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Columna destacada | esfera | fútbol |

Tránsito de juego a deporte

La esfera en disputa

Si se estudian los juegos arcaicos, se podrá encontrar que en su contexto también podía haber un negocio y un espectáculo.

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Si analizamos el negocio del espectáculo del fútbol actual, comprobaremos que no puede, ni debe, perder algunas de las características esenciales del juego. Repasemos un poco la historia.

Juegos

Ignoro si nuestros antepasados primates ya corrían tras un balón aunque el desempeño de ciertos jugadores actuales da motivos para la sospecha. Tal vez de allí provenga la tendencia a jugar como la mona. Bastante más acá en el tiempo se pueden rastrear, en diferentes civilizaciones, algunos juegos que fueron antecedentes de lo que hoy llamamos fútbol.

Existen bajorrelieves del siglo IV antes de nuestra era que representan a un jugador dominando un balón junto a su esclavo quien, seguramente, no tenía derecho alguno sobre la esfera pero debía ir a buscarla cuando se iba lejos. Homero evoca en sus versos a un juego de pelota y el antiguo Harpastum de los romanos ya prefiguraba juegos que le sucedieron siglos más tarde. En la Europa medieval, los juegos de pelota tenían un carácter popular y rudo. Se practicaban sin reglas escritas y contaban con muchas variantes, incluso dentro de la misma contienda. Algunos jueces actuales parecen ser muy tradicionalistas en ese aspecto, solo que ahora se le denomina “dualidad de criterio”.

El soule francés

Este juego era practicado en las provincias de Bretaña y Picardía. Curiosamente, una alusión al nombre de esta región del norte de Francia podría estar en el origen de la palabra picardía aplicada al fobal, un requisito muy valorado en todo aquel que pretenda destacarse con una pelota en los pies. Lo cierto es que el soule, al parecer, una traducción del vocablo celta Heule, que significa sol, tenía sus raíces en los rituales comunitarios de la sociedad rural y conservaba una dimensión religiosa.

Este juego oponía a jóvenes de pueblos vecinos o a solteros contra casados, ritual que sobrevivió hasta nuestros días, aunque ¿se siguen disputando partidos entre solteros y casados o esta particular contienda ha perdido convocatoria ante el aumento de los divorciados? También sería interesante preguntarse si quienes se hallaban en una situación de concubinato estaban condenados a jugar en ese otro equipo al que todos llamaban un rejuntado.

El soule era una especie de pelota rellena de heno que, utilizando todos los medios a su alcance, los participantes intentaban depositar en un lugar convenido dentro del territorio del otro bando. Las prohibiciones decretadas por las autoridades locales atestiguan la brutalidad de un juego que dejaba un tendal de heridos sobre el terreno. El fair play instaurado por burócratas modernos del deporte ha desterrado tales prácticas pero más de uno busca mantener la tradición y volver a las raíces del foul sin pelota.

El hurling inglés

“Tu, vil footballer”, exclama un personaje de Rey Lear, de Shakespeare. Es que el hurling consistía en competir con carreras desenfrenadas por valles y bosques, ríos y colinas para depositar la pelota en el centro de la aldea contraria.

William Fitzstephen contaba en 1170 un juego de pelota londinense que, por su violencia, llevaron al Rey Eduardo II a prohibirlo en 1314 por los desastres que provocaba en las tropas del reino. Más tarde, Richard Carew escribió en A survey of cornwall, en Londres, en el año 1602: "Los jugadores de hurling recorren colinas, zanjas, zarzas y matorrales espinosos pasando por ciénagas y toda clase de corrientes de agua en la lucha por una pelota. En este juego es posible comparar la pelota con un espíritu infernal, ya que quien acierta a tenerla se lanza como un poseído defendiéndose de quienes intentan detenerlo. El juego está ligado a muchos peligros y una vez concluído puede verse a los participantes como si regresaran de una verdadera batalla, con el cráneo ensangrentado, huesos rotos, dislocaciones y magulladuras apropiadas para cortarle los días a cualquiera". La variante irlandesa incorporó un palo para pegarle al balón o a un rival y con nuevas reglas se sigue jugando hoy.

El calcio del renacimiento

En Bolonia y Florencia se jugaba a calcio, denominado así porque se jugaba con el pie. Practicado en Santas Pascuas o durante el martes de Carnaval, ya es un juego urbano que se desarrolla en el interior de los burgos, en espacios reducidos y delimitados de intramuros. Aparece cierta distribución de tareas y un esbozo de juego colectivo aunque los comentaristas de la época ya afirmaban que Italia jugaba a la defensiva.

Para romper con una visión eurocéntrica que solo toma en cuenta los juegos medievales europeos, hay que agregar que tanto las civilizaciones mesoamericanas como también en el lejano oriente ya practicaban juegos con pelota. Un detalle importante es que muchos juegos practicados por civilizaciones catalogadas como primitivas, al ser analizadas o juzgadas desde fuera con valores de otra cultura, son vistos como simples juegos cuando en realidad están haciendo, además, otras cosas.

