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Luis Lacalle Pou |

Luisito comunica

Arrancó la campaña: Lacalle Pou reivindicó su gestión, admitió errores y habló como "militante"

"Me he vuelto menos hortodoxo !! ....Nuestro gobierno fue profundamente humanista !!! ... Justicia es tratar desigual a los desiguales!!", dijo Lacalle Pou.

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Caras y Caretas Diario

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Tras varios meses trabajando detrás de escena, Luis Lacalle Pou volvió este domingo a hablar ante la militancia nacionalista y aprovechó el acto por los 190 años del Partido Nacional para hacer un balance de su gobierno, reivindicar las decisiones adoptadas durante su administración y plantear una reflexión sobre el papel de la política en una sociedad que, según sostuvo, reclama respuestas cada vez más rápidas.

El expresidente eligió cuidadosamente el lugar desde el que quiso hablar. “Hoy llego como militante del Partido Nacional, en el llano, entre ustedes, donde me gusta estar”, afirmó frente a la sede partidaria, en la Plaza Matriz. La definición no fue menor: después de meses de silencio público y en medio de las discusiones sobre el rumbo que debe tomar el Partido Nacional, Lacalle Pou buscó presentarse antes que nada como dirigente partidario, sin anunciar candidaturas ni adelantar decisiones electorales.

“Yo le voy a hablar del día de hoy. No le voy a hablar para atrás y quizás algo para mañana”, señaló.

Sin embargo, el balance de su administración ocupó un lugar central en su discurso. Lacalle Pou aseguró estar “tranquilo” y “satisfecho”, aunque estableció una diferencia: “no estoy conforme”. Admitió que durante su gobierno hubo “aciertos” y también “errores”, como ocurre, dijo, con “toda obra humana”, pero sostuvo que el objetivo que orientó la gestión fue siempre “el bienestar de todos y cada uno de nuestros compatriotas”.

Lacalle Pou reivindicó su gestión

El expresidente evitó presentar su administración como una obra sin errores, pero defendió las decisiones adoptadas y dejó planteada una idea que parece destinada a atravesar el debate político del Partido Nacional: la necesidad de defender las convicciones propias. “Firme con las ideas y suave con las personas”, afirmó.

Reivindicó una política que no se convierta en un concurso de egos

Buena parte del discurso estuvo dedicada precisamente a cuestionar el tono que ha adquirido la discusión política. Lacalle Pou advirtió sobre el riesgo de que las diferencias entre partidos y dirigentes terminen reducidas al insulto, el agravio o una competencia permanente por imponerse sobre el adversario.

“No estoy hablando solo de honestidad, estoy hablando de justicia. Estoy hablando de esfuerzo. Estoy hablando sobre todo de querer”, sostuvo al referirse a las condiciones que, a su juicio, deberían reunir quienes participan de la actividad política.

En ese punto, el exmandatario buscó colocar una idea por encima de la lógica partidaria. Dijo no creer que existan dirigentes “bien inspirados” de un lado y “mal inspirados” del otro, porque “hay gente bien inspirada en todos los partidos políticos”.

La afirmación funciona también como una toma de posición frente a una política cada vez más atravesada por la polarización.

Mensaje a la interna del Partido Nacional

La política pierde, sostuvo, cuando se convierte en “un concurso de egos, el insulto o el agravio”. Y agregó una frase que condensó buena parte de su planteo: “Si no podemos resolver las cosas a la gente, por lo menos tengámosle respeto”.

La apelación al respeto no implicó, en su discurso, una defensa de la moderación como renuncia a las convicciones. Por el contrario, Lacalle Pou reivindicó la firmeza en las ideas, pero pidió separar esa firmeza del trato hacia quienes piensan diferente.

La autoridad, la libertad y la velocidad de la política

El discurso también incorporó una preocupación que excede la coyuntura partidaria: la relación entre la política, la autoridad y las nuevas demandas de una sociedad atravesada por cambios tecnológicos acelerados.

En ese marco apareció la inteligencia artificial. Lacalle Pou planteó que el fenómeno no debería ser abordado exclusivamente desde sus riesgos o dificultades, sino también como una herramienta capaz de transformar la gestión pública.

“La inteligencia artificial tiene y debe y puede, y abracémosla, como una manera de acelerar la política”, afirmó.

De allí derivó una de las definiciones más contundentes de su discurso: si las necesidades de la sociedad avanzan más rápido que la política, no corresponde pedirle a la gente que reduzca sus demandas.

“Si no es la gente que tiene que frenar, es la política que tiene que apurarse”, planteó.

La particularidad del discurso estuvo también en aquello que Lacalle Pou decidió no decir. Su regreso público había generado expectativa dentro del Partido Nacional, especialmente después de varios meses de bajo perfil y en momentos en que el partido discute su identidad, su estrategia opositora y el liderazgo que deberá construir hacia el futuro.

Pero el expresidente evitó transformar el acto por los 190 años del Partido Nacional en un lanzamiento político.

No habló de una eventual candidatura ni realizó una definición electoral. Se ubicó, deliberadamente, “en el llano” y como “militante” del partido. Aun así, su sola presencia y la expectativa generada alrededor de su discurso volvieron a colocar su figura en el centro de la escena nacionalista.

El mensaje tuvo, de ese modo, una doble dimensión. Por un lado, fue un balance de los cinco años de gobierno y una reivindicación de las decisiones adoptadas durante su administración. Por otro, funcionó como una intervención sobre el presente y el futuro de la política uruguaya.