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Columna destacada | animales |

No son provida, son antimujer

Reflexiones sobre la hipocresía y el fundamentalismo de supuestos "machos" moralistas

Hay mucho fanatismo religioso en el medio; pero, sobre todo y más que nada, machismo, hipocresía y ausencia absoluta de empatía.

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Hace unos días me tocó coprotagonizar una situación explosiva en el programa Buscadores. Llegó el momento de exponer, para quien quiera entender, los argumentos que en el momento no tuve de ganar de gastar improductivamente con Bambino Etchegoyen; no porque él o yo seamos importantes (obviamente no lo somos), sino porque el tema sí lo es y tiene que ver con nuestra dignidad como sociedad.

En realidad fueron dos temas, mezclados de manera increíble e irracional; pero vamos por partes.

Sobre bestias y animales

Al presentar Revolución: cómo romper paradigmas y salvar al Uruguay, comencé a desarrollar la propuesta de reforma constitucional planteada en mi libro, un desafío aceptado y enriquecido por militantes frenteamplistas de todo el país que integran el foro Polo de Izquierda. Uno de los puntos propone plasmar en la Constitución de la República que los animales sean seres especialmente protegidos por el Estado.

No es un tema menor. Sin cláusula constitucional, la protección animal queda siempre expuesta a retrocesos. Una fórmula general, plasmada en la Constitución, obligaría al legislador a regular y eventualmente prohibir todas las prácticas que impliquen crueldad injustificada en aras, por ejemplo, del espectáculo.

Los animales son seres sintientes, capaces de experimentar dolor, sufrimiento y bienestar, brindar y recibir afecto. Si pretendemos evolucionar como sociedad, debemos frenar con firmeza toda clase de abusos contra ellos.

Lejos de ser una idea innovadora en soledad, la constitucionalización de la protección animal tiene antecedentes concretos en múltiples países:

Suiza incorporó en el año 2000 el artículo 80 de su Constitución, que regula de forma detallada la protección de los animales, incluyendo su cuidado, uso, transporte y experimentación.

Alemania reformó su Constitución en 2002, introduciendo el artículo 20a, que obliga al Estado a proteger “los fundamentos naturales de la vida y los animales” como responsabilidad intergeneracional.

Austria avanzó en 2004, incorporando una cláusula constitucional de protección del bienestar animal.

India, si bien no reconoce “derechos” directos en términos occidentales, incluye deberes constitucionales de compasión hacia los animales (Art. 51A) y ha desarrollado una jurisprudencia avanzada en la materia, restringiendo prácticas tradicionales cuando implican crueldad.

Uruguay, pese a avances como la ley 18.471, aún se encuentra lejos del primer lugar mundial en cuanto a protección de los animales.

A fines de mayo, en Paysandú, una perra llamada “Lupe” apareció descuartizada en el fondo de una vivienda tras un hecho que estaría vinculado a un conflicto entre vecinos. Aunque la investigación quedó en manos de la Policía, la Fiscalía y el Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA), la situación se complicó porque el cadáver del animal fue descartado antes de que pudiera realizarse una autopsia, lo que eliminó una prueba clave.

De hecho, el presidente del INBA, Esteban Vieta, declaró que cuando concluya la investigación el organismo podrá actuar, pero recordó que las herramientas actuales del INBA son principalmente sanciones económicas, y volvió a reclamar que el maltrato animal sea tipificado como delito.

Lo más dramático es que no ha sido un hecho aislado. Nuestra propuesta no apunta sólo a un avance jurídico; también a un avance moral colectivo; porque un país que celebra la violencia contra seres indefensos está podrido hasta la médula.

Como dijo Mahatma Gandhi: “La evolución de una sociedad se mide por la forma en que trata a sus animales.

Sobre “machos” moralistas

Esto indignó a Bambino Etchegoyen, porque para él los animales son animales, y punto; podemos hacer con ellos lo que se nos antoje. Con esa base (carente de la más mínima sensibilidad) me preguntó si estaba a favor del aborto y nos acusó de estar a favor de cuidar a un animal y asesinar a un “bebe”; sí, así, sin tilde. Nos acusó de celebrar las vidas de las mujeres salvadas y no lamentar los (según él) 100.000 niños asesinados mediante abortos.

