Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Arte y cultura | Eté & Los Problems | Ernesto Tabárez | Atardecer naranja

Por las grietas entra la luz

Eté & Los Problems cumple 20 años: "Ahora hay que contar el bien"

Ernesto Tabárez de Eté & Los Problems habla sobre el festejo de los 20 años en el Teatro de Verano y el rock como la belleza de lo que está roto.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Ernesto Tabárez hace más de 20 años que hace metáforas y canciones. Y hace más o menos 20 que esas canciones suenan desde Eté & Los Problems, una banda fundamental del rock uruguayo y de la escena musical en Latinoamérica.

Durante todos esos años convidaron canciones que, más que ideas, comparten experiencias. Y capaz sea por eso que escucharlo te hace sentir menos solo, parte de una comunidad, aunque sea difusa.

Desde la urgencia eléctrica de Malditos banquetes en 2007 hasta la contemplación marina de Plata, su último disco -editado en 2024 y nominado este año a varios Premios Graffiti- el grupo trazó una deriva emocional y sonora que acompaña a varias generaciones, y más que un retrato de la época funciona como un mosaico de metáforas y afectos. A sus veinte años, van a festejar ese recorrido con un toque en el Teatro de Verano, muy cerca del mar, en un ritual que condensa la historia y la marea que viene. Las entradas pueden adquirirse aquí.

Ernesto Tabárez compone desde la desmesura: guarda miles de notas de voz y deja que las canciones se vayan filtrando como corrientes subterráneas hasta que encuentran el cauce. Dice que “una canción es el objeto cultural perfecto”, porque puede condensar la historia de la humanidad en pocos minutos. Y también dice que “el horror ya fue cantado, y ahora su trabajo es para la belleza”. Con su música, la canción se revela como una forma de fe y de pensamiento crítico al mismo tiempo. Su obra sostiene una poética que va del cuerpo a la idea, del ruido a la plegaria, del puerto al resplandor plateado donde lo humano se refleja y se disuelve. Plata apareció como un disco sobre el límite —entre lo que puede decirse y lo que sólo puede escucharse—, y esta conversación es una invitación a pensar en la música como la armonía que suena alrededor del misterio.

Embed - Atardecer Naranja #23. Ernesto Tabárez

Eté & Los Problems cumple 20 años. El disco nuevo se llama Plata. Cuando empezaba a preparar la entrevista se me venía Volver de Gardel por lo de que “20 años no es nada” y “las nieves del tiempo platearon mi sien”. ¿Qué sentís de este recorrido? ¿Cuán febril se volvió tu mirada?

Sí, de hecho, durante un tiempo fantaseé con tocar una canción nueva en estos 20 años en el Teatro de Verano y pensaba que tenía que ver algo con Volver, pero no llegué. Es difícil hacer canciones, y más si uno las hace forzando una dirección. Es más fácil hacer una canción que no esperás que hacer una canción que estás buscando. Y no llegué, pero bueno, sí. Las nieves del tiempo platearon mi sien. Eso es inevitable, hay que aceptarlo. Pero no estoy en ese momento del amor que dice la canción. Estoy en otro.

¿En qué momento del amor estás?

No lo sé. Me separé hace poquito, muy poquito, hace dos meses. Entonces, estoy descubriendo un nuevo mundo, y acostumbrándome, acomodándome. Hay días que son solitarios. Pensé que iba a hacer más canciones, pero también creo que no es lo que quiero hacer, no quiero hacer canciones de corazones rotos. Ni tampoco me siento así, ni me siento una víctima de nada.

Yo para hacer discos, trato de no pensar en mí. Mi parte es indivisible en el disco. Entonces, yo pienso en lo otro, y después, no puedo evitar que esté atravesado por mí, pero no busco contarme a mí.

