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Columna destacada | guerra |

La guerra UC-RU: corto y largo plazos

Por Rafael Bayce

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Lector, prometimos seguir con la tan necesaria como aventurada tarea de ir viendo qué efectos y consecuencias podían irse anotando como productos posibles del conflicto Ucrania-Rusia.

Lo peor para ver algo claro y fundamentado a futuro es, sin duda y lamentablemente, nutrirnos con los informativos y periódicos locales y regionales, que son deudores informativos de las grandes usinas norteamericanas y europeas de noticias, que ya han dejado su viejo oficio de informadores de la opinión pública mundial, para convertirse en fanáticos operadores político-ideológicos vorazmente comerciales, amparados en la credulidad de la gente que aún cree que son lo que eran y supieron ser. O, mejor, o bien no crea nada y no tome decisiones apresuradas, o bien busque fuentes alternativas para lo equivocadísimo que le están inoculando con refinada técnica comunicacional para engañarlo.

Obama y las fake news pandémicas y bélicas

Y, ojo, la nueva inquisición laica que se está aplicando es una mezcla de 3 métodos para impedirle el acceso a realidades y verdades alternativas, como ésas a las que usted necesita llegar para cuestionar lo que le quieren ‘encajar’: uno, el ninguneo de lo alternativo; dos, la descalificación sin análisis ni discusión de lo que no pudieron ningunear; tres, la designación como fake news (noticia simulada) de todo hecho u opinión que no pudieron descalificar ni ningunear.

Por eso la tan publicitada conferencia de Obama en Stanford (22/4/2022), donde mantuvo la necesidad de decretar fake news por parte de los medios de información, cosa de proteger el libre acceso a la verdad y la realidad, que deberían comandar la formación de la opinión pública democrática. Como casi todo lo que dicen los ideólogos políticos occidentales dominantes, son en sí mismas fake news que, para protegerse como tales, aprovechan su liderazgo y hegemonía comunicacionales para imponerlas, mientras declaran a sus disidentes y alternativos como autores, ellos, de fake news. Todo esto ya ha sido muy claro cuando la imposición de la pandemia de covid-19, tanto más económico-político-comunicacional que sanitaria (que también lo fue, pero no tanto).

Pero ahora, con el conflicto Ucrania-Rusia, la brutal operación de desinformación y de adoctrinamiento mediáticos ha ascendido otro peldaño en la escalera de la manipulación cada vez más masiva e instantánea de una opinión mundial cada vez mayor: se sale estúpidamente con una banderita de Ucrania antes aún de lo que se adoptaron paranoica e irreflexivamente medidas sanitarias anticovid. El que tiene el poder comunicacional de decretar cuáles son fake news pega dos veces, porque no necesita argumentar si no puede ningunear; solo con monopolizar la narración icónica de las noticias, y con el discurso único de quienes califican esa narración, construyen la autoridad suficiente como para ningunear y descalificar como fake news todo lo alternativo, dudoso o disidente respecto de la narración calificada emitida e impuesta. Por eso los alcahuetes de BBC (y otros menores) se dan el lujo de hablar de ‘la narrativa’ de Putin como fake news; y digo lujo porque violentan la ingenua ilusión de la transparencia de que puede haber una única narrativa mediática veraz de un mismo hecho; se supone que hay una ‘equivocada, engañosa’, la de Putin, y otra cierta, verídica, la de los medios occidentales juntos; el peligro de este argumento es que comunica la idea de que puede haber narrativas diversos, de distinto valor; y ¿quién me asegura que la del relator que me tocó es la mejor? ¿Por qué las fake news son las que el relator designó como tales, y no las mismas que el relator calificador está emitiendo? ¿Y si fuera lo contrario, como creo que es, y aquellos que perdieron su ingenuidad sobre la unicidad de las narrativas sobre la realidad pudieran llegar a la conclusión de que emiten, en realidad, fake news los mismos que dicen que son otros los que las pronuncian? Están jugando con fuego cuando abren la caja de Pandora de las narraciones múltiples posibles para ocurrencias únicas, hasta con grados de realidad y verdad diversos y debatibles; pizarrean y están demasiado confiados en su retórica o en la fe a priori de los receptores; porque les pueden fallar, por ejemplo conmigo, y ojalá con usted que está leyendo.

