemos encontrado, cómo separaban los huesos de la cal y del sedimento para poderlos quemar y luego a donde exactamente los llevaron. Porque de todo ese operativo no hay detalles, ninguno. Solamente se dice que los cuerpos fueron desenterrados, quemados y tirados y no se dice nada más. Entonces nos parece que el relato es muy pobre. Si hubiera habido un operativo como ese, que nos señalaran el lugar donde fue y podríamos encontrar las fosas exhumadas por otras personas y remanentes incluso.

En Chile, por ejemplo, el operativo “Retiro de televisores” permitió encontrar restos óseos e identificar personas, aunque hubieran sido removidos los cuerpos. Entonces eso no tenemos ni detalles ni señalamientos de lugares donde tuvo lugar que nosotros hayamos encontrado evidencia. Las personas que aparecen en los enterramientos están todas reportadas para ser objeto de la Operación Zanahoria. Entonces, ¿dónde está la evidencia de que este operativo tuvo lugar? No quiere decir que no trabajemos en campo con la precaución de que eso pueda haber tenido lugar. Nosotros metodológicamente lo contemplamos, pero hasta el día de hoy evidencia no hay.

Puede parecer una pregunta obvia, pero, desde el punto de vista técnico, ¿cuánto es el tiempo que ustedes consideran que se pueden encontrar restos?

Hay restos de millones de años; en antropología estamos acostumbrados a trabajar y a leer mucho sobre contextos de trabajo de hallazgo de restos humanos de millones de años de antigüedad. Por lo tanto, para que se preserven restos lo que se necesita es un medio que no los destruya, un suelo que no sea con un ph destructor. Y además tenemos en cuenta que hasta ahora el tirarles la cal parece haber sido parte de la metodología. La cal preserva el material óseo.

La cal iba para destruir la carne.

Claro, exacto. Y después se desintegraba el tejido blando. Y protegió, o sea, lo que hizo fue hacer como una cápsula para que no entraran las bacterias que degradan el ADN. Lo preservó en ese sentido, si además tiene esa capa de cal cada uno de los cuerpos, con más razón se van a preservar durante muchos años, cientos de años igual.

Ustedes ahora han enfocado una nueva investigación hacia un terreno privado, ¿es así?

Todavía no iniciamos, estamos haciendo trabajo de gabinete o de investigación preliminar de varios lugares donde queremos iniciar tareas. Una vez que se defina la cautela de cada uno de esos lugares, le vamos a dar la prioridad que tengan. Uno de esos lugares es la Tablada, por ejemplo, que en este momento no requiere de una autorización judicial porque la tiene la Institución Nacional de Derechos Humanos. Y después hay algunos predios privados que también queremos.

En el interior hay algunos lugares.

El interior no está en este momento dentro de esos predios que estamos buscando las cautelas, pero sí tenemos interés en volver a trabajar en Maldonado, por ejemplo, que hubo una intervención sin ningún resultado hace unos años y que hace tiempo que estamos procurando mejorar esa información para poder ir. Y siempre estamos abiertos a la posibilidad de que venga información para otros departamentos. Lo que pasa es que no tenemos nada muy firme que no sea Canelones, Montevideo y, bueno, Maldonado.

En su momento se habló de Rincón del Bonete.

Estuvimos una semana antes del hallazgo. El año pasado estuvimos en Rincón del Bonete en dos jornadas, en un fin de semana en que estuvimos buscando aquel avistamiento de algo muy similar a lo que fue el cuerpo de Gomensoro Hoffman. Es decir, restos óseos que hubieran estado en una malla metálica con piedras en el fondo de la represa y que en algún momento de sequía fueron avistados por unos coleccionistas de la zona. Hicimos contacto con ellos el año pasado, con la sequía tan grande pensamos que era la mejor oportunidad de volver a ese lugar y efectivamente nos informaron que la cota había bajado y que podíamos ir. Se hizo una ida preliminar a conversar con ellos. Ahí descubrimos que el lugar que se había señalado en el momento y que se había buscado con buzos y con arqueología subacuática no había sido, según nos dicen, el lugar donde se había avistado este paquete de metal. Entonces hicimos una planificación e invitamos y consultamos a muchos técnicos de otras disciplinas, y con gente de la UTEC de Salto fuimos. Ellos llevaron su georadar, su sonda, bueno, varios equipamientos. Nosotros llevamos los nuestros, hicimos una jornada con ellos de búsqueda en el barro, pero fue muy complicada y no logramos encontrar nada.

