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Columna destacada |

A que no sabe cómo empezó el fútbol

Por Rafael Bayce.

Uruguay es uno de los países más futboleros del mundo, y quizás el que más enraíza su orgullo nacional en los triunfos futbolísticos internacionales conseguidos: rioplatenses, sudamericanos, mundiales.

Sin embargo, es casi seguro que usted no sepa la enorme diferencia que hay entre el fútbol tal como es hoy, o como era en el siglo XX, digamos, respecto a lo que era hace un siglo, cuando la pasión y los resultados empezaron a constituirlo en que lo que ha llegado a ser hoy. Y no le estoy hablando de las diferencias en las trasmisiones, en los estadios, en el lujo de que disfrutan todos sus protagonistas, en todo lo que cambió socioeconómicamente del fútbol desde un pasado que probablemente no conozca, tenga usted 20, 40, 60 u 80 años. Como deporte mismo, ¿cómo fue cambiando hasta llegar a ser lo que todos conocemos? Verá.

 

Deporte: superación cultural del movimiento para sobrevivir

El fútbol cambió enormemente, en sus reglas como juego, que son las que lo constituyen como tal, fundamentalmente durante esos años. Y no creo que usted sepa mucho de lo que pasó en esos años fundamentalmente, porque no es tan fácil de rastrear. Lo veremos.

Pero quizás tampoco pensó usted en el fútbol como actividad sociocultural, como deporte, como juego deportivo, como juego deportivo asociado, como todo lo que es como actividad humana, específica sí, pero también parte de géneros más amplios de actividad humana.

Antes que nada, el fútbol es un deporte. Y los deportes son actividades socioculturales de expresividad corporal y lúdica muy interesantes. Los deportes resignifican, en tiempos formalmente pacíficos, movimientos y actividades que los seres humanos hacían con finalidades de defensa y ataque para la supervivencia cotidiana, y para funciones bélicas.

La humanidad corría, saltaba, nadaba, se zambullía, remaba, lanzaba objetos, levantaba pesos, empujaba, tironeaba, luchaba, peleaba, con esas finalidades. Con la invención de los deportes esas cosas no se hacen ya para cazar, pescar, pelear, matar o salvar vidas y bienes; en suma para sobrevivir o en actividades de conquista, en defensa o en ataque. Se corre por correr, para expresar energías, perseguir gloria competitiva u obtener honor para los grupos de pertenencia; no se necesita cazar algo o escapar de algo para que correr tenga sentido. Y así también con todas las otras actividades, expresadas en ‘verbos’ en el párrafo anterior. Los deportes son un progreso civilizatorio porque expresan intereses y valores simbólicamente valiosos aunque no consigan nada materialmente importante por sí mismo, salvo lucros simbólicos que, sin embargo, encarnan intereses crecientemente y como perversión de ese ideal neo-griego de la espiritualidad liberal que insufló en Baron Pierre de Coubertin con el olimpismo moderno. Y concita enormes adhesiones y pasiones en este, su más evolucionado sentido y significado.

En esta resignificación cultural, civilizatoria, de las actividades físicas, las actividades humanas resignificadas como deportes sufren algunos cambios respecto de las actividades en su contexto pre-deportivo. Por ejemplo, para correr más rápido no solo son necesarias mejores pistas, ropa y entrenamiento, sino también una técnica que no podría haberse usado cuando era una actividad humana pre-deportiva, de supervivencia. Si alguien corriera por un bosque como un velocista, como Usain Bolt, sufriría innumerables lesiones y dudosamente escaparía o cazaría; lo mismo un futbolista, que, para poder frenar, acelerar, cambiar de dirección, pasar, trabar, saltar, soportar contactos físicos, no debe pisar ni erguir el tronco ni bracear como un velocista; tampoco un soldado de infantería cargado con armas, municiones y vituallas puede llevarlas corriendo como un atleta, ni persiguiendo récords; cuando tira no puede hacerlo como un tirador olímpico herméticamente aislado; un indígena perseguido por un reptil o felino no puede preparar un salto al agua como lo hace un saltador olímpico de trampolín; saltaría peor, obtendría menor puntaje del jurado, pero salvaría su vida con mayor probabilidad. Uno siente la tentación de aplicar aquí, un poco forzadamente, el dicho de lo mejor es enemigo de lo bueno en cuanto a la funcionalidad de los perfeccionamientos motores. Las actividades físicas humanas de supervivencia, pacífica o bélica, entonces, sufren algunos cambios para resignificarse culturalmente como deportes.

