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Política

2002: cuando los Rohm y los Peirano saquearon tres bancos

En enero de 2002 empezó a visibilizarse públicamente la que sería la mayor y más grave crisis financiera vivida en Uruguay. Una crisis que envió a la pobreza a centenares de miles de compatriotas, que puso en riesgo la institucionalidad y que “se llevó” los cuatro bancos privados más grandes entonces.

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Por Carlos Peláez

En esta la primera de una serie de notas, vamos a recordar aquel enero que comenzó con una multitudinaria marcha del Pit-Cnt hacia Punta del Este, continuó con la corrida en el Banco Galicia y el descubrimiento de que Carlos y José Rohm, propietarios del Comercial, habían vaciado al banco.

En la segunda vuelta electoral de 1999, Jorge Batlle (PC) con el apoyo del Partido Nacional, logró imponerse a Tabaré Vázquez (FA), que en la primera vuelta había sido el más votado. El presidente electo, que por entonces mantenía una severa discordia con el líder del Foro Batllista, Julio María Sanguinetti, debió enfrentar en el año 2001 una grave crisis en el sector agropecuario provocada por una epidemia de aftosa. Conocedor del poder que Sanguinetti había tejido con muchos propietarios de medios de comunicación, apenas asumió Batlle encargó al senador Honorio Barrios Tassano, uno de sus hombres de mayor confianza, la elaboración de una ley para caducar todos los permisos otorgados a canales de TV y radios de todo el país. La información, confirmada a este cronista por el mismo senador, comprendía también la autorización para el funcionamiento de radios comunitarias. La crisis de la aftosa impidió seguir adelante con lo que, seguramente, habría provocado una situación impredecible. Pero antes comenzaron a sentirse en Uruguay las repercusiones de la conocida como “crisis del corralito” en Argentina que provocó muertes, movilizaciones masivas, pobreza generalizada, la caída del entonces presidente Fernando de la Rúa, fuga masiva de capitales y el default de la deuda externa. A principios de enero de 2001 La República informaba que “Punta del Este se convirtió en la cabeza más visible de las repercusiones uruguayas a la crisis argentina”. El dólar pasó de 14  a 20 pesos. Los bancos renovaban préstamos solo en dólares y un aumento del 15 por ciento en las mercaderías importadas sumó gravedad a la ya grave crisis social y económica del país.

El matutino agregaba que  “a las 21 horas del viernes (4 de enero), las pizarras del Banco Comercial anunciaban que el precio de venta del dólar era de 20 pesos, precisamente la cifra que el gobierno decía, a esa hora, llegaría a fin de año. Fuentes vinculadas al sistema financiero aseguraron que ese precio era circunstancial, solo para no vender. El día antes las pizarras de los cambios mostraban cifras que iban entre los 14 y los 16 pesos como precio de venta de la moneda americana. Eso podría traducirse, según afirmaron otros operadores, que el precio dependerá del comportamiento del mercado y sobre todo de los bancos. Si la gente visualiza que el dólar seguirá subiendo van a salir todos a comprar y el precio se irá para arriba. Pero no pocos coincidieron en señalar que había  clima de especulación”. El dólar recién superó los 20 pesos a mediados de julio de ese año. En enero de 2002 las grandes cadenas de supermercados remarcaron la mayoría de sus productos en un 10 por ciento y en algunos casos se constataron incrementos de hasta un 30 por ciento.

Aunque si bien Punta del Este era entonces la cara más visible del problema, la situación  apretaba en todo el país. Por esa razón el Pit-Cnt comenzó a organizar una marcha sobre el balneario esteño, para tratar de lograr la atención de medios nacionales e internacionales que venían ignorando las repercusiones de la crisis en la sociedad uruguaya.

 

Miles marcharon al Este

El 24 de enero unas 25.000 personas participaron de uno de los actos más grandes que recuerde la historia de Maldonado. Sólo la caravana organizada por el Pit-Cnt trasladó desde Montevideo a unas 15.000 personas. Pocos días antes la Mesa Política del FA decidió acompañar la movilización y los reclamos de la central. El organismo había recibido entonces varios informes de reconocidos economistas coincidentes con que “Uruguay iba en el mismo camino que Argentina”. La larga marcha rumbo al Este estuvo integrada por unos 220 autobuses -200 que salieron de Montevideo y 20 que se sumaron en el camino- además de 600 automóviles y varios camiones. Incluso se incorporaron autos argentinos, cuyos ocupantes blandían cacerolas y eran saludados con afecto por la gente. Miles de personas salieron al camino a festejar el paso de la caravana que se extendía a los largo de unos 15 kilómetros. Pero el ingreso a San Carlos y Maldonado por rutas 9 y 39 asombró a los propios organizadores: una verdadera multitud, solo vista en campañas electorales, los recibió en ambas localidades. Al ingreso a la capital del departamento se produjo una congestión en el tránsito y los ómnibus debieron estacionarse en las calles laterales. Desde avenida Lavalleja y José Batlle y Ordóñez la multitud, a la que se habían sumado miles de maldonadenses, caminó las 16 cuadras que los separaban del lugar donde finalmente se montó el escenario.