¿Cuáles fueron las dificultades para poder finalmente identificar los restos de Amelia Sanjurjo?

Bueno, las dificultades estaban en ese momento por dos lados. Uno era la fragmentación de los de los bancos genéticos. Históricamente las familias donaban sangre en Policía Técnica, ahora Policía Científica, en el banco de órganos o en Argentina, para que fueran trasladadas al laboratorio en Córdoba, o sea al equipo argentino. También hubo familiares que donaron en Chile, al Servicio de Medicina Legal chileno. Entonces teníamos como bancos en distintos lugares y no necesariamente una concentración de todas las muestras en un lugar. Entonces al hacer la comparación, lo que resultó es que no era suficiente, por lo menos no había una coincidencia de acuerdo a lo que tenía en ese momento el equipo argentino. Entonces unificar todas las muestras y llevarlas a Córdoba fue el primer paso para mejorar esa base. Pero a su vez nos permitió mirar caso a caso y focalizarnos primero en las mujeres desaparecidas. Ahora la segunda etapa va a ser con los hombres, y empezar a ver en cada uno de esos casos cómo estaba formado los donantes de esa desaparecida y empezar a evaluar si estaba bien representado la cantidad de donantes y la calidad, o si era necesario complementarlo. Entonces para eso hicimos la genealogía de cada una de ellas y bueno, tratamos de buscar familiares con vida que quisieran donar para que donaran su muestra de sangre, que es más rápido y es más económico. Y en el caso de no encontrarlos, si los donantes que estábamos buscando, que son los mejores en términos de su cercanía con el desaparecido, habían fallecido, los empezamos a buscar, digamos, en cementerios, lo cual fue otra búsqueda compleja, que tiene más o menos los mismos pasos que buscar en un predio militar. Hay que hacer toda una búsqueda en archivos, en registro, buscar partidas, tener certeza de a dónde fue a parar ese cuerpo que estamos buscando, luego buscarlo físicamente en los cementerios y, en el caso de encontrarlo, verificar que realmente sean esos restos, porque coincida la chapa metálica que está en la urna con el registro escrito, porque coincide el contenido en términos de que biológicamente esos restos pertenezcan a quien por lo menos a las características principales del donante que estamos buscando. Si es, por ejemplo, la mamá, bueno, es que sean femeninos, de la edad que corresponda con la causa de muerte que se le atribuyó en su momento, como para dar una certeza de identidad de esa persona fallecida como el pariente que se va a incorporar en la base. Y fue eso lo que permitió sumar muestras de sangre de los sobrinos de Amelia, que no sabíamos que tenía sobrinos. Eso se descubrió después de la conferencia de julio, que fue ese balde de agua fría que no se había logrado la identificación. Ahí se investiga y se encuentra a estos sobrinos que podían dar su muestra de sangre pero que por su lejanía no iba a ser suficiente. Entonces, después de buscar a los padres de Amelia y no encontrarlos, tuvimos la posibilidad de encontrar a una de las tías, una de las hermanas de la mamá y con esa muestra de hueso, digamos, y los sobrinos, más la hermana que ya teníamos como donante original, hizo posible que se identificara por vía genética.

¿Cuánta es la gente que se mueve alrededor de una búsqueda?