Pero, además, resignificar culturalmente actividades de supervivencia como deportes, como actividades recreativas, lúdicas o expresivas, esto implica que se han logrado progresos culturales, económicos, técnicos, que le permiten invertir tiempo y recursos en actividades superfluas para la supervivencia, no necesitando ya, como antaño, dedicarle todo su tiempo, tareas y energías a sobrevivir y prepararse para ello.

La humanidad inventó, más tarde, deportes que integran varios de los movimientos que constituían por sí mismos deportes, deportes que conjugan actividades primariamente separadas. Quizás metáforas anticipadas de estos deportes de segunda generación, que integran a los de primera que subliman recursos de supervivencia, que se ejercen colectivamente y que son manifiestamente lúdicos, son el decatlón y el pentatlón. Dentro de los deportes, esos deportes novedosos, de segunda generación, son los llamados ‘juegos deportivos’; en ellos hay que correr, saltar, etc. y no solo hacer una de esas cosas; y además colectivamente, de modos más complejos que los manifiestos por ejemplo en actividades de deportividad primitiva como las competencias de cinchar en grupo de una cuerda, o en los empujones de un scrum fijo o volante de rugby.

Pues bien, el fútbol es un deporte, y un juego deportivo asociado, colectivo; el más exitoso en la historia de la civilización humana, por ahora.

¿Cómo surgió?

 

Enormes cambios en las reglas de juego 1860-1925

Las primeras reglas internacionales se fijan en 1863; y el más importante grupo de reglas cambia decisivamente hasta 1925; desde ese entonces, en 100 años, el fútbol no ha cambiado tanto como cambió en esos primeros 60.

¿Qué pasó antes de 1925?

Antes que nada, ya desde tiempos antiguos varias civilizaciones tenían entrenamientos bélicos que consistían en que un grupo intentaba llevar algo hasta por detrás de determinada línea de defensa rival; no podemos resistir la tentación de pensar en la maniobra de infantería con que el ejército ruso dio vuelta la segunda guerra mundial saliendo, subterráneamente y simultáneamente, por las retaguardias de los sitiadores nazis de San Petersburgo y Moscú en una tan genial como épica maniobra; el juego del harpastrum romano fue un modelo claro, y plausible de heredarse, dado su pasado imperial vigente en las islas británicas. Pues bien, en las islas, quizás con esa herencia, surgió un deporte, el hurling, más arraigado en Escocia que en el resto, en que se llevaba un balón, con los pies, las manos y hasta por medio de pases, hasta ultrapasar una línea, defendida por rivales. El hurling deriva, a mediados del siglo XIX, en una bifurcación de esos deportes-entrenamientos bélicos. En efecto, luego de superar su inicial radicación en los colegios como actividad anti-masturbatoria preventiva (fines del siglo XVIII y principios del XIX), cuando el deporte y un burdo fútbol se extienden y popularizan, aparecen partidarios de usar fundamentalmente los pies para atacar la línea defendida; esos fundarán el foot-ball, y sus seguidores serán llamados soccers; los partidarios de privilegiar las manos en ese empeño consolidarán el rugby, con seguidores llamados ruggers. El rugby consolidó sus reglas hacia 1842 y el fútbol recién en 1863. Pero ambos construirán deportes mixtos, con uso primordial de las manos para manejar la pelota en el rugby; con uso primordial de los pies en el fútbol; pero ambos sancionando el uso de las extremidades desprivilegiadas, ambos permitiéndolas en parte, aunque secundariamente respecto de las extremidades privilegiadas como herramientas funcionales para perseguir los objetivos del juego. En rugby se pueden hacer shots hacia adelante, y la conversión después de los tries, tanto como la ejecución de los penales, se hacen con el pie. En fútbol, hay un jugador que puede usar las manos para manejar el balón, el arquero, en especial para impedir la entrada del balón en el arco, aunque también para ceder el balón a otros; también los saques de banda se hacen con las manos, y no con los pies.

