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Cultura y espectáculos Los Voluntarios | Luis Angelero | Bluzz Bar

15 de mayo en Bluzz Bar

Uruguay no necesita influencers, necesita canciones. Los Voluntarios y Luis Angelero se presentan el 15 de mayo en Bluzz Bar

Los Voluntarios lanzaron "Dino Chico" hace tan sólo unos días sin preámbulo ni circo. Ellos, junto a Luis Angelero, se presentan el 15 de mayo en Bluzz Bar

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Afiche oficial 15 de mayo

Existe una nueva religión contemporánea: la del anuncio del anuncio.

Primero aparece el "teaser" del "teaser". Después la cuenta regresiva. Después el contenido backstage del contenido backstage. Después una tipografía minimalista diciendo “se viene algo importante”. Después una persona llorando - en la historia de alguna red social - porque escuchó ocho segundos del estribillo. Y recién ahí, agotados todos los mecanismos posibles de ansiedad industrial, aparece la canción.

Los Voluntarios hicieron exactamente lo contrario

Sin despliegues mesiánicos. Sin un comité de redes sociales trabajando en estado febril. Sin influencers reaccionando artificialmente a un fragmento filtrado. Sin humo seco saliendo de un pendrive conceptual. Apenas una canción nueva subida al mundo como quien deja una botella flotando en el Río de la Plata: “Dino Chico”

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Y una definición que parece escrita por un dramaturgo borracho mirando la rambla a las tres de la mañana: “Una tragedia shakespeariana en la escollera Sarandí”. Listo. Nada más.

El gesto tiene algo de rebeldía mínima y profundamente elegante. Como si Los Voluntarios entendieran que todavía existen personas capaces de escuchar música sin necesitar una campaña de manipulación emocional previa. Una idea peligrosísima para el ecosistema actual.

Y quizá por eso la banda resulta tan fascinante.

Los Voluntarios

Porque Los Voluntarios no nacieron para ocupar un casillero prolijo dentro de la música uruguaya. De hecho, parecen existir justamente contra esa lógica. Son una especie de alianza improbable entre músicos que ya tienen historia, peso y prestigio, pero que decidieron correrse del lugar esperado para hacer algo más incómodo, más libre y bastante menos marketinero.

Juan Mitz, por ejemplo, no necesita demasiadas presentaciones para cualquiera que haya sobrevivido al rock uruguayo de las últimas décadas. Mitz viene de Motosierra, aquella criatura salvaje, excesiva y gloriosamente incorrecta que convirtió el ruido en una forma de filosofía callejera. Motosierra fue una explosión de punk rock cuando gran parte del rock local parecía domesticado entre la solemnidad indie y el cálculo radial. Había algo peligrosamente vivo en esa banda. Algo que parecía poder desarmarse arriba del escenario en cualquier momento. Y justamente ahí residía su belleza.

Motosierra no fue una banda hecha para agradar (ni desagradar): fue una banda hecha para incendiar la noche aunque quedaran pocas paredes en pie. Su culto atravesó fronteras, escenarios imposibles y años donde el under todavía tenía olor a cerveza derramada y amplificadores a punto de morir.

Del otro lado aparece Andrés Coutinho, también baterista de Eté y los Problems, viene colaborando desde hace años en una obra donde conviven la ternura, el desencanto, el pop elegante y poesía urbana que hacen de la banda una referencia inevitable de la escena actual.

Y sin embargo, ni Mitz ni Coutinho parecen interesados en usar Los Voluntarios como una suma de currículums ilustres

Ahí está justamente el corazón extraño del proyecto.

En la entrevista que publiqué en su momento para Caras y Caretas, Los Voluntarios hablaban de mostrarse “desnudos, imperfectos”, escapando de las expectativas ajenas y del peso de sus propias trayectorias. Había algo profundamente honesto en esa idea de permitirse ser una banda menos programada y más humana. Como si el verdadero lujo artístico ya no fuera la perfección, sino la posibilidad de equivocarse libremente.

Eso se escucha también en “Dino Chico”.

La canción aparece como un sencillo y funciona casi como una declaración estética involuntaria. No porque explique algo —Los Voluntarios parecen desconfiar bastante de las explicaciones— sino porque conserva esa sensación de hallazgo nocturno, de relato extraño encontrado entre las piedras húmedas de la Ciudad Vieja.

Una tragedia shakespeariana en la escollera Sarandí o Hamlet fumando en la rambla sur...

La primera frase merece quedarse suspendida un rato.

Porque ahí conviven dos mundos: Shakespeare y Montevideo. El drama universal y la melancolía portuaria. Hamlet dudando frente al río marrón. Hamlet fumando en la rambla sur. Macbeth pidiendo una grappamiel en un bar casi vacío mientras alguien discute de política en otra mesa.

Los Voluntarios entienden algo esencial: Montevideo puede ser profundamente absurda y profundamente poética al mismo tiempo. Una ciudad donde la épica aparece en lugares mínimos. Donde las historias más intensas suceden lejos de los grandes reflectores. Donde todavía existen músicos capaces de tocar por necesidad emocional y no únicamente para alimentar métricas.

Por eso la presentación de este 15 de mayo en Bluzz Bar tiene algo distinto.

No se trata solamente de escuchar canciones nuevas. Se trata de presenciar un momento raro dentro de una industria obsesionada con la sobreexposición. Hay algo casi contracultural en subir al escenario material nuevo sin convertirlo antes en una maquinaria publicitaria de escala industrial.

Y ahí también entra Luis Angelero

Luis Angelero - portal Uruguaymusical

Angelero pertenece a esa estirpe de músicos uruguayos que parecen moverse por debajo del radar mientras construyen una obra sólida, refinada y emocionalmente precisa.

Productor, guitarrista y compositor, viene trazando desde hace años un recorrido donde conviven la sensibilidad pop, los climas introspectivos y cierta elegancia melancólica que lo volvió una figura silenciosamente imprescindible dentro de la escena nacional.

Su presencia en esta fecha no funciona como complemento sino como espejo.

Porque tanto Angelero como Los Voluntarios parecen compartir una misma intuición: todavía se pueden hacer canciones sin convertir cada movimiento artístico en un parque temático del ego digital.

Y quizá por eso Bluzz Bar sea el lugar perfecto para este encuentro donde las canciones no llegan encapsuladas en branding emocional, donde el error sigue siendo posible y por lo tanto también la belleza.

Mientras el mundo insiste en vender experiencias prefabricadas, Los Voluntarios aparecen con una canción nueva sin explicación previa, como quien golpea una puerta en mitad de la noche.

Y eso, hoy, resulta muchísimo más punk que cualquier pose calculada.

Entradas disponibles en este link.