En todo el equipo de búsquedas trabajan muchísimas personas. El equipo antropólogo somos once personas, no necesariamente estamos los once en campo, pero nueve seguramente sí. Tenemos personas que nos ayudan con el transporte, personas que nos ayudan con la logística, porque hay que armar todo un campamento, hay que tener todo los insumos para trabajar. Canelones brinda apoyo, por ejemplo, con una cuadrilla de desmalezadores que van todos los días al Batallón 14 a abrirnos el camino. Están las retroexcavadoras y sus operarios que son tres, uno lo brinda Canelones. Después está el equipo de investigadores de la Institución Nacional de Derechos Humanos, que son cuatro, que están recepcionando información, que también investigan las desapariciones en la región. El director de búsqueda, que es Wilder Tyler, creo que por ahí acaba el equipo.

¿Y hay presupuesto para todo eso?

El presupuesto es el que se pidió hace cuatro años, ya estamos por entrar en el quinto para cubrir esta primera etapa bajo la nueva ley que transfirió toda esta responsabilidad a la institución. Ahora tiene que venir el pedido de presupuesto nuevo, porque el presupuesto está solo para cinco años. Entonces eso es tarea que vendrá para, supongo yo, este año y pedirlo el año que viene para garantizar más años de búsqueda.

¿Siguen las dificultades para seguir con los trabajos en el Batallón 13 a partir del famoso cable de alta tensión?

Sí, en el SMA (Servicio de Material y Armamento), detrás del galpón cuatro o 300 Carlos, donde hubo muchas personas detenidas. Centro clandestino de detención surgió información de posibles enterramientos en la parte posterior. A raíz de eso se elaboró un pedido de cautela y se otorgó por parte de Fiscalía, que hizo el pedido y el juzgado actuante. Y son unos 8000 m² que están cautelados. Eso como uno de los protocolos de trabajo, siempre se consulta sobre la posibilidad de que hayan caños, cables o cualquier peligro como para los operarios y antropólogos, como que pueda significar un daño para la unidad en la que estamos excavando. Se nos dijo que no había planos, pero que no había ningún caño o cable que pudiera pasar por allí. De manera que iniciamos las tareas y al segundo día rompimos con la retroexcavadora un cable de alta tensión de 6 mil voltios. Esto obviamente detuvo las tareas. Fue en julio del 2022, se van a cumplir dos años en julio de este año y desde entonces está parada la tarea. La cautela se ha renovado y no hemos podido continuar con la excavación porque no hay garantías de seguridad para el trabajo. En la medida que ese cable se reparó porque dejó sin luz a la unidad, la Institución Nacional de Derechos Humanos pagó la reparación de ese cable, la unidad volvió a tener luz y a partir de allí estamos sin la posibilidad de intervenir. Porque para poder hacer la tarea arqueológica ese cable tiene que estar deshabilitado, no puede tener energía. Y eso ha estado sobre la mesa durante estos dos años en los que ha habido varias reuniones en las que UTE en un principio nos dijo que no podía hacer la detección. La detección la terminó pagando la Institución Nacional de Derechos Humanos a una empresa privada porque queríamos saber si además de ese caño, de ese cable, si había más. Se pagó todo un trabajo de detección y el trazado de ese cable y a partir de ahí estamos todavía esperando que las negociaciones para poder deshabilitarlos se den. Y hasta la fecha no hay solución para esto. O sea, se dice que se va a firmar un convenio, pero todavía no hay nada concreto.

¿Cómo vivió esos dos momentos muy fuertes, a nivel profesional y humano, primero cuando aparecen los restos y luego con su identificación?

