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Sociedad abuso sexual | niña | padre

Artigas

El caso de abuso sexual de un padre a su hija de 4 años y la controvertida decisión de la justicia

Una niña presenta síntomas de abuso sexual, el padre es denunciado, pericias concluyen la veracidad del relato de la niña pero, cinco años después, convive con el presunto abusador por orden de Fiscalía.

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La madre denunció un presunto abuso sexual perpetrado contra su hija de cuatro años en 2020. La niña señaló al padre como autor de los abusos sexuales, El relato era consistente, llegó a comparar una eyaculación con el slime. Sin embargo la niña está ahora a cargo de los abuelos paternos, no ve a su madre y convive con el presunto abusador, todo por orden de Fiscalía.

La Fiscalía de Bella Unión, además, archivó el caso.

El caso sigue cuestionando la eficacia del sistema judicial y de protección de la infancia.

El sistema de justicia es cuestionado por múltiples organizaciones sociales por sus controvertidas decisiones que descuidan a la infancia y siguen sin otorgar presupuesto suficiente para políticas de género firmes, que protejan a niñas y mujeres de la violencia patriarcal.

La periodista Mariangel Solomita de El País, publicó en el día de ayer una extensa nota sobre el tema.

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El expediente, que llegó a la Fiscalía General, la Suprema Corte, el INAU y hasta el Parlamento, fue finalmente archivado por la fiscalía de Bella Unión, aunque el INAU cambió su postura y hoy apoya la lucha de la madre y la abuela para restablecer el contacto con la niña, a quien no ven desde hace más de un año.

El conflicto comenzó en 2020, cuando Emilia García, madre de la niña artiguense, denunció al padre por un presunto abuso. La causa se expandió entre juzgados de Familia, técnicos del Instituto Técnico Forense, psicólogos particulares y equipos del INAU, en un entramado de pericias, medidas de protección y decisiones contradictorias.

En marzo de 2023, un fallo judicial le quitó la tenencia a la madre y otorgó el cuidado de la niña a los abuelos paternos, que desde entonces impiden todo vínculo con la rama materna.

La madre y la abuela lograron un régimen de visitas provisorio, pero fue suspendido. Del último encuentro pasó un año. Desde entonces, las mujeres han recorrido instituciones y despachos oficiales buscando revertir una situación que consideran injusta.

Denuncia e incoherencias

En el núcleo del caso está la pregunta más delicada, ¿hubo o no hubo abuso? Las pericias técnicas ofrecen conclusiones opuestas. Algunas validan el relato de la niña “espontáneo, estructurado y coherente”, mientras otras apuntan a inconsistencias provocadas por la exposición reiterada a interrogatorios.

La niña, de tres años al momento de los primeros signos, comenzó a mostrar conductas regresivas y verbalizó episodios de abuso primero en su entorno más cercano y luego ante psicólogos. Sin embargo, los exámenes médicos no encontraron lesiones, y la fiscalía se mostró reticente a acusar sin pruebas materiales. La pericia psiquiátrica final del Instituto Técnico Forense, cuando la niña tenía seis años, destacó confusión en los relatos y la dificultad de determinar la veracidad luego de múltiples entrevistas.

El viernes pasado, tras cinco años de idas y vueltas, la fiscalía resolvió archivar la causa penal, decisión que para la madre y la abuela significó un nuevo golpe.

¿Cuánto importa el relato de la niña?

El Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay revisó su actuación y cambió drásticamente su posición. En 2024, la dirección central del organismo concluyó que el abordaje inicial del caso había estado “contaminado” por prejuicios sobre la madre y por la desconfianza hacia el relato de la niña.

En 2024, la dirección central del organismo concluyó que el abordaje inicial del caso había estado “contaminado” por prejuicios sobre la madre y por la desconfianza hacia el relato de la niña. En 2024, la dirección central del organismo concluyó que el abordaje inicial del caso había estado “contaminado” por prejuicios sobre la madre y por la desconfianza hacia el relato de la niña.

El INAU pidió sin éxito a la fiscalía reabrir la causa y reimplantar medidas de protección contra el progenitor. También contrató a la ONG El Paso, especializada en abuso sexual infantil, para reevaluar el testimonio y asesorar en una posible revinculación materna.

El testimonio de la niña, recogido en las pericias psicológicas y médicas, fue considerado por los profesionales como un relato espontáneo y con una estructura poco habitual para su edad. Según consta en el informe del Instituto Técnico Forense (ITF), la menor “se presentó sumamente angustiada” pero logró ofrecer un relato “coherente, con coherencia interna y muy estructurado”. La psicóloga forense destacó que “ella se comporta como una niña de mayor edad” y explicó a la fiscal Sabrina Massaferro que esa capacidad narrativa “puede ser un indicador de abuso”. Consultada sobre la posibilidad de que la menor hubiera sido inducida, la perito respondió:

“Fantasear, fantaseamos todos, pero un niño para relatar cosas de este tipo generalmente tiene que haberlas vivido. Porque es muy difícil que una niña de cinco años se refiera a la eyaculación como el slime”.

Esa misma comparación entre el semen y un juguete infantil fue subrayada por el médico forense que examinó a la niña tres meses después de la denuncia: “Es la primera vez que me pasa, de escuchar a un niño asociar algo así a una cosa propia de su edad, me llamó mucho la atención”, declaró.

Pese a estos informes, la defensa del padre sostiene que una pericia psiquiátrica posterior “mató el tema penal”, mientras que la nueva evaluación, realizada cuando la niña tenía seis años, volvió a recoger un relato “espontáneo y sistemático” sobre presuntos abusos durante las visitas al hogar paterno, aunque con “momentos de confusión y vacilación” atribuibles a la reiteración de interrogatorios y al tiempo transcurrido.

“Hubo una gran falencia estructural, sostienen en el organismo. El relato de una niña debería tener más peso probatorio del que se le dio".

La niña y su entorno

Antes del conflicto judicial, la niña vivía con su madre y su abuela materna, en un hogar descrito por docentes y técnicos como contenedor y afectivo. La relación entre sus padres, en cambio, era turbulenta, con denuncias cruzadas por violencia y celos. Las pericias forenses describen una “vinculación ambivalente” entre madre e hija, pero también un lazo fuerte y cotidiano.

Desde que fue trasladada al hogar de los abuelos paternos, la niña mantiene contacto diario con su padre, denunciado por abuso sexual, pero a quien ellos consideran inocente.

Además, la niña, actualmente siente rechazo hacia su madre y abuela; para los especialistas del INAU y la ONG El Paso, esta actitud puede ser una manifestación disociativa propia de víctimas de abuso que se ven obligadas a convivir con su agresor.

Batalla por la re vinculación

La abuela materna, Claudia Soria, sigue viajando con carpetas, pericias y fotos de la niña. Dice que no se resigna a verla solo en redes sociales. “Ella era una niña alegre, amorosa, sin sombras”, dijo a El País.

El INAU sostiene que la niña se siente bien con sus abuelos paternos, pero que los encuentros con su familia materna deben retomarse gradualmente. No será sencillo ya que después de tanto tiempo, la niña no quiere verlas. El INAU sostiene que la niña se siente bien con sus abuelos paternos, pero que los encuentros con su familia materna deben retomarse gradualmente. No será sencillo ya que después de tanto tiempo, la niña no quiere verlas.

La madre, mientras tanto, continúa sus estudios de magisterio y espera el fallo del tribunal de apelaciones que podría habilitar las visitas. Su abogada afirma que el sistema la estigmatizó por su relación conflictiva con el padre y que “la duda” sobre su estabilidad emocional se volvió una condena sin juicio.