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El zorro cuidando el gallinero

Quedó demostrado que los chats no solo eran ciertos, sino que no partían de ningún "perejil" o simple "custodio" como pretendieron algunos operadores

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Esta administración ya tiene la cocarda puesta sin que puedan quitársela hasta el fin del mandato, y es una que luce como escudo la figura del exjefe de la seguridad presidencial. Alguien a quien, nada más ni nada menos que el mismísimo presidente de la República ubicó en un lugar de privilegio desde donde dirigió una organización delictiva, usando esos mismos privilegios para sí o para terceros. Seguramente, el presidente jamás imaginó semejante traición de quien lo acompañaba como su sombra, el mismo en quien su familia confió durante décadas fue quien se atrevió a disputarle el primer lugar en el "gallinero". Justo a él, que se creía el único gallo al mando. Jamás imaginó (¿jamás?) que pudieran traicionarlo de esa forma. Mientras tanto, viéndolo distraído por las olas o encandilado por las selfies, el zorro fue armando su tinglado en las sombras, pero desde la altura que le habían otorgado. En suma, todavía no conocemos todo el metraje de esta enorme madeja, pero algo va quedando bien claro, pusieron al zorro a cuidar el gallinero.

Antes era el Fibra, ahora le dicen Kryptonita

De a uno como la gallina (siguiendo el ejemplo del gallinero), van comiéndose las fichas gracias a un zorro que fue involucrando a múltiples actores de diferentes ámbitos del poder. Quedó manifiestamente demostrado que los chats no solo eran ciertos, sino que no partían de ningún "perejil" o simple "custodio" como pretendieron algunos operadores a los que ya no se les escucha hablar del Fibra.

Es que el ex "perejil" se ha convertido en Kryptonita (casualmente, también verde), para muchos que creyeron abrazarse al poder con su virtual contacto de nivel presidencial. Ahora, empiezan a rezar porque no aparezcan mensajes que los involucren y -como aquella piedra- les convierta en los viles mortales de siempre, lejos del poder soñado al que creían llegar y con pasaje asegurado por la Fiscalía.

Es que Kryptonita Astesiano les infundía tal confianza que los llevó a mostrarse tal cual eran, al punto que hubo alguno que hasta se atrevió a postularse para ministro, apelando al viejo y querido serrucho. Y, por más que aclare, hay un viejo dicho que expresa que las bromas con la verdad no son bromas.

Por cierto que no contaban con la filtración de estos chats, una movida periodística que hoy nos permite conocer los entretelones del gallinero instalado en la Torre Ejecutiva.

Es que de no ser por esa filtración, nadie se enteraba de la donación de media tonelada de pescado de Emiratos Árabes Unidos ni mucho menos de la postergada donación tras más de siete meses de cámara de frío en lo de un amigo, que se donó a una olla popular. Miren si será valiosa la filtración que no solo confirmamos que el presidente come pescado (aunque en realidad no, porque los donó), sino que un frigorífico amigo puso en riesgo la cadena de frío de carne vacuna intercalando pescado, que no solo necesita otra temperatura, sino toda una especial lista de ítems a controlar y cuidar por la altísima contaminación que encierra, más si se trata de pescado con vísceras. Y, también, que ese amigo se benefició con cierta importación de pollos por encima de la cuota ya establecida para nuestra comarca. Ni hablemos de los controles sanitarios que no sabemos si se cumplieron, tampoco, con lo cual aquella donación pudo ser más un riesgo (alto) que un beneficio para la salud de los comensales.

Ni Superluis se salvó

Todavía resta mucho por conocerse de esta trama que involucra al exjefe de la seguridad presidencial, y aunque seguramente haya información que jamás conoceremos (o no), hay una tremenda duda instalada en la opinión pública que ya de por sí constituye uno de los peores efectos que puede tener este caso del Kryptonita uruguayo para la gestión de cualquier figura política, incluido el presidente: la credibilidad.

Por más que salgan a decir que estaba armada la increpante manifestación de una madre en San José, que se identificó como frenteamplista, no dejó de expresar lo que muchos uruguayos piensan y muchos periodistas no se atreven a preguntarle al primer mandatario. Seguramente la forma no fue la más correcta pero tuvo la valentía de decirlo sin temor, quizás aprovechando la ausencia del ex Fibra para impedir que ese tipo de intercambios ocurrieran. De serlo, hasta su ausencia implica un efecto colateral indeseado, uno más de esta kryptonita uruguaya que hace estragos en la figura de Superluis.

Ya cayeron figuras de alto rango policial, y nada impide imaginar que de los posibles chats (que nunca sabremos si conoceremos), entre el presidente y Astesiano, pueda surgir información que comprometa la figura del mandatario. Obviamente en lo que concierne a su gestión pública, la única que nos importa a los uruguayos.

Son muchas las razones por las que se lo ve preocupado y nervioso. La Policía multiplicó los casos de corrupción policial y nada menos que afectando a altos mandos sin que del ministro para abajo tomen conciencia de la gravedad del asunto. Lejos de ello, hablan de honor y dignidad ante renuncias obligadas. Una inversión de valores que raya lo insólito y define claramente la gestión de una cartera que no cierra el año como esperaba ni mucho menos.

Los vecinos reclaman presencia policial y van contra el director de Convivencia que pretende ser ministro, las rapiñas y robos empiezan a ser noticia nuevamente, a pesar de lo que digan los números del ministerio. Cambadu ya no denuncia si no hay sangre y eso es todo un indicador de relevancia para un país que deprime su confianza en la Policía a pasos agigantados.

Los efectos de Kryptonita Astesiano son evidentes y no los ve quien no quiere verlos. Los uruguayos empiezan a poner en el termómetro de sus problemas a la seguridad luego del trabajo, pero la preocupación va en aumento. Más aún cuando desde el gobierno no se dan señales claras de transparencia y -lejos de eso- se va confirmando que aquel "perejil" que decían no tenía nada de "pere" y mucho menos de "gil".

Consecuencias lógicas de poner al zorro a cuidar el gallinero.

“El hombre escuchó un cacareo importante, el perro olía lío en el gallinero…”.

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