Sí, yo te diría sobre todo el primero. El primero es el más removedor porque es la constatación de que buscar tiene un resultado, por más que lo podamos evaluar como lo queramos evaluar, pero los cuerpos están. Entonces el hallazgo del cuerpo de Bleier fue para nosotros la certeza y esto es la seguridad de que esto es así, no fue una excepción. Esto para nosotros es removedor en ese sentido. Entonces es la satisfacción de que el trabajo tenga un fruto que nos gustaría que fuera más rápido, pero eso fue como lo más fuerte de recobrar, no digo la esperanza, porque no es una cuestión de fe. La identificación fue más bien un desafío, un desafío al que sabemos que con las técnicas que hay y con las distintas estrategias se podía llegar. Era cuestión de buscar aquellos familiares que nos pudieran sumar, de ver por el contexto, de estudiar antropológicamente los restos al máximo. No teníamos la garantía de que se iba a lograr, pero nos parecía más un desafío para la ciencia. Si no era ahora iba a ser después, porque las técnicas genéticas, así como tantas otras, van mejorando y van permitiendo hacer cosas que antes eran impensables. Entonces era más un desafío para la ciencia que lo que es la búsqueda. La búsqueda para nosotros se ha vuelto un trabajo de hormiga, de perseverancia. No es cuestión de aplicar tal técnica y lo voy a lograr. No, es perseverancia, es cubrir el terreno hasta que no aparezca mejor información alguna ayuda metodológica. Estamos explorando con una sonda electromagnética que adquirió la institución, estamos haciendo tareas, bueno, se entrenó un experto argentino y estamos empezando a usarla. Tenemos como una expectativa de que nos ayude, tampoco nos va a resolver todo, pero sí creemos que nos puede ayudar. Pero hasta que no haya una técnica 100 % segura, es la perseverancia. Ante la falta de información, es la perseverancia lo que nos lleva. Entonces son dos momentos distintos, el triunfó la perseverancia y el otro es, bueno, el desafío. Tenemos que lograr identificar estos restos.

¿Y esto cómo ha impactado, por ejemplo, en el estudio de arqueología, pensando en los nuevos estudiantes?

Los cursos de antropología forense o relacionados con el área forense son bastante nuevos. El año 2016 creo que dictamos el primero y siempre han tenido mucha cantidad de estudiantes muy interesados, porque por un lado es novedoso, por otro lado es el famoso efecto CSI de la tele, todo el mundo cree que quiere ser forense. Después cuando empieza a ver de qué se trata, no es tan así. Pero sí hay mucha convocatoria de muchos alumnos que quieren cursar. Y sí, con el hallazgo, con la difusión de lo que se hace es distinto. A mí me pasó vivir el hallazgo el año pasado dictando un curso y vivir ahora la identificación dictando un curso también con muchos alumnos que habían cursado el año pasado conmigo y que están cursando este otro curso que doy este año. Entonces estuvieron en esos dos momentos y sintieron como estudiantes que lo que están estudiando tiene una aplicación que es real, no es algo que ven en un libro y que nunca va a suceder en Uruguay. Bueno, todas esas técnicas que estuvimos viendo llevaron a un hallazgo y cuando sucedió repasamos, sin hablar de los detalles del caso, repasamos un montón de cosas con ellos. Y lo mismo con la identificación, hablamos mil veces de los desafíos de la identificación forense y qué pasa con la genética. Y ahora teníamos un caso que caía justamente en eso que habíamos hablado en clase. Entonces sí les interesa, lo ven como algo real, como algo que tiene aplicación, que tiene mucho para desarrollar, porque no se está usando para buscar a personas ausentes.

Hay un antropólogo forense para todo el Uruguay, en morgue no hay otro. O sea, para los casos que no son de derechos humanos hay una sola persona para todo el país. Entonces hay muchas aplicaciones de la antropología forense que se podrían estar utilizando y que ojalá ellos, como futuros profesionales, las puedan desarrollar y puedan colaborar con tanta cosa que además es una profesión de futuro, desafortunadamente, porque solamente aumenta la cantidad de violencia, ahora el crimen organizado con estas cantidades de cuerpos que aparecen o desmembrados o en volquetas. Esto es nuevo y justamente es parte de la antropología forense.

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