Busco contar las cosas que me están interesando, las cosas que me comen el coco, las cosas que me tienen pensando en eso. Después, todo al final termina siendo de mí, pero no es mi intención. Me pasa lo mismo con hacer música uruguaya. Es inevitable. Yo lo que tengo que pensar es la canción. Después, todo lo demás son consecuencias del trabajo de la canción. Yo lo que busco es qué es lo que quiero contar. Desde qué lugar quiero habitar las canciones. Qué quiero dar con esas canciones, qué quiero recibir cuando las escucho. Es otro el camino. Después me terminan explicando a mí cosas de mí. Incluso, la mayoría de esas canciones no se publican. Yo escribo muchas canciones que no salen cuando empiezo a trabajar un tema. Entonces, a veces me explico más en esas canciones que en las que salen, porque eso es una parte casi privada. Lucrecia Martel decía que una película es un proceso íntimo que se vuelve público. A mí me pasa un poco eso. Yo empiezo un proceso íntimo de interés personal por el puerto, la navegación, no sé qué, y ahí termina saliendo Plata. Pero empezó como un proceso de cosas que yo estaba pensando. Lo primero que pensé no fue voy a hacer un disco del mar. Lo primero que pensé fue en el mar. Estaba pensando en el mar y en un momento me doy cuenta. Después de un rato pensando en el mar digo: “Mirá, se va a venir un disco de esto”. Pero después hay que hacerlo.

IMG_9726 (1)

Canciones de agua, aire, fuego y tierra

Contaste en otras entrevistas que te propusiste hacer un disco sobre el mar, pero que después algo de la tarea se volvió inalcanzable y por eso llegaste hasta la superficie, hasta el resplandor plateado.

Sí, y después, más tarde, he descubierto que en realidad es un disco del puerto, que es el último punto donde la humanidad puede hacer algo antes del mar. Después manda al mar. En el puerto todavía podés tomar algunas decisiones. Es un disco de la experiencia humana en el mar. La canción Plata surge en el momento en el que me di cuenta que había cosas inalcanzables de lo que me estaba proponiendo y que era necesario que se mantuvieran así. En todo caso no me correspondía a mí y creo que no le corresponde a nadie. Pero sí podía contar la superficie, el reflejo y, por lo tanto, contarnos a nosotros.

¿Qué dirías de la frase de Oscar Wilde “No hay nada más profundo que la superficie”?

Que no sé si es cierta, pero es linda. Esa idea está, sí: no importa cuánto contemos, cuánto aguantemos el aire debajo del agua, no accedés a ese misterio. No se accede al misterio del mar, te quedás en la superficie. Y la canción, además, está vinculada con una cosa amorosa del misterio del otro, del interior del otro como un misterio inalcanzable. Yo creo que uno hace sus propias canciones y al mismo tiempo trabaja sobre la canción universal. Un amigo decía que la canción universal era como una hoguera en la que cada uno tiraba el palito que tenía. Esto viene de que un día escuchó Jordan. Ni bien terminé el demo se la mandé a un grupo de personas con las que jugaba al básquetbol y él estaba en ese grupo. Y él me dijo, “es un leño gigante en la hoguera de la canción eterna”. Me dijo, “con esto y unos palitos la llevamos”. Me parece también que hay metáforas que están siempre repetidas. Borges ha hablado infinitamente de esto, de las metáforas canónicas. Tiene un texto que se llama “La Metáfora”, donde habla mucho de eso mismo, de cómo los signos se repiten... El tiempo y el río, la muerte y el sueño, el día y la vida, en fin. Hay un trabajo de eso que ya es canónico y uno no tiene mucho más que hacerle. Uno no tiene por qué romperlo ahí, pero sí puede buscarle una cierta mirada propia, una cosa que es chiquita a veces, pero incluso a veces logra romperlo todo. Porque nos puede tocar a cualquiera, si estamos trabajando sobre la materia de la canción, encontrar una nueva. Lo que pasa es que, al mismo tiempo, es necesaria que la metáfora sea común.

A mí me gustan las canciones que se parecen a otra, pero que al mismo tiempo nunca las hayas escuchado. Creo que así pertenecen a la tradición. Yo no busco una música rupturista, no me interesa ser la vanguardia de nada.

Además, primero, no tengo la intención y probablemente no tenga la capacidad. A mí me gusta hacer canciones pertenecientes al género de la canción, a la música popular. Es una tarea que tenemos que sostener. Hay varios. Y yo soy uno, yo me encargo de eso, yo trabajo de eso. Obviamente busco empujar el borde de lo compositivo hasta donde te llegue a vos, pero trato de no poner nunca a la vanguardia por encima de la canción. Creo que Ismael es una canción extraña y medio única en su especie, me parece que es una canción particular. Sin embargo, no fue lo que yo busqué. Yo busqué contar eso, bien contado, y el resto será dado por añadidura.

Hay algo de tu proceso de composición que es oceánico, en el sentido de que tenés ocho mil notas de voz, un montón de acopio de información, y después todo eso decanta y deviene en un cuerpo de canciones. ¿Cómo es el proceso de renuncia en el proceso creativo, de soltar algo, de decir, “bueno, esto no va”?