Pues bien, en los comienzos, mediados del siglo XIX, no había sistemas de juego, diagramas ni dibujos geométricos con ordenamientos de los jugadores. Inicialmente, un malón ofensivo buscaba introducir el balón en un arco, ya no una línea como en la más primitivo rugby, con la oposición de otro malón defensivo; ese arco no tenía siquiera poste horizontal para delimitar una superficie opuesta a la de la conversión del rugby; ni tampoco un jugador encargado de evitar la introducción del balón en ese arco ahora con horizontal; el arquero es una invención posterior a la del arco en sustitución de la línea (el goal en el arco sustituye al try en la línea). El arco surgió porque era demasiado fácil superar una línea con un tiro o transporte del balón, y se exigió entonces algo más arduo, como introducirlo en un arco; también se entendió que la conversión en fútbol sería por debajo del horizontal, la del rugby por encima. La excesiva vulnerabilidad de los arcos, aun menor que la superación de las líneas, objetivo menos primitivo que el de las líneas, dio la idea de permitir que uno de los jugadores, aún no 11, usara las manos para impedir que sobre todo los tiros con el pie entraran en el novedosamente diseñado ‘arco’, espacio rectangular por debajo de un poste horizontal y entre postes laterales.

De modo que el primer sistema de juego, posterior al malón originario de todos contra todos, es un 1-10, un arquero y otros, finalmente 10 más. Hasta 1863, y como en el rugby, no se podía jugar el balón hacia adelante. Pero como eso hizo muy difícil atacar, en 1866 se admitió el juego hacia adelante, con manos y pies, aunque, para evitar aglomeraciones en torno a los arcos, se inventa la posición adelantada que pone fuera de juego al que recibe un pase hacia adelante si hay menos de 3 rivales entre él y el arco en el momento en que el pase sale del pasador. También se permite, desde 1875, el intercambio de pases más allá de tomar segundas pelotas disputadas por otros (era un recurso muy escocés, más influido por los pases del hurling, precursor de fútbol y rugby en las islas).

 

