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Política

Lo que el viento nos dejó

Casetas a precio de oro: las misteriosas licitaciones de Antía

El metro cuadrado de una caseta de playa cuesta el doble que el del penthouse de la torre más cara de Punta del Este.

Por Carlos Peláez

El pasado sábado una ráfaga de viento derrumbó y tiró varias casetas de guardavidas ubicadas en las playas de Maldonado. Una de ellas se derrumbó mientras tres funcionarios se encontraban en su interior, por lo que recibieron golpes y lesiones leves. La falta de garantías para la seguridad de los trabajadores fue la razón que motivó la suspensión del servicio hasta el pasado martes. Aunque fueron las declaraciones del intendente Enrique Antía las que agravaron el conflicto. Pero la situación permitió saber cuánto le cuesta cada caseta a los contribuyentes.

Aproximadamente a las tres de la tarde del  sábado pasado una tormenta nubló el cielo de Maldonado. Entonces el viento destrozó varias casetas de madera ubicadas en la costa y que sirven a quienes cumplen el servicio de guardavidas. No fue una turbonada, como dijo Antía, sino una ráfaga que alcanzó 59 km/h, según informó la estación meteorológica de Inumet ubicada en Punta del Este. Poco más de lo que había soplada en las tardes de esa semana.

Dos casetas se dieron vuelta y otras dos se derrumbaron. En tanto se verificaron diversas roturas, como voladuras de techos o derrumbes parciales, en otras varias instaladas en la playa. Dos guardavidas que se encontraban en una que se derrumbó sufrieron golpes, uno de ellos muy fuerte en el tórax, y lesiones de poca entidad.

Preocupados por la seguridad y las circunstancias vividas por sus compañeros la Agrupación de Guardavidas de Maldonado decidió “no bajar a la playa el domingo” y reclamar a la intendencia que controlara el estado de las casetas.

Pero el lunes declaraciones de Antía a varios medios de comunicación agravaron la situación. El jerarca dijo que “los guardavidas cometieron un error tremendo al no presentarse a trabajar este domingo por un viento que averió tres casetas”. Adelantó que “habría sanciones económicas como la pérdida del presentismo, porque hay incumplimiento de convenios firmados y registrados ante el MTSS”.

Agregó que «la intendencia no es responsable de una turbonada en la que el viento hizo destrozos en todos lados en las últimas horas». Aseguró que “los guardavidas cobran unos 100.000 pesos por mes y que la medida que se tomó fue un acto irresponsable”.

Sobre el estado de las casetas, Antía dijo que en diciembre los guardavidas “firmaron con la intendencia un acuerdo de aceptación de su  estado” y sostuvo que son las que “ellos mismos participaron en su diseño hace años».
Finalmente se preguntó “¿cuál sería el motivo que hay detrás de esta medida?» y se contestó que tiene sospechas de “intencionalidad política”

Pocas horas después una asamblea de guardavidas repudió “las arteras declaraciones públicas del intendente Enrique Antía, donde se brinda información errónea sobre nuestra remuneración salarial, nuestro compromiso social, y donde se minimizan las lesiones sufridas por nuestros dos compañeros”.

A la vez destacaron que durante el episodio meteorológico registrado el sábado las únicas infraestructuras dañadas en la franja costera fueron las casetas y que los vientos que provocaron esos daños no tuvieron la magnitud  “de la que mal informó el intendente”.

Al conocer esta declaración, Antía contraatacó emitiendo una notificación firmada por el intendente y el Secretario General, Luis Eduardo Pereira, en la que el Ejecutivo adelanta que se reserva el derecho de realizar acciones ante lo que califica como “incumplimiento de convenio y medidas ilegítimas por parte de los trabajadores”.

El martes a la tarde y después de una extensa reunión con jerarcas de la intendencia y luego en asamblea, los guardavidas levantaron el  conflicto al confirmar que “la intendencia asume su responsabilidad y muestra verdadera intención de mejorar el estado de las casetas”. El documento establece que no habría ninguna sanción económica y además se nombró una comisión para revisar el estado de las casetas y ponerlas en condiciones de inmediato.

Varios guardavidas dijeron no comprender “por qué el intendente dio una cifra falsa sobre el salario que perciben. La mayoría absoluta ganamos 52.000 pesos, podemos llegar a 80.000 si hacemos muchas horas extras, como ocurre ahora por la epidemia, y si trabajamos sábados y domingos que nos corresponden libres”.

En tanto participantes de la asamblea dijeron a Caras y Caretas: “Jamás verán al intendente pedir disculpas por un error cometido ya que él es ‘perfecto’. Su soberbia no tiene parangón y es lo que gusta de él a quienes lo votaron”.

 

¿Qué se esconde debajo de la arena?

El conflicto y su resolución evidenciaron que la razón no era ajena a los guardavidas

El estado de las casetas fue advertido en muchas oportunidades a los jerarcas de la intendencia. Así lo revelaron la cantidad de mails enviados por la Agrupación de Guardavidas a las autoridades, y que fueron entregados durante la extensa reunión mantenida el martes.