Habría que adentrarse mucho en el conocimiento de esas sociedades para desentrañar sus características de negocio, en el sentido de las complejas relaciones establecidas entre los diferentes actores y castas. Lo que no está en duda es su carácter de espectáculo, aunque no como lo entendemos hoy.

Deporte

Esta palabra deriva del vocablo latino deportare, que significa transportar, trasladar. Metafóricamente, refiere al traslado desde el área del trabajo a la del entretenimiento. Deportarse, en el siglo XIII, significaba divertirse, y desport, emigrado del antiguo francés, vía Normandía, hacia las Islas Británicas, es el vocablo que designa a las actividades placenteras en el medioevo. Es la diversión, aunque no para todos sino para los miembros de la nobleza. Los juegos de manos quedan reservados a los campesinos, los artesanos y a los trabajadores manuales.

Era patrimonio de unos privilegiados que por su estatus social accedían a la práctica de tal o cual actividad, pero hoy también opera un sistema de élite pautado por la alta competencia, aunque con otras características. Incluso, si se analiza el origen social de la mayoría de los jugadores de fútbol, estamos en las antípodas, al punto de que el éxito en la cancha es una forma de ascenso social fuera de ella. Para muchos, la única.

Luego de los profundos cambios operados por la Revolución industrial se fueron adaptando algunos juegos a las necesidades sociales de la época. Es el gran salto de juego a deporte que da la sociedad inglesa a mediados del siglo XIX, estableciendo un conjunto de normativas y reglamentos.

En las escuelas inglesas, los juegos de pelota se convierten en un entretenimiento organizado de manera autónoma por los estudiantes. Hasta 1830 conservan sus características originales: organización difusa, informal y sin reglas escritas. Luego se da el cambio que transforma decisivamente la práctica de correr tras un balón: su reglamentación.

Con ella nacen hermanados el rugby y el fútbol. Algunos jugadores distraídos aún los confunden, lo malo es que lo hacen dentro del área penal. En 1845 las escuelas de mayor renombre: Eton y Harrow establecen las primeras reglas: se prohíbe el uso de las manos y las patadas en la tibia (sobre el peroné nada se dice). Es que se pretendía hacer prevalecer la agilidad por encima de la violencia y proteger al habilidoso.

En 1863, en la Freemason's Tavern de Londres se reúnen las escuelas más importantes para armonizar reglamentos y facilitar los encuentros. Se adoptan las reglas de Cambridge y se funda la Football Association. El representante de las escuelas de rugby rechaza adherirse porque prefiere conservar el juego con las manos. “Andá a jugar a las muñecas” le gritaron sin saber el lomo que iban a echar los boys con el tiempo. En realidad no querían aceptar las reglas contra la violencia y criticaban a los futbolistas por ser poco viriles.

Luego el fútbol se extiende por todo el territorio y se democratiza. Surgen clubes junto a las parroquias pero los Pubs serán la institución generadora de clubes por excelencia. Al igual que nuestras cantinas y boliches, son el centro de la vida social, ofrecen un lugar para ponerse el uniforme y muy a menudo tienen un terreno que termina siendo la cancha. En nuestro país, ¿qué nació primero, la cancha o la cantina?

Otra modalidad fundadora de un club fue la empresa. Nacen el Sheffield, el Birmingham o el West Ham United, de la siderurgica Thames Ironworks. Sin embargo, los más numerosos son los equipos de los empleados de los ferrocarriles, como el Manchester United. Otros tienen origen en clubes de cricket o se crean en barrios obreros. Peñarol, en Uruguay, concentra esos tres orígenes en una sola institución. O en dos, si se cuenta el CURCC para abonar el debate sobre el decanato.

Luego del predominio de los clubes de las schools, compuestos por antiguos alumnos pertenecientes a familias burguesas, el proceso democratizador expande el fútbol hasta que sobreviene la predominancia de los equipos obreros. En 1883 los proletarios de Blackburn derrotan a los universitarios de Eton en la final de la Cup pero Marx había muerto ese mismo año y no pudo ver el éxito de la clase en sí, convirtiéndose en equipo para sí. Engels tal vez estuvo en las tribunas.

Así, los notables abandonan su predominio en las canchas pero se dedican al control. Nacen los dirigentes. Sidney Yates, magnate de la siderurgia aporta 100 libras esterlinas al West Ham y lo acusan de ser el Paco Casal de Inglaterra. Los presupuestos suben, comienza el pago bajo de la mesa y la compra-venta de jugadores por lo alto con fichajes estelares.

El amateurismo marrón tiñe al fútbol hasta desembocar en el profesionalismo. En Uruguay lo estamos profesionalizando desde 1932, año tras año, aunque en algunos clubes se deben unos meses y caen como aves de rapiña empresarios de dudosa procedencia para convertir los clubes sociales y deportivos en las SAD, sociedades opacas que lo mismo se prestan para un fregado que para un lavado. Así estamos.

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