La sucesión de los sistemas de juego

Con esas reglas, los sistemas de juego van aumentando los defensores, que ahora deben enfrentar mejores tiros y pases, y también aparecen los novedosos mediocampistas, que intentan cortar el juego rival más lejos de la valla propia, ahora que hay combinaciones de pases, y también iniciar los ataques desde más atrás, antes. A las dos líneas iniciales, la del arquero y la de los demás, indiferenciados, suceden, prontamente, tres más: defensores, mediocampistas y delanteros. En 1881, los ingleses, en formación 1-1-1-8, se quejan de que los escoceses, de modo poco ético, valiente o viril, se presentan con un timorato y tímido 1-2-2-6. Pero todos estos escarceos terminan con otro cambio drástico de reglas. Se consolida, hacia fines del siglo XIX, ya con reglas más consolidadas, un sistema 1-2-3-5 (arquero, dos zagueros, tres mediocampistas, cinco delanteros), ya que son necesarios 3 jugadores para, adelantándose, dejar en off-side a los rivales según la regla de 1863. Pero suceden varias cosas que irán, poco a poco, preparando el nuevo drástico cambio de la ley del off-side de 1925: los necesarios entre arco y receptor del pase serán ahora 2 y ya no 3 como lo fue desde 1863. Los motivos básicos fueron: a, había que aumentar los goles convertidos, que habían mermado con la exigente ley del off-side de 1863; b, los equipos habían sistematizado el off-side provocado, cuyos efectos serían menores si se disminuían los necesarios para configurar el off-side y era más difícil la infracción; c, la limitación del off-side al campo rival no había surtido tanto efecto en el aumento del goleo; d, los ingleses habían descubierto que con pases largos a las puntas, los 2 zagueros provocadores del off-side en el 2-3-5 no llegaban con facilidad a los laterales; eran insuficientes para cubrir las entradas de delanteros externos lanzados en profundidad; todo ello comenzó a exigir que los medios laterales, partes del ‘3’ del 1-2-3-5, estuvieran más atentos o se retrasaran para que los extremos lanzados por los pelotazos no acudieran a ellos de frente y con ventajas sobre los laterales que quisieran reaccionar. Entonces, un solo zaguero para un solo delantero central, suficiente para provocar offsides sin necesidad de un segundo zaguero central para ello, más dos medios laterales retrasados, conforman ahora una línea defensiva de 3, en lugar de los 2 anteriores; los medios se articulan en dos líneas: una de dos más defensiva, y otra de dos más ofensiva, dos líneas medias en lugar de una sola anterior, los 3 de la línea media en el 2-3-5 se vuelven dos líneas, 2-2. Aumentada un uno la línea defensiva (de 2 a 3), y aumentada la línea media también en uno (de 3 a 2-2, 4), la línea de atacantes disminuye de 5 a 3. Total: del 1-2-3-5, sistema piramidal clásico, al 1-3-2-2-3, WM, como producto de los cambios vistos. El 2-3-5 se había articulado aproximadamente a fines del siglo XIX, como resultado final de todos los cambios de reglas y experimentos sistémicos, y durará hasta 1925. El siguiente, WM, 3-2-2-3, seguirá dominando hasta fines de los años 50. En ese entonces, a iniciativa y con el marketing triunfal del Santos 1957 inmediatamente anterior a Pelé, y con el Brasil campeón de 1958, se sustituye el imperio del 3-2-2-3 por el 4-2-4, con reénfasis en los sectores finales, y no en los medios. Las fragilidades del mediocampo del 4-2-4, promueven, desde el mismo Brasil, su sustitución por el 4-3-3, que ya venía cultivado desde Europa Central e impuesto paulatinamente en América del Sur por extranjeros y locales. Necesidades de emparejamiento de desigualdades técnicas producen diversos ‘cerrojos’ ultradefensivos, la aparición de líberos y la fundación de un fútbol de contragolpe, que no es tanto una compensación ultradefensiva de una inferioridad sino el mejor aprovechamiento, disponiendo de los jugadores adecuados, del achicamiento de los espacios en defensa, y de la apertura simultánea de espacios mayores para atacar desde atrás; el Inter de H. Herrera es el paradigma histórico multivencedor. Las líneas defensivas de 4 en lugar de 3, y la marca zonal en lugar de la individual producen la muerte de los punteros fijos, la aparición de los laterales de ataques, la resurrección de la doble punta del 4-2-4: nace el 4-4-2 más o menos por 1966, con variantes como la de la Inglaterra campeona de Alf Ramsey, y el Uruguay de Ondino Viera, también de 1966. La Argentina de 1986 de Carlos Bilardo, campeona con un novedoso 3-5-2. Siguen aumentando los defensores y/o los mediocampistas en desmedro de los delanteros fijos, en vías de desaparición como tales, aunque sobrevivientes como como pivotes y ‘carnadas’ defensivas. Todos los sistemas de los principales clubes y selecciones del mundo hoy son variantes y combinaciones del 4-3-3, del 4-4-2 y del 3-5-2, pero interpretados con estilos de juego en constante evolución desde los criterios de los pioneros escoceses, centroeuropeos, holandeses y rusos que crearon el fútbol moderno, no sus sistemas, diagramas geométricos de estructuras posicionales básicas para la dinámica colectiva.

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