El martes se reunió en Montevideo la Cumbre del Mercosur. Eran difíciles los consensos, pero se lograban. Y siempre una satisfacción recibir a los jefes de Estado vecinos. Ahora pasamos un mal momento. Ellos lograron un fácil consenso: condenar la política exterior de Uruguay.
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Batimos un récord: por primera vez desde 1830 Uruguay se pelea (y seriamente) con Argentina y Brasil a la vez. Nuestro país tiene en su dimensión (geográfica, poblacional y productiva) su debilidad y fortaleza a la vez. Puede hacer de fiel de la balanza entre los dos colosos vecinos. Pero eligió otro camino, enfrentarlos unidos. Nunca lo habían estado, antes, con Bolsonaro. Lo logramos.
Dice el Ministerio de Relaciones Exteriores (MRE) que es el precio de abrir nuevos mercados. No es un error. Es una burda mentira. Un engaño. Cada vez que la opinión pública se sacude por una preocupación -nunca tanto antes como por el caso Astesiano, que roza también al MRE en esta administración- se tira una cortina de humo.
Uruguay es, en la jerga del comercio internacional, un país tomador de precios, si consideramos la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos y su PIB. Uruguay no incide en la oferta ni en la demanda internacional. Exporta si le sirven los precios de mercado e importa sin incidir en la demanda internacional.
Uno entonces se puede preguntar: ¿cómo negocia mejor Uruguay, poniendo arriba de la mesa su volumen productivo, sumado al de Argentina y Brasil (y obviamente Paraguay)? Para importar o exportar conseguirá mejores términos de intercambio. ¿Solo o en el mercado común con sus vecinos?
Si el país hubiera conseguido grandes beneficios en una negociación bilateral o multilateral con grandes potencias negociando solo, igual habría que ser muy cautos sobre lo que significa pelarse con los vecinos. Son ellos dos, no solo dos de las tres economías más grandes de América Latina, sino que son… nuestros vecinos. Tienen además dos de las cancillerías más importantes: Itamaraty y Palacio San Martín.
Las cancillerías con nombre propio suelen tener vida propia. Si bien dependen de los gobiernos, no sufren grandes cambios con la rotación política de sus países. Recuerdo haber estado con Enrique Iglesias en un almuerzo regional, como meros “invitados de honor”. Los protagonistas, Roberto Costa de Abreu Sodré y Dante Caputo. Al terminar, aquel dijo: “Como é fácil ser entendido para os irmãos argentinos… [pausa] em presença de nossos irmãos uruguayos”. Ese es nuestro capital de negociación. ¿Lo ignoran?
Se enteraron por la prensa (ni aviso hubo) que Bustillo estaba generando viáticos en Nueva Zelanda y Australia “negociando un Tratado de Libre Comercio (TLC), por fuera del Mercosur”. Se sacó una foto intercambiando notas con el ministro de Comercio de Nueva Zelanda. Detrás se ven montañas y ríos ¡Qué lugar! No: humo. Foto de estudio con un telón atrás. Me da un poco de vergüenza todo.
Uno ve la foto y dice ¡acordaron! No: humo. Solo entregó la solicitud de ingreso y recibió un acuse de recibo: “Por la presente acuso recibo de su atenta…”, a la que se dará tramite oportunamente. Como China, que pintan como que ya está el TLC pronto: primero iba a ser en 2020, luego en el 21, luego antes del 31 de diciembre del 21, le quedan dos semanas al 22 y nada.
Vamos por la revancha con Nueva Zelanda y Australia. El senador Penadés, no sé si un arranque de franqueza o una discrepancia con el gobierno dijo que ambos tratados llevarían años de negociación. Estamos de acuerdo. No así el gobierno. Lacalle habló flanqueado por Heber, Salinas y Da Silveira. Bustillo faltó por enfermedad, internado después del discurso de ayer. Fernández le describió un mundo más real que el de los manuales de Lacalle Pou: “Misiles en el Norte que generan hambre en el Sur”.
Chile es por naturaleza la puerta de salida de la región al Pacífico, mar comercial por excelencia. Perón lo vio hace muchos años (política del ABC: Argentina, Brasil, Chile). En este siglo XXI podemos estar nosotros…
Hay otros países: Perú, Colombia y México, con salida al Pacífico. Es más, son parte de la alianza Transpacífica. ¿No pensaron golpear las puertas cercanas y amigas? Ni Australia ni Nueva Zelanda tienen embajador residente en Uruguay.
Hay más aún: estos cuatro países con costa pacífica: a) son parte del Acuerdo Transpacífico. ¿No hubiera sido mejor golpear sus puertas que las del lejano Commonwealth británico? b) Chile, México, Colombia y Perú conforman La Alianza del Pacífico ¿No es ese el ámbito natural del Mercosur para negociar?
Perú tiene la presidencia pro témpore del mismo. Nuestro embajador allí, el exvicepresidente Hierro López, cuando viajó, dijo que “el comercio” sería el fundamento de su gestión. ¿Y si usáramos su experiencia en vez de viajar a Nueva Zelanda?
Según Cepal, las seis mayores economías latinoamericanas son Brasil, México, Argentina, Colombia, Chile y Perú. Dos del Mercosur y cuatro de la Alianza del Pacífico. Pero les damos la espalda. Suplicar a los celosos de Oceanía. Los países visitados deben ser los más desconcertados.