Frente al edificio de Antel, en la avenida Joaquín de Viana, y a unos 300 metros de donde se había instalado la primera línea de contención policial, en pocos minutos se instaló una chata con los equipos de audio y una gran pancarta que decía: “Hasta aquí llega la democracia”.

Eso ocurrió porque el entonces intendente Enrique Antía, con el apoyo del presidente Batlle, impidió la llegada de la marcha a Punta del Este y se montó un operativo policial de regulares dimensiones.

La Central planteó varias medidas para intentar superar la crisis y reclamó la renuncia del ministro de Economía,  Alberto Bensión.

 

La corrida del Galicia

El 12 de enero la sucursal Punta del Este del Banco Galicia de Buenos Aires comenzó a vivir una corrida bancaria ante la posibilidad de que la institución quebrara en pocas horas. Varias fuentes bancarias confirmaron la novedad y aseguraron que “el mayor receptor de esos dineros era el Banco República, por la seguridad que brinda”. El sábado 13 el BROU abrió su sucursal en Gorlero y en una hora de operativa recibió depósitos por algo más de medio millón de dólares, “una cifra muy importante para cualquier época y mucho más si se atiende a las circunstancias”, señalaron entonces dos fuentes. El banquero Eduardo Scasanny, principal del Banco Galicia, era entonces objeto de denuncias políticas y periodísticas en Buenos Aires. “El año pasado era uno de los bancos más fuertes del país, pero hoy tiene las horas contadas, porque fue literalmente vaciado”,  señalaron fuentes bancarias argentinas. Un ciudadano argentino que tenía una suma pequeña depositada en ese banco, que en realidad era una “banca offshore” que se rige por leyes uruguayas, pretendió cobrar los intereses de su plazo fijo para costear las vacaciones esteñas. Pero le dijeron que era imposible porque su dinero “había sido trasladado a Argentina y había quedado bajo las normas del corralito”. Por lo tanto no solo no podían devolverle el dinero, sino que tampoco podían pagarle los intereses generados. El rumor corrió inmediatamente y ese viernes 14 se pudo ver a decenas de depositantes congregados en la vieja casona de la calle 18, donde funcionaba el Galicia, tratando de recuperar su dinero. Inmediatamente se les veía trasladando valijas rumbo al República. Por otro lado, tanto en Punta del Este como en Colonia se habían producido ingresos masivos de personas trasladando dinero. “Es probable que la mitad de lo que salió de Argentina en los últimos días esté depositado en Uruguay”, dijo un importante cambista esteño. A la vez reconoció que “los cambios son, en los hechos, los principales intermediarios en el traslado de dinero. Por una importante comisión, traen el dinero desde la vecina orilla y lo depositan en el banco que el cliente elija”.

Entonces era  absolutamente libre el ingreso de cualquier tipo de valores a nuestro país “y ningún aduanero dirá nada si ingresan valijas con plata”, aseguró la fuente, “algunos ciudadanos argentinos estarían trayendo grandes cantidades en aviones privados que aterrizan en pequeñas pistas del interior del país y luego por carretera van al banco más cercano”. En este caso se trataría de conocidas personas de la política o el mundo empresarial. Una semana atrás, un periodista de la emisora FM Gente informó haber visto al empresario argentino Daniel Hadad, depositando mucho dinero que trasladaba en mochilas, en una sucursal bancaria de La Barra de Maldonado.

El Banco Central de Uruguay decretó la intervención del Galicia durante 90 días. La situación en la sucursal Punta del Este de este banco era calificada como grave. Durante una intervención parlamentaria, la diputada argentina Graciela Ocaña denunció que esta sucursal “había recibido 400 millones de dólares, de un total de 650 millones de la misma moneda que fugaron de Argentina entre el 25 y el 30 de noviembre pasado, antes que se aplicara el corralito”.