Depende. Hay canciones que mato inmediatamente, hay otras que me doy cuenta cuando las estoy haciendo que van a morir. Con algunas me doy cuenta incluso en el momento exacto en el que están sucediendo que están sucediendo para que suceda otra cosa, porque en realidad ninguna canción muere si después sale el disco. Todas son un proceso, no es que yo renuncio a una canción. Cada canción es un paso a las canciones que van a ir al disco, entonces no hay muerte en sí. Hay una causa común para todas las canciones que es que tengamos un conjunto de canciones que lleguen a ser disco. Entonces, no se murió nada. Hay canciones que estaban ahí solo para que yo empezara a trabajar, que estaban ahí solo para que yo empezara a usar la palabra Ismael, hay canciones que están ahí solo para que yo use dos acordes uno atrás del otro, de los ocho que tenga la canción. Por eso si yo pusiera todas las pistas que tengo guardadas, todo está en el disco. Esto que estaba acá de alguna manera aparece acá de otra, por eso no me cuesta, porque todo es proceso.

El Éxodo y Hambre eran discos más oscuros, también eran más terrenales o incendiarios, tenían algo más del fuego y de la tierra, siento que con Plata aparece otra luminosidad vinculada al agua. ¿Cómo es tu vínculo con los elementos como creador?, ¿y cómo te vinculás con la oscuridad en la creación, qué antídotos usás para no quedarte pegado?

Hay una cosa de los elementos, sí, fui consciente de eso. Para no quedarme pegado en la oscuridad hago lo que puedo. No tengo antídotos. Hago lo que puedo, cuando puedo, como puedo, me vuelvo loco a veces. Uso los mismos elementos que usamos todos para no volverme loco, o lo mismo que hacen todas las personas que salen a trabajar y se suben un ómnibus en hora pico. Estar chequeándote, fijarte. Es cierto que mi trabajo a veces me lleva a lugares a los que yo quiero acceder. A veces quiero estar 30 horas trabajando en una canción de corrido, tomando mate, y ver hasta dónde llego, durazo de mate, a las 7 de la mañana, mirando la misma palabra, poniéndolo en repeat y quedándome así, escuchando el demo que estoy haciendo en repeat y pensando y durmiéndome una siesta, escuchándolo y despertándome si lo tengo. Todo ese caos a mí me interesa, porque es forzar, porque hay un momento en el que hay un proceso de acumulación de material y hay otro momento que es Peñarol, es un córner, es codazo, caída, rodilla, hombro, gol. Gol y me voy corriendo, y me parece que es necesario, porque a mí no me interesa hacer obra puramente reflexiva, no es lo mío. Nosotros somos de carne, Los Problems es una banda de carne, es una banda que incluso en este disco, que es el más contemplativo, busca que se vean las venas. Por eso me gusta el rock, porque me interesa mostrar eso, mostrar las partes sucias de las cosas también. Pero es cierto que en Plata yo busqué una luminosidad necesaria, además porque es el disco que empecé a hacer en la pandemia, con una hija de dos años y medio. La madre salía a trabajar, yo me quedaba, no podía tocar, no tenía plata, a todo nos pasó.

No está medido el daño de ese tiempo, no está medido, no se va a medir, pero a mí me afectó mucho ese tiempo, yo estuve mucho tiempo sin trabajar, tratando de escribir, pero viviendo poco. Y hay que vivir mucho para escribir. Por eso es un disco más contemplativo, yo estaba sentado, el balcón de mi casa de ese momento, que daba al puerto. Hablé de lo único que podía mirar, imaginando el mar como un espacio de libertad comparado con lo que estaba viviendo. También por eso de que el horror ya fue cantado, tenía que ver con eso. Con qué derecho iba a sumar horror al horror, con qué derecho sumar horror al mundo.

Hay un momento en que sí, hay que mostrarlo, hay que sostener el horror como un objeto, para saber de lo que estamos hablando, porque no se puede ser hipócrita tampoco. Las canciones son necesarias, pero ahora siento otra cosa. Ahora hay que contar el bien. Ahora siento que hay una tarea que hacer ahí.

