Mi hermana no se suicidó, la mató la policía se titula una de las notas publicadas en el medio de Argentina Cosecha Roja por las muertes de personas en comisarías luego de ser detenidas por violar la cuarentena. La policía asegura que fueron suicidios, pero las familias están convencidas de que fueron asesinadas.
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Florencia Magalí Morales. de 39 años, salió el 5 de abril a hacer compras en bici. La detuvieron por violar la cuarentena, Unas horas después Florencia apareció muerta en una comisaría de Santa Rosa de Conlara, en la provincia de San Luis. «¿Por qué no realizaron la autopsia como debían? ¿Por qué el forense obvió las escoriaciones que tenía en la rodilla, marcas de una fricción repetitiva? ¿Por qué no hizo hisopado en sus partes íntimas?», se pregunta la hermana, y denuncia: «obvió el pantalón mojado y las marcas de defensa que tenía en sus brazos y en su rostro».
La versión de la policía es que Florencia, así sin más, se había ahorcado en la celda con el cordón del buzo que llevaba puesto. «Cuando mi sobrino fue a reconocer el cuerpo en la morgue vio que tenía marcas de dedos. Tres de un lado y dos del otro. En el parte médico dijeron que fue ‘muerte por asfixia’, pero hay muchas formas de asfixia», dijo Andrea, la hermana, en esta otra nota del mismo medio.

También en San Luis apareció muerto en una celda Franco Maranguello, de 16 años. Estaba en la puerta de su casa con un vecino a una hora no permitida por el decreto provincial. La muerte de Franco fue el 24 de abril. El policía que estaba a cargo esa noche, Fabricio Giménez, no presentó su celular como prueba.
La versión policial es la misma que en el caso de Florencia: dicen que se ahorcó con su remera. Había estado solo dos horas en la celda. «Un detalle que hace mucho ruido es que si Franco se subió a la litera de cemento para enganchar su remera en los barrotes, no pudo haber manera de que sus piernas colgaran: medía un metro ochenta y se hubiera dado la cabeza contra el techo», explican en Cosecha Roja, Argentina.