Esto tiene un componente filosófico y psicológico. Puede resultar árido así planteado, pero igual avancemos entre las piedras. António C. Rosa Damásio (Lisboa, 25 de febrero de 1944) es un reconocido neurocientífico y médico neurólogo portugués. Es uno de los neurocientíficos más influyentes del mundo y una referencia obligada en el estudio de la conciencia y las emociones. Sus investigaciones muestran un conjunto de dimensiones acerca de la comprensión de cómo sentimos, pensamos y tomamos decisiones.
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En la revista Noticias del 31 de enero pasado se reproduce un trabajo de Damásio titulado “Cómo sentimos la existencia”. En el interesante texto, el neurólogo portugués dice que en las mentes hay varias “facetas” y que para comprenderlas mejor es necesario separarlas individualmente y observar qué pasa con ellas. Hay un proceso al interior del cuerpo, una suerte de “mente sintiente” que produce sentimientos elaborados que dan cuenta de nuestro mundo interior. Esos sentimientos se llaman “homeostáticos” y su función principal es, ni más ni menos, que “el proceso de regulación de la vida”. Luego viene la “mente perceptiva” que percibe lo que viene de afuera de nuestro cuerpo. Damásio explica: “La mente perceptiva es el espectáculo multimedia de las personas”. (Por ahí anda esta columna). Luego está la “mente reflexiva”, la pensante, y finalmente la “mente lingüística”, o sea el mundo de las palabras.
Para el neurólogo portugués, esos principales constructores de la mente, “entregan sus productos en un espacio mental combinado y flexible en el que las diversas contribuciones se unen y entrelazan”. Esa es la “mente integrada moderna”. O sea: lío asegurado para nuestras “torturadas” mentes.
El riesgo de la reflexión
Para complicarla más, esas facetas de nuestra mente, descritas por Damásio, pasan por un tamiz o filtro que tiene que ver con nuestros valores, nuestros sentimientos más hondos y nuestras convicciones. La “mente integrada moderna” está moldeada a lo largo de nuestras edades, y digo “edades” porque nuestros comportamientos y pensares tienen mucho que ver con la edad que tenemos. Cada edad parece indicarnos un comportamiento determinado, aunque hay otros elementos que lo delimitan, como lo geográfico, económico y cultural.
El desarrollo y el ejercicio del pensamiento crítico puede desembocar en una conclusión que no coincida con nuestras convicciones. Esa tensión es solucionada en la mayoría de los casos desechando la “conclusión” que no cierra con lo que creemos, con “nuestra fe”. ¿Qué sería de nuestra vida si los mensajes que recibimos cuestionan una y otra vez nuestras lealtades? La solución es el camino corto: desechamos el resultado del pensamiento crítico y nos quedamos en nuestra poltrona cómoda de nuestras convicciones que, aunque controvertidas, “son mías”.
“El País” y su recorte
Una falacia es un razonamiento incorrecto, engañoso o falso que aparenta ser válido y convincente, utilizado comúnmente para persuadir, manipular o dañar. Estas argumentaciones erróneas pueden ser intencionadas (sofismas) o fruto de un error lógico. Se clasifican principalmente en formales (error estructural) e informales (error en el contenido, como ad hominem o ad verecundiam).
Para ser más claro: Damásio habló de la “mente perceptiva” como hija del complejo multimedia al que estamos expuestos. Y en el tiempo de la velocidad en el consumo de información aparecen cuestiones enormemente complejas. Ejemplo: aproximadamente 8 de cada 10 personas (alrededor del 80 %) leen únicamente el titular de una noticia, mientras que solo 2 de cada 10 profundizan en el contenido completo. Esta tendencia se ve acentuada por la baja capacidad de atención, con estudios indicando que más de la mitad de las visitas a noticias duran menos de 15 segundos. Cerca del 56,8 % de los lectores de prensa se informa a través de redes sociales, limitándose a titulares y noticias breves.
El affaire Cardama es hermoso desde el punto de vista comunicacional. Un ejemplo: el diario El País tituló de dos maneras distintas sobre un informe del Bureau Veritas y cada titular detonó una catarata de comentarios opuestos, algunos de gran relevancia por su responsabilidad institucional (de la senadora Graciela Bianchi, por ejemplo).
El 9 de febrero pasado, el matutino tituló en su portal: auditoría de Bureau Veritas califica que la calidad de construcción de los buques "es satisfactoria". Ese mismo día, en su portal, El País cambia el titular. Dice que Bureau Veritas alerta sobre falta de planos y problemas de plazos, al tiempo que destaca el diseño. (En verdad, el cambio de titular se debe a que el informe de Bureau Veritas era muy crítico de Cardama y El País optó por no “incinerarse” con un titular inadecuado).
Ambos titulares generaron debate. Hubo quienes, según sus convicciones y “mundos interiores”, validaron el negocio con Cardama, y el segundo titular fogoneó las críticas al negocio. Como la mayoría de la gente leyó sólo los titulares, obvió que, en el informe del primer título, en el cuerpo de la nota, se decía lo que luego el segundo título recogió.
Quiere decir que estamos expuestos a los “fragmentos” a los “reels” y al TikTok y a la voluntad o no de “manipular”.
En este escenario, aparece el gran problema para políticos y ciudadanía: cómo penetrar y consolidar una centralidad comunicacional con tantas plataformas y tantas fragmentaciones con falacias incluidas. Sigue siendo clave la construcción de confianza para validar sus opiniones ante audiencias diversas y no solamente confirmar lealtades, juicios y prejuicios.
NOTA. Artículo sobre lectoría de titulares de medios. https://www.lanacion.com.ar/tecnologia/circulacion-superficial-la-gente-comparte-enlaces-a-noticias-pero-en-el-75-los-casos-lo-hace-sin-nid29112024/
Aporte de Damásio sobre el origen de los sentimientos. https://www.eexcellence.es/entrevistas/con-talento/executive-excellence-138