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Columna destacada | cumbre | Estados Unidos | López Obrador

Cumbre borrascosa en Los Ángeles

Por Joselo Olascuaga

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Caras y Caretas Diario

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El conflicto fue exhibido este 2 de mayo de 2002, pero ya fue largamente anunciado por la revista Time desde 2019. No empezó cuando el subsecretario de Estado de Estados Unidos para el hemisferio occidental, Brian Nichols, confirmó que ni Cuba, ni Nicaragua ni Venezuela recibirían invitaciones para la Cumbre de las Américas que tiene fecha fijada en Los Ángeles del 8 al 10 de junio.

Nichols argumentó que la decisión se fundamentó en que Cuba, liderada por el presidente Miguel Díaz-Canel, así como Nicaragua, cuyo líder es Daniel Ortega Saavedra, y Venezuela, presidida por Nicolás Maduro Moros, “son países antidemocráticos”. No es una categorización negativa. Solo la costumbre de Estados Unidos a la contradicción en términos definitorios. Para ellos son “democráticas” las monarquías (las del Golfo y las europeas), idóneas para las cumbres en Washington, al igual que la reciente Cumbre Asean-EEUU (15 de mayo), con Myanmar, Filipinas, entre otros “liberales”.

"El presidente [Joe Biden] ha sido bien claro en que los países que por sus actuaciones no respeten la democracia no van a recibir invitaciones", declaró Nichols, agregando, por si no había quedado claro, que "Cuba, Nicaragua y Venezuela no respetan la Carta Democrática". El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, quien había mantenido hacía una semana una reunión virtual con Biden, para tratar temas migratorios y referidos a la cumbre, manifestó su contrariedad ante esa decisión arbitraria, excluyente y contradictoria. Así se lo hizo saber al pensionista de la Casa Blanca personalmente y lo declaró de inmediato en sus mañaneras. Luego, en su gira por Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y precisamente Cuba, AMLO puso énfasis reiterado en su negativa a que hubiese exclusiones en la Cumbre.

"Cuba agradece y comparte preguntas del presidente de México, López Obrador, en la mañanera: ‘¿Cómo es que convocamos a una Cumbre de las Américas, pero no invitamos a todos? ¿Entonces de dónde son los que no están invitados? ¿De qué continente, de qué galaxia, de qué satélite?’", compartió en su perfil de Twitter Miguel Díaz-Canel.

Tras la primera alerta de AMLO, comenzaron a sumarse los rechazos a la medida del gobierno yanqui e incluso las decisiones de no asistir a la Cumbre si ni Cuba, ni Nicaragua ni Venezuela eran invitados. Primero fueron los países del Caricom (Comunidad de países caribeños) quienes expresaron esta postura. Enseguida Luis Arce, presidente de Bolivia, Nayib Bukele, de El Salvador, Xiomara Castro, de Honduras, y el propio López Obrador, quien afirmó que “si se excluye, yo no voy”.

Time sabía

Apenas accediendo a la presidencia de los Estados Unidos de México, López Obrador recibió un duro adelanto de lo que vendría para él de parte de los “Estados Unidos de América” (detalle aparte, en la mañanera del martes AMLO dijo: “Nosotros, si no más, somo tan americanos como ellos). La víspera de 2019, la revista Time le dedicó una tapa con su cara (la foto más de malo que le encontraron a AMLO) con la clásica editorial de vapuleo, advirtiendo: “AMLO, uno de los riesgos geopolíticos de 2019”. Causó revuelo. “Ya lo están matando”, constató Abraham Mendieta, asesor presidencial de AMLO, y ni Time ni Mendieta se equivocaron. Time acertó porque efectivamente AMLO confirmó los riesgos que acarreaba para Estados Unidos al iniciar con su presidencia un nuevo ciclo u ola progresista en América Latina. Mendieta porque esa sería la tónica de la postura gringa contra AMLO cada día desde entonces.

Tres países se habían mantenido con la llama de la democracia constantemente encendida en los gobiernos del gran ciclo progresista del nuevo milenio. Justamente Cuba, Nicaragua, Venezuela, pero los otros gobiernos progresistas habían caído y Bolivia estaba a un paso del golpe de Estado. Con la llegada de AMLO a la primera magistratura de México, que no había participado del primer ciclo o primera ola, empezaron a sumarse victorias del campo nacional y popular en la región; AMLO amparó a Evo Morales, quien al año siguiente recuperó la democracia en Bolivia y su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), ganó con mayoría absoluta las elecciones e impuso a Luis Arce Catacora presidente. En Argentina la fórmula Fernández-Fernández ganó por ocho puntos y asumió en diciembre del 19 y luego siguieron Perú, Chile y Honduras, y sorpresivamente Costa Rica, con proyección de Colombia, Brasil, Uruguay y Guatemala, mientras avanzaban electoralmente el propio AMLO en México (estaduales y revocatorio), Ortega Saavedra en Nicaragua (presidenciales), Nicolás Maduro en Venezuela (regionales), referéndum para la nueva Constitución en Cuba, consolidación de gobiernos progresistas y del ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de América) en el Caribe y resurgía la Celac, con el liderazgo del propio AMLO, quien presidió su resurrección.

Pero también estaba en lo cierto el asesor del presidente mexicano. Estados Unidos no dejó de obstaculizar las principales obras de La Cuarta Transformación ni de inmiscuirse en la política interna mexicana vía financiamiento a Claudio X. González, al Prianrd (PRI, PAN, PRD) y exacerbando la problemática del narcotráfico con sus múltiples secuelas.