Así como hace 13 años, cuando hice Vil, quería contar el mal, era lo que tenía ganas, me parecía que era lo que había que hacer. Estábamos en una situación muy festiva, estaba Sudáfrica 2010, y yo dije, ¿cómo hacemos con todo esto, con toda esta otra parte? Pero ahora yo siento que no soy yo el que le tiene que sumar horror al mundo. También tiene mucho que ver con el nacimiento de mi hija. Lo hablé con el productor, con Ale, me dijo, “¿para qué querés hacer un disco?”. “Quiero hacer un mundo más lindo para Nina, quiero hacer un disco bello”, le dije, que ponga una gota más de belleza en este océano. Y me dijo que era una buena causa. Es un disco que empieza a pensar en la vejez. De a poquito, tengo 42 años, lo escribí con 40. Es un disco que empieza a preguntarse algunas cosas sobre eso. No me siento particularmente viejo, pero… Me sentía más viejo en ese momento que ahora. Estaba más cansado, estaba peor de la autoestima. Estuve enfermo, mucho tiempo. Eso fue muy difícil también. Por eso también el disco tiene esa búsqueda de fe. Una búsqueda luminosa de la fe. Yo atravesé mucho tiempo enfermo y un tiempo largo, no larguísimo, pero lo suficientemente largo para que hubiera sido horrible, pensando que no iba a poder cantar.

Perdiste la voz por un tiempo, y contaste que te reencontraste con el silencio, con la escucha desde otro lugar.

Me encontré, no lo conocía. Yo vengo de una casa donde todos hablan, éramos cinco, todos hablando todo el tiempo al mismo tiempo. Todos hablando uno arriba del otro, felices, nos gusta así. No es un problema. Pero sí, me encontré así, enfermo. Yo tuve como un poco de cáncer. Un día un médico me dijo “Ernesto, si este resultado da mal, el menor de tus problemas es no cantar”. Y ahí me entró esa bala y fue horrible. No había pensado en esto yo. Nunca se me había pasado por la cabeza y salí de ahí desolado. Desolado, pensando que tenía una hija de cuatro años y que capaz me moría. Entonces la respuesta es este disco. ¿Qué voy a salir a hacerme el malo?

IMG_9722 (1)

El rock, la comunidad y la belleza de lo que está roto

Hasta hace algún tiempo, el rock estaba más asociado con la idea de una comunidad que va a romperse, a darse vuelta. Hoy somos muchos más cuidadosos, y de hecho, es casi un código rockero el cuidado del otro, asistir a alguien si se cae o desmaya saltando en el pogo. ¿Cómo sentís que cambió el pogo en estos 20 años?

Yo creo que hay que ir a romperse con cariño. Con cuidado, digamos. Claro, hay que romperse, hay que divertirse y dejarse conmover y soltar lo que uno tenga, despojarse de las cosas que uno trae. Yo he dejado la vida a los pogos. El pogo es una disciplina sagrada. Conozco senséis de eso. En el último show grande en Montevideo, que fue en la Sala del Museo, estaba lleno de niños. Entonces en un tema les pedí a los que están siempre haciendo el pogo que hicieran un círculo para que los niños hicieran un pogo lateral y empezaran a practicar. Empecemos a pasar esa antorcha porque hay mucho que se puede aprender ahí.

El pogo es como cualquier deporte colectivo, se aprende mucho de la experiencia humana y de cómo es cada uno. Vos ves a uno caerse, ¿qué hacés? Le tendés la mano, parás todo, lo ayudás a levantarse. Está bueno, por lo que aprendés.

A respetar el cuerpo del otro, a forzárselo también. Como una cosa de “un poquito más es más divertido, un poquito menos es más aburrido”, pero al mismo tiempo se aprende a poner límites. Cuando yo empecé a ir a los pogos, tenía 14 años, y era los codazos. Y dolía. Bueno, eso se fue modificando. Creo que también es parte de ir aprendiéndolo.

Has dicho también que el rock es un sonido más que un género, que está vinculado a la pérdida de la inocencia de saber que el mundo no es perfecto como nos dijeron que era, y que su esencia tiene que ver con mostrar lo que está roto. ¿Por qué el rock tiene particular potencia para mostrar esa rotura para vos? ¿Y cuál es la belleza de lo que está roto?

Por su sonido. Porque es una cosa que nace en las grietas. Se puede encontrar la belleza en eso también. Es la belleza entendida como la exaltación de lo que nos hace mejores, no como lo que nos dijeron que es lindo. Es bello que alguien señale la herida, pero no buscando culpables. Eso lo dice Pete Townshend hace 50 años.

“Si se pone de pie para señalar una injusticia pero no pide sangre para redimirlo, entonces es rock”.