 

Los Rohm vaciaron el Banco Comercial

Todas esas noticias no serían las peores que recibiría el presidente Batlle durante ese enero de 2002. La peor le llegó por el presidente del Banco Central. A mediados de ese mes César Rodríguez Batlle, presidente del BCU, recibió una visita en su departamento de Punta del Este, ubicado frente al puerto. El visitante le informó que los hermanos Carlos y José Rohm habían vaciado al Banco Comercial.

Increíblemente un día antes el presidente Batlle anunció que “había alcanzado un acuerdo con los tres principales accionistas del Banco Comercial -JP Morgan Chase & Co., el Credit Suisse-First Boston y el Dresdner Bank- para recapitalizar al Comercial en cien millones de dólares.

Este banco fue vendido a principios de los 90 por el gobierno de Luis Alberto Lacalle Herrera a los hermanos Rohm. Pero debió enfrentar una fuerte oposición del FA y en la interna del propio Partido Nacional encabezada por el diputado Jorge Machiñena, quien calificó a los banqueros como “ladrones” y motivó su ruptura definitiva con el herrerismo.

El banquero uruguayo Carlos Rohm había urdido una maniobra financiera para estafar por casi 800 millones de dólares al Banco Comercial del Uruguay, realizando acciones dolosas que se extendieron hasta Ámsterdam y las Islas Vírgenes, según probó el juez penal José Balcaldi,

Carlos tuvo como principal cómplice a su hermano José en maniobras con bonos y dineros de ahorristas. Pero también estaban implicados varios financistas, siete de los cuales fueron procesados y enviados a prisión por  Balcaldi. La fiscal  Cristina González, en parte de su dictamen que reveló el diario El País, consideró que «la creación falsa de aparente solvencia y prosperidad de la institución bancaria, mediante la utilización de instrumentos y operaciones rodeados de falsedad fue de tal magnitud que engañaron a auditores internos y externos del banco». Los puestos gerenciales «estaban dirigidos por personas que vinieron con Carlos Rohm a Uruguay en 1990 (cuando adquirió el Comercial)  y eran Antonio Lago, Peter Shearer, Ignacio Llambías y Juan José Curone. En estas personas se estructuraba y resumía todo el poder», agregó la fiscal. El dictamen responsabilizaba  a los integrantes de la cúpula gerencial del Banco Comercial -o sus empresas subsidiarias- así como al corredor de bolsa Ignacio Rospide, por participar del «maquillaje financiero» del Banco Comercial.  Asimismo, se informó que cuando el Comercial adquirió el ING Bank Uruguay, la institución ofrecía a sus clientes la posibilidad de colocar depósitos a plazo fijo en ING Amsterdam.

Un informe de los peritos señaló que la «Compañía General de Negocios y CGN S.A. de Islas Vírgenes, colaterales de los Rohm, fueron herramientas desarrolladas con propósitos de desviación y desaparición de cientos de millones de dólares para lo cual el Banco General de Negocios y San Luis Financial ingeniaron múltiples y enredadas operaciones financieras», por lo que «se ha producido un verdadero vaciamiento de la empresa». El diario La Nación de la República Argentina informó sobre cómo se realizó la maniobra financiera que tenía preso a Carlos Rohm, e vicepresidente del Banco Comercial del Uruguay, y que afectaba  a esa institución bancaria y a una casa de cambio propiedad de los hermanos, también uruguaya, llamada Compañía General de Negocios, en 290 millones de dólares de deudas incobrables.

Esta sería la maniobra revelada por José Puchi Rohm a sus socios en Suiza quienes terminaron denunciando a los banqueros ante la justicia argentina por fraude. El matutino bonaerense aseguraba que en su declaración ante la jueza María Servini de Cubría, el mismo día en que comenzaba la corrida en el Galicia, Carlos Rohm dijo que “su proceso era digno de un Estado de terror similar al ruso en la época de Stalin o de la Gestapo en la época de Hitler”. El banquero estaba acusado del delito de subversión económica. A su vez la jueza federal argentina María Servini de Cubría ordenó  a Interpol que detuviera en forma inmediata a José Puchi Rohm, a quien se presumía en EEUU para interrogarlo en torno a su posible vinculación a la estafa cometida por su hermano contra el Banco General de Negocios de Argentina, que afectó al Banco Comercial de Uruguay. Puchi era el yerno de David Mulford, vicepresidente internacional del Credit Suisse y socios en el Comercial.

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