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Columna destacada | pelota | política | coalición

Fútbol y política: jugar al error del rival

El país de la segunda pelota

La segunda pelota es el fútbol pensado, no desde el talento, sino desde la mediocridad. En política es igual.

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El fútbol es un deporte en el que lo que sucede dentro de la cancha obedece a los aciertos de un equipo como a errores del rival. A tal punto, que existe una táctica que asume las carencias propias y se dedica a tirar la pelota hacia adelante para intuir el error del contrario al rechazar. En política, la descolorida coalición multicolor juega a eso. Incapaz de tener una propuesta seria, y al no poder ocultar los errores y horrores de su gobernar en el período anterior, solo intenta aprovechar algún error del Gobierno. Las interpelaciones en cadena lo dejaron claro.

Se denomina segunda pelota a la acción de ir a buscar el balón rechazado por un defensa rival que probablemente quedará boyando. Por error de la defensa, el rechazo no va a los pies de sus compañeros y permite ser disputado. Tal táctica depende de la impericia de los defensas contrarios para tener algún porcentaje de efectividad. Es el fútbol pensado, no desde el talento, sino desde la mediocridad. En política es igual.

Carencias del fútbol local

Ambos partidos de la final del Campeonato Uruguayo, disputada por Peñarol y Nacional, demostraron algo que ha sucedido muchas veces pero se agravó en los últimos tiempos. Si un observador atento presta atención a la sucesión de acciones que se dan en la enorme mayoría de los partidos de los torneos que conforman nuestro campeonato de Primera División, comprobará que existe un escaso juego asociativo. Se entiende por tal que la pelota circule, más allá de avances y retrocesos lógicos, entre jugadores que tienen puesta una camiseta igual.

Pasarla a los del mismo color

Vale la digresión de aquella anécdota contada por jugadores de la Selección Argentina en el Mundial de 1990. Tras el primer tiempo del encuentro con Brasil, los albicelestes habían mantenido el empate a cero de milagro, ya que el equipo verdeamarelo los había arrinconado con toques, driblings y disparos de media distancia que estrellaron pelotas en los palos más de una vez. Podrían haber ido al descanso perdiendo por dos o tres goles sin asombro.

Cuando marchaban hacia el vestuario, esperaban recibir una filípica terrible por parte de su entrenador, que no se andaba con chiquitas a la hora de marcar errores y críticas sobre el desempeño individual y colectivo hasta en los movimientos más nimios. Para asombro de todos, en aquel vestuario no voló una mosca y Bilardo no dijo una sola palabra. La vergüenza era tan grande que los jugadores no se animaron a expresar algo. La sorpresa por tal silencio se mantuvo hasta el momento de retornar a la cancha. Cuando ya iban por el túnel, Carlos Bilardo, que marchaba detrás del grupo a varios metros, les gritó con su voz inconfundible: "Che, si se la siguen pasando a los de amarillo, perdemos".

Viene a cuento porque en los encuentros de las finales fue casi imposible ver que los jugadores se la pasaran varias veces seguidas a los que juegan en su mismo equipo. Se contaron con los dedos de una mano las jugadas en que ambos cuadros dieron tres pases seguidos, descartando, obviamente, esos toques fáciles que dan los defensores al momento de salir desde atrás con el rival replegado en su cancha.

¿A qué juegan?

Fue muy difícil encontrar avances con toques sucesivos ya en campo rival. Lo común es tirar un pase largo impreciso, o directamente un pelotazo, que va a parar a un contrario o se va afuera. Otras veces es despejado por un rival. Pero como la técnica de estos también deja mucho que desear, en vez de cabecear o restar hacia un lateral, la dejan boyando en la mitad de la cancha. Ante semejantes situaciones que integran la mayoría de las secuencias concatenadas de este tipo de juego, adquiere importancia lo que se denomina "segunda pelota".

Ante la dificultad para jugar de manera más efectiva, que exige mayor técnica y precisión, se asume la incapacidad propia y la iniciativa queda librada a intentar aprovechar el error del rival. Si bien se corre el riesgo de perder el control de la pelota, se analiza que si el equipo logra esa segunda pelota, la captura en una posición más avanzada. A veces, incluso permite un ataque sorpresivo ante una defensa desequilibrada. Este sistema no asegura mucho pero es lo que hay, diría un famoso locutor.

En definitiva, la segunda pelota en Uruguay se volvió un tipo de juego conservador y feo de ver, aunque por momentos sea emocionante a partir del aprovechamiento veloz de un error del rival que deja en buena posición para un ataque imprevisto o un avance que se saltea líneas.

El problema es que la segunda pelota, originalmente, consistía en aprovechar rebotes, no en la mitad de la cancha sino en áreas cercanas al arco rival. Por ejemplo, se trataba de tomar los rebotes producto del despeje tras un córner o de algún tiro libre, ya fuera directo al arco y rechazado por el arquero o levantado en forma de centro a la olla y despejado sobre las inmediaciones del área.