Según publicó la diaria -y confirmaron a Caras y Caretas los funcionarios- “uno de los problemas que se expusieron en los informes técnicos mencionados es la presencia de bulones herrumbrados; la falta de sellado en los techos de isopanel para evitar la corrosión por el salitre; la existencia de casetas sin ventanas, algo que expone a los trabajadores a luz solar y al viento; ventanas a una altura por encima del horizonte, por lo que para poder observar a los bañistas deben utilizar “banquetas de bar”, que no les permiten apoyar los pies en el suelo y no tienen respaldo”.

Además indicaron que “las tablas utilizadas para la construcción de las torres son de revestimiento y los clavos son muy finos, como los que se utilizan en la construcción para hacer terminaciones. Si te afirmás en una esquina de las casetas, se mueven. Eso debería llevar unos chapones que traben las diagonales de las casetas, lo que haría una estructura firme. La mayoría de las rampas tienen una inclinación excesiva y clavos corroídos, por lo que cuatro guardavidas sufrieron caídas este verano y uno de ellos tuvo una lesión importante”.

El llamado a licitación realizado en 2017 contenía detalles muy precisos sobre la construcción, los materiales a utilizar y cómo debían ser mantenidas.

Sobre el anclaje de las construcciones, establecía: “Se fundará en arena de acuerdo a la dirección de obra. Se hincarán en la misma a una profundidad adecuada (mínimo 1,50 m) para lograr una buena resistencia de acuerdo a la dirección de obra. El piso de la caseta estará a un promedio de 1,40 m con respecto a la arena”.

Pero los guardavidas informaron que “eso se cumplió la primera vez. Hasta hace un par de años el anclaje de las casetas consistía en un bolsón que contenía unas dos toneladas de arena, enterrado a 1,50 m de profundidad y amarrado a la base de la caseta con gruesas lingas de acero”.

Agregaron que ahora “la bolsa de arena debe pesar unos 500 kilos, la enterraron -cuando lo hicieron- a 50 cm de profundidad y con unas lingas finitas. Por eso se volaron. De todo esto informamos a las autoridades, quienes nunca nos escucharon”.

 

Casetas de madera al costo de una vivienda

En 2017 se licitó la construcción de 79 casetas de madera que serían instaladas en la franja costera desde Solís a José Ignacio y en las que cumplirían tareas unos 285 guardavidas.

El llamado establecía que “la o las empresas ganadoras deberán realizar el armado, desarmado y mantenimiento por el período de 2 años prorrogables de 79 casetas de guardavidas en playas, incluida la correspondiente a la Isla de Gorriti, todas ellas del mismo diseño”.

La resolución 08146/ 2018, publicada en la web de la Intendencia, indica que los ganadores fueron:

– Consorcio Firabal 2: hasta 25 casetas, por un total de pesos uruguayos diez millones sesenta y cuatro mil ciento ochenta y tres ($ 10.064.183), desglosándose en pesos uruguayos ocho millones doscientos cuarenta y nueve mil trescientos treinta ($ 8.249.330) y pesos uruguayos un millón ochocientos catorce mil ochocientos cincuenta y tres ($ 1.814.853) correspondiente al IVA.

– Consorcio Cio (opción madera): hasta 25 casetas, por un total de pesos uruguayos diez millones ciento veinticinco mil seiscientos ochenta y uno ($ 10.125.681), desglosándose en pesos uruguayos ocho millones doscientos noventa y nueve mil setecientos treinta y ocho ($ 8.299.738) y pesos uruguayos un millón ochocientos veinticinco mil novecientos cuarenta y tres ($ 1.825.943) correspondiente al IVA”.

Al valor dólar de la época cada caseta costó 14.465 dólares.

A la vez se adjudicó a la empresa Abranur SA el rearmado de 70 casetas viejas y además administrar el mantenimiento de las mismas.. Esta empresa había sido creada en 2015, según el Diario Oficial. Y desde entonces ha ganado varias licitaciones sobre casetas de guardavidas. Pero además ha logrado otros varios contratos con el gobierno departamental, el último para refaccionar la Casona de Lussich, ubicada al ingreso del Arboretum.

Ocurre que dos años después se licitó o adjudicó en forma directa a varias empresas el armado, desarmado y mantenimiento.

Solo en la temporada pasada -2020/21- el gobierno departamental contrató sin licitación tres empresas.

– Consorcio Cio por un monto de hasta $ 7.544.039,00 (Pesos uruguayos siete millones quinientos cuarenta y cuatro mil treinta y nueve) IVA incluido.

–  Finrel SA por un monto de hasta $ 7.003.345,00 (Pesos uruguayos siete millones tres mil trescientos cuarenta y cinco) IVA incluido.

–  Abrenur SA por un monto de hasta $ 3.592.568.

Es decir, un total de 18.139.952 pesos o 423.336 dólares, lo que dividido por 70 casetas determina que armar y desarmar cada caseta cuesta 6.047 dólares. Y eso cada año.

Por lo que, aunque resulte increíble, al cabo de 5 años cada caseta le terminaría costando al erario público unos 45.000 dólares.

Estas construcciones tienen 4 metros cuadrados más los aleros, por lo que cada metro cuesta 11.250 dólares. Casi el doble de lo que vale un penthouse en el recién inaugurado complejo Fendi Chateu.

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