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Cultura y espectáculos Fidelio | Martín García | Beethoven

21, 23 y 25 de mayo en el Teatro Solís

Fidelio y el arte de "sonar juntos" frente al silencio. Entrevista a Martín García, Director musical

Martín García reflexiona sobre la vigencia de la obra de Beethoven, la memoria y la libertad, que vuelven al Teatro Solís donde el arte todavía puede reunirnos en una misma respiración

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En tiempos donde casi todo parece consumirse rápido y en soledad, Fidelio vuelve al escenario como una experiencia colectiva. La ópera de Beethoven se presentará en el Teatro Solís los días 21, 23 y 25 de mayo, bajo la dirección musical de Martín García y la dirección escénica de Nicolás Boni, en una propuesta que pone el foco en el silencio, la memoria y la libertad.

Fidelio Teatro Solís

La obra cuenta la historia de Leonora, una mujer que se disfraza de hombre para rescatar a su esposo, preso político injustamente encarcelado pero dos siglos después de su creación, Fidelio sigue dialogando con el presente.

Conversamos con Martín García sobre la vigencia de Beethoven, la experiencia del arte en vivo y el vínculo profundo entre la música y lo humano.

Martín García - Director musical

“Si estas obras siguen funcionando es porque todavía nos dicen algo”

—Esta puesta de Fidelio propone una mirada distinta sobre la obra y parece interpelar directamente el silencio. ¿Cómo trabajan esa idea?

Martín García: —"Como ocurre con todas las obras clásicas y con estos grandes títulos de la lírica, si siguen funcionando, si siguen generando interés y la gente sigue queriendo ir a escucharlas, es porque todavía nos dicen algo hoy en día.

Después vendrán cuestiones estéticas o decisiones sobre en qué momento histórico ambientarlas, pero eso no es nuevo: siempre ocurrió. Incluso cuando las óperas hablaban de la antigüedad clásica, de alguna manera dialogaban con su presente.

En este caso se trata de una historia política, nacida en un tiempo de enormes cambios y tensiones. Fidelio fue concebida durante las guerras napoleónicas, en un contexto de conflictos que terminaron reconfigurando Europa. Y Beethoven estaba profundamente atravesado por eso.

La obra adopta la forma que conocemos hoy en un período breve pero muy convulsionado. Y la temática sigue siendo muy potente: hay un preso político, hay un rescate, hay una lucha por la libertad".

“El arte abre preguntas, no da respuestas cerradas”

—Además, por las fechas en las que se presenta la obra, inevitablemente aparece una conexión con la realidad uruguaya y con la Marcha del Silencio. ¿Cómo ves ese vínculo?

Martín García: —"Ahí depende mucho de cómo cada espectador conecte lo universal con lo particular y después con lo personal.

Por un lado está la partitura, por otro la dirección escénica de Nicolás Boni, el canto, la música, la escena. Pero después está el impacto de la obra en la conciencia del espectador. Y ahí yo, como director de orquesta, trato simplemente de presentar la obra.

Cada persona la va a relacionar con su propia experiencia, con el presente, con historias familiares o con lo que le despierte emocionalmente. La idea no es dar algo predigerido, sino abrir una posibilidad de reflexión a través del arte".

“La realidad humana sigue siendo esencialmente la misma”

—Hay algo muy fuerte en cómo estas obras siguen dialogando con problemáticas actuales, incluso doscientos años después.

Martín García: —"Sí, porque las inquietudes humanas siguen siendo más o menos las mismas. Cambian las formas de expresarlas, cambian los sonidos, los instrumentos o los géneros, pero el motor humano permanece.

Y cuando hay una mirada profunda y sensible, como la de Beethoven, inevitablemente esa música le va a hablar a las personas de todas las épocas. Eso es parte de lo que justifica que sigamos tocando obras que tienen doscientos años o más".

“La partitura no es la música”

—También mencionabas algo muy interesante: que la partitura es apenas una serie de instrucciones y que la experiencia real ocurre en vivo.

Martín García:—"Exactamente. Nosotros recibimos un texto, una partitura, que no es la música. Es una serie de instrucciones impresas en un papel.

Lo que brindamos es la experiencia de esa obra: tener una orquesta en el foso, un coro como el del Sodre, los cantantes solistas, la escena, la historia, la escenografía. Todo eso conjugado es algo irreproducible e insustituible.

Y parte de la riqueza de teatros como el Solís y de los elencos públicos está justamente ahí: en compartir juntos una experiencia artística que se completa con el público".

“Sinfonía significa sonar juntos”

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—Hay algo profundamente humano en esa construcción colectiva del espectáculo en vivo.

Martín García:—"Sí. Muchas veces, sobre todo con públicos jóvenes, tratamos de explicar el sentido etimológico de la palabra “sinfonía”: sonar juntos.

Y no solo suenan juntos los músicos. También el público participa de eso. La experiencia adquiere sentido cuando hay alguien escuchando.

Más allá de que somos un elenco público y tenemos una responsabilidad con la ciudadanía, hay algo más profundo: esta experiencia ocurre entre quien toca y quien escucha. Eso me interesa mucho destacar".

—En una época atravesada por plataformas y consumos inmediatos, ¿Qué valor tiene hoy detenerse a vivir una experiencia así?

Martín García:—"Por eso valoro tanto que la gente venga a nuestros espectáculos y llene el teatro. Porque implica tomarse el tiempo, salir de la cotidianidad, sentarse a escuchar música en vivo.

Es un ritual distinto a escuchar música en el auto o desde una plataforma. Y creo que ahí hay algo muy valioso que todavía nos sigue conmoviendo".

—¿Sentís que existe una brecha generacional con este tipo de propuestas?

Martín García:—"Hay un recambio, claro, pero también hay públicos muy diversos acercándose a estas experiencias.

Hoy vemos muchos jóvenes en los conciertos. Y además aparecen nuevas maneras de vincularse con esta música. Tal vez antes había un público más erudito; ahora hay un acercamiento más espontáneo, más intuitivo.

Hay gente que llega porque reconoce nombres como Beethoven o Mozart y desde ahí empieza un recorrido propio".

—Quizás esa aproximación más intuitiva tenga algo muy genuino.

Martín García:—"Sin duda. A veces una persona que llega sin tantos prejuicios o sin una formación previa puede vivir la experiencia con una apertura muy especial. Y eso también tiene muchísimo valor.

Porque el arte no deja de ser, ante todo, una experiencia humana".

Fidelio, la única ópera de Ludwig van Beethoven no llega como una pieza de repertorio, sino como una obra que interroga el presente desde su propio tiempo.

Concebida en 1805 y revisada hasta 1814, su forma definitiva no es la de una afirmación cerrada, sino la de una búsqueda persistente. Beethoven sitúa la música al servicio de una pregunta política y humana: qué significa resistir cuando el poder impone silencio.

Ficha técnica

Dirección musical: Martín García

Dirección escénica: Nicolás Boni

Escenografía: Nicolás Boni

Vestuario: Pablo Ramírez

Iluminación: Sebastián Marrero

Dirección de coro: Esteban Louise

Maestros preparadores: Agustín Urbina, Ugo Dorazio

Sabina Cvilak: Leonora

Eric Herrero: Florestán

Savio Sperandio: Rocco

Licio Bruno: Don Pizarro

Sofía Mara: Marzelline

Santiago Martínez: Jaquino

Alfonso Mujica: Don Fernando

Orquesta Filarmónica de Montevideo

Coro Nacional del SODRE

Entradas disponibles en este link.