Los equipos que buscaban esas segundas pelotas lo hacían tras un fuerte entrenamiento que potenciaba aspectos, no solo tácticos sino técnicos, para resolver rápido un disparo a la portería o un pase que dejara cara al gol a un compañero. También se entrenaba la capacidad física con ejercicios de reacción y trabajos musculares para fortalecer las piernas y potenciar el pique corto a gran velocidad, lo mismo que técnicas para ganar la posición y hasta para ubicarse en el campo con más probabilidades de llegar a la pelota. También se entrenaba la preparación psicológica predisponiendo al jugador hacia una actitud alerta y activa para leer la jugada y potenciando la intuición.

Por el contrario, ante lo que por momentos parece una sucesión de bola sin manija al estilo de aquellas maquinitas Flipper de Pinballs es que la segunda pelota se termina imponiendo y solo se aspira a sacar alguna ventaja dentro de un caos. No confía en las propias capacidades ni cree en sus méritos y casi todo depende del error del rival. Así Nacional hizo dos goles en la primera final.

La política basada en carencia propia y error ajeno

Si uno analiza a fondo cómo se ha parado en la cancha política lo que queda de la descolorida coalición multicolor, se comprueba su escaso juego colectivo. No existe ninguna coordinación orgánica, como la anunciada hace unos meses y desvanecida días después. Esta ausencia de mirada estratégica les deja moviéndose en el plano de la mera táctica de corto plazo, como si se jugara todo el tiempo en una cancha chica, con arcos pequeños y corriendo de un lado a otro sin ton ni son y, a menudo, para desviar la atención.

El Partido Nacional pretende mantener el liderato opositor llevándose puesto al Partido Colorado, que es ninguneado como socio menor y postrado a realizar el seguidismo de los blancos. Es obvio que Ojeda juega a ese juego, al punto tal que más de un colorado de ley se cuestiona si acaso no le han pasado la pelota a uno que patea para el otro color. No en vano, los mayores protectores de Ojeda ante su groseras presiones a fiscales y su violación de la Constitución son los blancos, y no tanto los colorados. Incluso la denuncia formal proviene de un convencional de su partido.

Otro aspecto de los movimientos de esta oposición radica en que no pueden esconder las falencias propias, y las implicancias varias por sus prácticas durante el ejercicio del gobierno anterior. Esto les deja expuestos a caer en oposición adelantada. Un ejemplo son las poses del exministro de Defensa, Javier García, quien quedó embretado por sus propios correligionarios para que se haga cargo de sus decisiones ministeriales que perjudicaron al país, y ponga la cara en una interpelación en la que su Cardamagate puede convertirlo en interpelado.

Otro ejemplo fue la fallida interpelación a la ministra de Salud, Cristina Lustemberg, por los diversos puestos de trabajo que había mantenido el presidente de ASSE, Álvaro Danza, durante varios meses desde que asumió el cargo, hasta que renunció a la docencia universitaria y la atención médica en mutualistas privadas. Esta oposición puso el grito en el cielo pero nunca ha dicho una sola palabra por la escandalosa incompatibilidad real ejercida por el expresidente de ASSE en el Gobierno de Luis Lacalle Pou, Leonardo Cipriani.

Porque el anterior jerarca cumplió formalmente con el precepto constitucional, faltaba más, y dejó su cargo de dirección en la mutualista privada Círculo Católico. Sin embargo, ejerció una implicancia total al beneficiar a esa mutualista mediante la asignación de dineros públicos por millones, perjudicando a ASSE y a la atención de la salud pública en nuestro país.

Semejante contradicción es parte del juego de una oposición que juega en la chiquita, abrumada por los escándalos de su gobierno, y solo apostando a sacar partido de un error del Gobierno actual. Pero el avance de la investigación administrativa de ASSE indica que Cipriani tendrá que dar explicaciones ante la Justicia, para nerviosismo de más de un implicado en la firma de documentos de Estado vinculados con resoluciones sobre el Círculo Católico.

En la interpelación la oposición votó dividida y fragmentada con tres mociones diferentes. Luego de que ningún diputado opositor pudiera refutar las explicaciones de la ministra, en conferencia de prensa volvieron a esgrimir sus argumentaciones dichas antes de que Lustemberg las desmontara una a una, como si acaso lo sucedido dentro de la Cámara de Diputados no hubiera existido y solo valiera lo dicho en cámara, pero de televisión.

La otra interpelación fue la del Cardamagate, en la que el interpelador terminó siendo el más interpelado. Javier García, exministro de Defensa y, vistas las cartas, "autor intelectual" del caso Cardama, se volvió a comportar como un abogado defensor de un empresario extranjero que jamás pudo presentar garantías reales y solo entregó papeles truchos por los que ha sido ya denunciado en España.

Javier García, en lo que pareció una chicana o un rodeo sin rumbo, gastó casi entera su primera hora de exposición sin mencionar una palabra sobre Cardama ni las ya famosas lanchas patrulleras. En sus primeros 53 minutos de discurso se dedicó a decir que el Frente Amplio quiere eliminar las Fuerzas Armadas, y hasta habló de Corina Machado y su vergonzoso premio Nobel de la Paz. Pero lo peor fue cuando entró en tema y dejó claro que en cuestiones de defensa, su ataque depende del error de los demás y no acierta una. Otra que segunda pelota.

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