Ante esto, advierten que “cualquier intervención en el sistema de transporte tiene efectos en múltiples dimensiones urbanas”. Entre estos, “cambios en los tiempos de traslado pueden incidir en el valor del suelo, el costo de la vivienda y la distribución de la población. En ese sentido, señalan que Montevideo atraviesa un proceso de pérdida de habitantes en áreas centrales, mientras crecen zonas periféricas, lo que profundiza desigualdades y tensiones territoriales”.
Estudios para la reforma
Otro aspecto central del debate es el criterio que guía el proyecto. “Los estudios técnicos parten de la premisa de que el problema principal es la caída en la venta de boletos, lo que lleva a priorizar medidas para aumentar su uso”, sostuvo Artigas. Sin embargo, desde el foro cuestionan ese enfoque y proponen repensar el sistema en función de reducir el uso del automóvil, redistribuir la población y mejorar la calidad de vida urbana en sentido amplio.
También tienen interrogantes sobre las alternativas descartadas, como otros sistemas de transporte, y sobre la necesidad del túnel como solución derivada del modelo elegido. A esto se suma la preocupación por el costo económico —estimado en cientos de millones de dólares— y por el impacto de las obras en el tránsito, el comercio y el patrimonio urbano.
Reclaman apertura
Frente a este escenario, el reclamo principal del foro es la apertura de instancias de participación ciudadana. “Consideramos que decisiones de esta escala no deben adoptarse sin información accesible ni consulta pública. Más allá de las posiciones a favor o en contra del proyecto, el debate pone en evidencia una demanda transversal: que el futuro de la ciudad se defina con mayor transparencia, planificación integral y participación social”, concluyó Artigas.