Lo que sigue no es una respuesta para el periodista (sería una pérdida de tiempo dar argumentos a un fanático); es sólo nuestra postura ante un tema tan doloroso y delicado.

Me llama la atención que, en todos los países en que he estado, quienes suelen expresarse con más virulencia en contra de la interrupción voluntaria del embarazo son hombres. Y, sí… para nosotros es más fácil. No es nuestro cuerpo ni nuestro futuro el que se compromete.

“Yo estoy a favor de la vida: a las mujeres que abortan habría que quemarlas vivas o apedrearlas en la plaza pública”, me decía uno. Y no era un chiste.

Hay mucho fanatismo religioso en el medio; pero, sobre todo y más que nada, machismo, hipocresía y ausencia absoluta de empatía.

Hipocresía, porque no he oído a estos fundamentalistas, que se muestran como defensores de la vida, expresar la menor opinión en contra del genocidio que Israel continúa perpetrando en Gaza, asesinando a decenas de miles de niños y niñas y dejando a otros tantos con miembros amputados.

Hipocresía, porque suelen ser los primeros en pedir la baja de la edad de imputabilidad, y cuando el Estado destina recursos a las familias que viven en la miseria, se quejan diciendo “usan mi plata para mantener vagos”. Sin embargo, cuando el Estado destina dinero a los poderosos por medio de exoneraciones, exenciones o auxilio en casos de adversidades climáticas, no dicen una palabra.

Hipocresía, porque con su discurso en busca de reinstalar la penalización son instrumentales al negocio de las clínicas privadas clandestinas.

Hipocresía, porque dicen estar a favor de la vida mientras condenan a miles de mujeres a la muerte; mas no a todas, sólo a las más humildes, porque en aquellos lugares donde está prohibido el aborto (y tal como sucedía en Uruguay) quienes tienen dinero se lo hacen en buenos lugares, con todas las garantías sanitarias.

Hipocresía, porque dicen que el país necesita más población; pero nunca han adoptado a nadie.

Hipocresía, porque usan la trampa argumentativa de llamar “bebes” o “niños” a algo que claramente no lo es. Se trata de una manipulación burda que no admite el menor análisis; porque está claro que no es lo mismo un huevo que una gallina, ni una semilla lo mismo que un árbol.

Los fundamentalistas están incluso contra la “pastilla del día después”; porque básicamente consideran a las mujeres como meras máquinas incubadoras.

Hipocresía, porque buscan que una muchacha que frena el proceso del embarazo se pudra en la cárcel; pero nunca promueven la cárcel para los padres que no pagan la pensión alimenticia. Como dice el comediante George Carlin: “Los provida están obsesionados con el feto hasta los nueve meses; pero luego no quieren saber nada de él. Nada, ni guarderías, ni comida en la escuela, ni sanidad gratis… nada. Si eres prenatal estás bien; si eres preescolar, estás jodido”. Y si no, pregunten a libertarios como Javier Milei.

Hipocresía, porque siempre son hombres los que amenazan a sus hijas con expulsarlas a la calle si quedan embarazadas. Esto lo vi en varios países; y en Colombia, llegué a constatar que una iglesia “cristiana” expulsó de su comunidad a una adolescente por esa causa. Si existe el infierno con que el pastor de esa puta iglesia aterroriza a sus fieles ignorantes para quitarles el diez por ciento de sus ingresos, realmente espero que ese estafador se pudra en el averno, porque hay que tener el alma en completo estado de putrefacción para herir de esa manera a una joven cuando más necesita del apoyo y contención de quienes le rodean.

Qué fácil es decir a una chica violada que su embarazo es un regalo de un dios y no de un degenerado y que ella es una criminal por tener el perverso pensamiento de abortar solo porque quiere seguir estudiando o teme vivir en la calle con una criatura que no pidió.

Estos hipócritas no son provida. Son antimujer.

Quizá cuando adopten a un niño y lo críen con un salario mínimo nacional les pueda dedicar algo de mi tiempo. Mientras tanto, creo que la decisión de ser madres les corresponde únicamente a las mujeres; y a los hombres solo nos toca cerrar el hocico.

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