Consecuencias de corto y largo plazo

Pero lo prometido es deuda, ¿Cómo va la guerra?

En el corto plazo, hay algunos efectos y consecuencias obvios y publicitables que podrían listarse en el haber de Estados Unidos, o hasta de la Unión Europea o de la OTAN, que los que están realmente en guerra con Rusia, y no tanto Ucrania, que es el chivo sacrificial para una guerra indirecta del menguante occidente ‘yanquífilo’ contra el creciente mundo alternativo sino-ruso-indio que le disputa una hegemonía mundial que detentó desde el fin de la URSS; como EEUU no puede guerrear directamente rivales globales tan enormes, económicamente ascendentes y nuclearizados como China, India y Rusia, fomenta conflictos que los envuelvan, distraigan y debiliten, retrasando su boom económico y protegiendo la vanguardia armamentista norteamericana. Directamente, a Rusia la guerrea por medio de Ucrania, y si Putin no se adelantaba a impedir el último zarpazo del ejército ucraniano sobre el Donbás, hubiera tenido que actuar reactivamente, en peores condiciones.

Y aquí hay un primer y único triunfo occidental claro: el político-comunicacional dentro de la esfera de influencia de los medios de comunicación occidentales. Todo Occidente cree en la narración de la ‘invasión-guerra’, todo Occidente cree que fue una invasión unilateral, sin razones ni motivos legítimos o lícitos; torpe, brutal, criminal y hasta genocida; diabólica, contra ángeles con virtudes simétricas respecto de esos vicios demoníacos; lo creen un duelo de naciones y regímenes, y no una mera excusa para un asunto de geopolítica global y liderazgos mundiales. La narración icónica calificada lo subraya todo el día, todos los días, a propósito de lo que sea; como un riff, una jaculatoria, un mantra acumulativo, aluvional.

Pero el daño que experimenta y experimentará la dominación económica y más que nada bancario-monetario-financiera de Estados Unidos y sus falderos europeos puede ser muy superior al que sufra Rusia.

Porque, en primer lugar, la inflación interna yanqui erosionará a Biden, cerca de elecciones parlamentarias y con un consumismo popular yanqui que no tolera pérdidas de poder adquisitivo, salvo Pearl Harbor o Torres Gemelas, a los que no se ha recurrido por ahora.

En segundo lugar, las sanciones y las prohibiciones de importación y exportación de bienes y capitales con Rusia dañan mucho más, nacional y políticamente, a los aliados europeos que a EEUU, en el corto plazo. Hasta podrían preverse algunas disidencias nacionalistas entre los aliados europeos y de la OTAN por esos motivos.

En tercer lugar, el corte radical a Rusia con Europa y con el sistema de dominación monetario-bancario-financiero erosionará mucho más el dominio unipolar yanqui 1990-2010 que cualquier otro daño posible. La aceleración de su pérdida del liderazgo mundial económico-tecnológico-financiero, que ya venía sucediendo y temiendo, lo dejará con el solo liderazgo en la industria armamentista, pero del que no puede abusar por el mero oligopolio nuclear en el que está. Entonces, lo mejor es fomentar conflictos fuera de fronteras, vender armas, distraer recursos de países competidores en la carrera global, guerrear indirectamente como con la pobre Ucrania, intentar replicar el modelo en Taiwán, y así seguir, engañando al mundo con que defienden la paz, la democracia y las libertades, mientras se hace lo contrario o lo que convenga sin pruritos.

Hasta que se den cuenta; pero, por ahora, con el liderazgo comunicacional en su enorme esfera de influencia mediática, y el armamentista, están pudiendo engañar bien. ¿Hasta cuándo? Porque las otras hegemonías las van perdiendo aceleradamente, hasta por sus propias acciones, como con este conflicto, incluyendo a los ‘straussianos’ y la Rand.

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