AMLO hizo diplomacia, firmó el T-MEC con Trump, conversa con Biden, pero no resigna su programa. Va al triángulo de la migración centroamericana a plantear programas que sustituyen el papel de EEUU en la región y les disputa la agenda a sus socios norteamericanos, incluyendo la de esta convocada “Cumbre de las Américas”.

La OEA en el banco de los acusados

Más allá de las excusas de Biden, el verdadero motivo de Washington para excluir a los países que han mantenido todo el tiempo el signo antiimperialista de sus gobiernos, aguantando la parada continental en tiempos de reflujo derechista en otros países, es que los tres apoyarían con fuerza, en su participación, la propuesta de México de sustituir a la OEA (y, desde ya, al golpista Luis Almagro, tristemente uruguayo) por una relación sana, en pie de igualdad, entre el Caribe y Latinoamérica unidos y la Norteamérica donde hoy es AMLO el mejor consolidado de los líderes.

El objetivo de Washington es imponer una agenda contra Rusia, arrastrar a nuestros países en los efectos más directos del boomerang a las sanciones que impuso la OTAN, e insistir con los cínicos catálogos de democracias que fracasaron por inconsistentes en el fiasco 2021 de “La cumbre por la democracia”, el intrascendente evento que Biden organizó, con más autoexcluidos que excluidos, sin resumir en una declaración que contuviera algún anuncio.

Cuba, Nicaragua, Venezuela, pero también Bolivia, México, Caricom, Honduras, El Salvador y el propio Brasil hoy son obstáculos para esa agenda, que puede terminar, igual que la del año pasado, con más autoexcluidos que excluidos, pero, además, los tres primeros son ejemplos vivos de la resistencia a la política agresiva de bloqueos, medidas unilaterales ilegítimas de Estados Unidos, política que la mayoría de los países del continente van a exigir que se termine.

Este martes, no había secado la foto de la Cumbre Asean-EEUU que organizó Biden, cuando el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, anunció en un evento realizado la Embajada de México, en el Municipio de Palenque, que no concurrirá a La Cumbre de las Américas si se excluye a países de América. Ya solo falta que organicemos la cumbre en otra fecha, en otro país, e invitemos a EEUU para no excluir a nadie.

En momentos en que la FED sube las tasas de interés, tampoco es tiempo de andar comprando asistencias. Ya para la foto con la Asean, Biden puso apenas 150 millones de dólares en inversiones en desarrollo en los diez países del sudeste asiático a cuyos mandatarios solo exigió concurrencia sin ningún objetivo geopolítico. De todos modos no habría logrado ninguna declaración contra Rusia, menos aún contra China, ni intentó siquiera incorporarlos a un acuerdo similar al planeado antes de la era Trump, con el nombre de Transpacífico.

Ocurre que es más vigente que entonces la advertencia del economista asesor de Trump, Peter Navarro, de que ese acuerdo permitiría a empresas chinas ingresar a Estados Unidos con arancel cero, aumentando la mutua interdependencia. Pasados seis años de la cancelación de los trámites de ese acuerdo por parte de Trump, es de suponer que China tiene aún más penetración que antes en el sudeste asiático y Biden prefirió la prudencia de unas pocas inversiones directas a pedido y sin contrapartes.

Pero en esa cumbre Asean-EEUU al menos no tuvo que cuidarse de las declaraciones de protesta que sí va a oír en Los Ángeles (y las va a oír el mundo) si, finalmente, ante la presión conjunta de nuestra América, no le queda otra que invitar a todos o sesionar sin la mayoría de los principales invitados.

Y algo que no es menor. Se está quedando sin candidato latinoamericano para su objetivo proclamado en la reunión de cancilleres de la OTAN en Berlín (la desmoronada Berlín) de globalización otanista contra China. La nueva “bipolaridad” de “nueva guerra fría” hasta el momento solo cuenta con lo que en el Atlántico norte llaman “comunidad internacional” (EEUU, Canadá, Reino Unido, Europa, Australia, Corea del Sur y Japón, un 12 % del mundo, expresado en un G7 que, de los años 80 a hoy, pasó de representar más del 50% de la economía mundial en los años 80 y más del 46% en 1992, a una cuota que se ha ido a pique posteriormente. En el año 2000, solo era del 43,6%, bajando al 34,4% en 2010 y al 31,2% en 2020; esto también se aplica a lo que puede llamarse un “G-7 ampliado”, que incluye a Corea del Sur y Australia). La demasiado generosamente mentada “comunidad internacional”.

Es probable que a “La Cumbre” de Los Ángeles vayamos todos y sus alturas borrascosas no logren bastante más que la de la Asean-EEUU y la de la OTAN.

Ah, no puntualicé quiénes son los miembros del G7. Es fácil recordarlo. Son los tres que conformaron el eje nazi-fascista (Alemania, Japón e Italia) más Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Canadá.

Frente a esa estructura -el G-7- que pretende hacer de una razón supranacional la lógica económica y financiera la guía del orden mundial, también vale recordar que está la Organización de Cooperación de Shanghái, fundada en gran parte por los países Brics, el grupo que reúne a China, India, Rusia, Brasil y Sudáfrica, la Unión Económica Euroasiática, la Alianza Regional Integral de Asia, la Unión Africana, los países musulmanes y otros bloques que no acatan las órdenes del G7, y que suman, entre todos, más de 6.000 millones de consumidores.

Es tiempo, para el bien del propio Estados Unidos, que Los Ángeles de Biden pase a ser Los Ángeles de AMLO.

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