Porque lo otro es otra cosa. Vos señalás una cosa pero no pedís sangre. Y tampoco se trata de señalarlo, se trata de sostenerlo, de mostrar lo que duele pero sostener lo que nos sostiene. Si no, nos quedamos sin qué. No hay tanto. Hay tanta construcción de lo que no te sostiene. Yo escucho todo el tiempo a las personas decir que siempre estamos al borde de algo. Y para mí estamos siempre en el mismo lugar, que es más o menos llevándola. A mí me asusta más que la gente no se junte a comer ravioles. Mientras la gente esté junta todo se arregla, todo se puede más o menos acomodar. Porque yo soy una persona muy comunitaria, diferenciándolo de los gregarios. Por eso los pogos son un lindo lugar, por eso las bandas son un buen lugar, por eso los cuadros de básquet lo son. Cualquier lugar donde un conjunto de personas se junte a hacer algo juntos, nos hace mejores a todos. Es lo que hacemos. Ese es nuestro trabajo como humanos, juntarse con otros, a ver qué hacemos. Puede ser una fábrica o un concierto para violín y orquesta. En ambos casos es la voluntad humana sumada a la de otros. Es lo que hay que hacer. A mí es el tema que más me interesa. Tengo mucha fe en la humanidad. Es tremenda especie a pesar de lo que piensan la mayoría de las personas.

Volviendo un poco a esto de la belleza que está roto, los japoneses reconstruyen las piezas rotas con oro para que se le vea la herida, la grieta.

Está el verso de Leonard Cohen también. “Hay una grieta en todo y por ahí es que entra la luz”. Yo no estoy diciendo que haya que salvar todo, digo alguien tiene que decir que no somos la peor cosa del mundo. Me he cansado de escuchar personas que dicen la humanidad debería desaparecer. Bueno, empezá por vos, Roberto. No, pero en serio, es como che... No nos regalaron nada. Yo no digo que seamos perfectos. De ninguna manera. De hecho, creo que las cosas que pasan son construcciones.

Cuanto menos comunitarias las construcciones, más injusticia. Cuanto más poderosas las comunidades, menos injusticia.

Van a festejar los 20 años con un show en el Teatro de Verano, van a grabar un disco en vivo. ¿Por qué es importante festejar así cerca del mar? ¿Cómo se están preparando?

Es muy distinto festejar un aniversario tan significativo haciendo algo que ya hiciste que haciendo la cosa más grande que hayas hecho. Festejás para adelante cuando haces un Teatro de Verano. Sería mucho más fácil hacer tres veces los lugares que hacemos. Pero eso no significa crecer. La otra vez un amigo me dijo “siempre encontrás la manera de someter a la banda a un estrés desconocido”. Es fundamental eso. Él fue el que me enseñó el concepto de estrés hídrico, por el cual hacen crecer a las plantas. Las someten a sed y después cuando las ahogan explota el crecimiento. Se llama estrés hídrico eso. Un poco es eso. Yo la empujo al borde siempre a la banda. Y por eso tenemos 20 años. Porque es un desafío permanente. Siempre hacemos algo más grande nosotros. Como una vez por año o dos hacemos algo que no deberíamos hacer. Y nos viene saliendo bien, por eso no nos morimos. Y que la banda haga lo más grande que hizo jamás para festejar sus 20 años es un símbolo de quienes somos. Nosotros vamos siempre por la épica. Me he pasado la vida así y a lo largo del tiempo hemos construido un grupo de personas que estamos en búsqueda de esa épica. ¿Qué es lo mejor que podemos hacer? Dale, vamos. Y estamos recontentos de lo que estamos logrando.

Dijiste que vivís de hacer metáforas y por eso creés en ellas. ¿Cuál es la fuerza de la metáfora en el mundo de hoy? ¿Por qué es vital seguir cultivando la sensibilidad poética, el misterio?

Para no estar solos.

Sin el mundo poético uno estaría solo. No se puede vivir sin lenguaje artístico.

En algún momento lo necesitás. Te rompen el corazón, se muere tu padre. Pasan esas cosas y ante eso somos nosotros los convocados a resolverlo. El médico va hasta que te dice “lo lamento mucho”. Y ahí está lo que la humanidad construyó en Dios, y cuando ni Dios responde, hay una canción que también puede ser parte de ese mismo lenguaje. Me parece que hay un manual comunitario que hemos construido también. La comunidad también está para decir quiénes somos. Son dos mil quinientos años viviendo y pensando cómo se debe hacer esto de hacer el bien. No es poco.