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Columna destacada | Yamandú | Uruguay- | IA

La IA, sus pro y sus contra

Yamandú: ¡Cuidado con esto!

¿Qué hará Uruguay cuando una empresa pueda realizar con 300 personas lo que antes hacía con 500?

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Caras y Caretas Diario

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La inteligencia artificial está revolucionando positivamente la Medicina, el Derecho, la Economía y muchas otras áreas… pero también dejará sin trabajo a miles de millones de personas en el mundo.

Mientras Brasil y China construyen nuevas rutas financieras y Bitcoin gana terreno, Uruguay enfrenta una pregunta crucial: ¿estamos preparados?

Hace apenas unos años, hablar con una máquina parecía una escena de ciencia ficción. Hoy podemos pedirle que redacte un contrato, traduzca un libro, analice una radiografía, escriba un código informático, diseñe una campaña publicitaria o produzca en segundos una imagen que antes requería horas de trabajo humano.

La inteligencia artificial no llegó. Irrumpió. La diferencia no es semántica.

Desde la aparición pública de ChatGPT, a fines de 2022, estamos viviendo una revolución tecnológica cuya velocidad supera la capacidad de gobiernos, empresas, sindicatos y sistemas educativos para comprenderla. Y ni siquiera es el más avanzado de los sistemas de IA, aunque quizá sí sea uno de los más populares. De hecho, ChatGPT (OpenAI) contabiliza entre 1.000 y 1.100 millones de usuarios contra 1.200 millones de Meta AI, que muchos utilizan sin saberlo, ya que está integrada dentro de WhatsApp, Instagram, Android y otros sistemas.

Les siguen Gemini (900 millones), Doubao (345 millones), Qwen / Tongyi (320 millones), Ernie Bot (220 millones), DeepSeek (de 145 a 188 millones), Grock (entre 100 y 120 millones), Copilot (más de 100 millones), Kimi (80 millones), Perplexity (entre 70 y 80 millones) y Cloude (entre 50 y 56 millones).

Estos monstruos tecnológicos nos han convertido en seres absolutamente dependientes, en el mejor de los casos, y en el peor, prescindibles.

Sería absurdo mirar sólo la parte negativa y suicida ver sólo lo positivo

La Organización Mundial de la Salud sostiene que la IA ya está siendo utilizada en numerosos procesos de desarrollo de medicamentos y vacunas y que prácticamente todos los nuevos productos farmacéuticos podrían, en algún punto, haber sido asistidos por ella. En Europa, la OMS informó en 2025 que 32 de 50 países consultados ya utilizaban sistemas de diagnóstico asistido por IA, especialmente para imágenes médicas y detección de enfermedades. ¿Cuál será ese resultado hoy, a mediados de 2026?

En Derecho ocurre algo parecido. La inteligencia artificial puede investigar jurisprudencia, resumir expedientes, revisar contratos, comparar legislaciones y ayudar a preparar escritos. Una encuesta de la American Bar Association encontró que en 2025 el 31% de los profesionales consultados ya utilizaba IA generativa personalmente en su trabajo.

La máquina no necesariamente reemplaza al médico ni al abogado; pero puede reemplazar una parte importante de lo que hacen.

Y allí aparece el problema: el desempleo es la otra cara de la moneda

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó en mayo de 2025 un estudio que analizó casi 30.000 tareas correspondientes a 436 ocupaciones. Su conclusión es prudente: la IA probablemente transformará más empleos de los que eliminará. Pero una de cada cuatro personas ocupadas en el mundo trabaja en una actividad con algún grado de exposición a la IA generativa. Además, las capacidades crecientes para generar imágenes, videos y voces aumentaron el riesgo de automatización en ocupaciones relacionadas con medios y contenidos digitales.

El FMI había llegado a una conclusión todavía más contundente en 2024: casi el 40% del empleo mundial está expuesto a la inteligencia artificial. En las economías avanzadas la proporción llega aproximadamente al 60%.

Por su parte, el Foro Económico Mundial calculó en su Future of Jobs Report 2025 que las grandes transformaciones económicas y tecnológicas podrían crear 170 millones de empleos durante esta década, pero desplazar 92 millones. El saldo sería positivo: 78 millones. El problema es que los 92 millones que desaparecen no necesariamente son las mismas personas que ocuparán los 170 millones nuevos.

Esa es la trampa.

La revolución tecnológica puede aumentar la riqueza y, simultáneamente, aumentar la desigualdad.

BILL GATES CAMINA UNA DÉCADA POR DELANTE DEL RESTO

Bill Gates lleva años advirtiendo sobre el potencial de la inteligencia artificial. Pero su preocupación se ha vuelto mucho más explícita.

En agosto de 2026, publicó un extenso ensayo sobre la llamada “era turbulenta de la IA” y advirtió que algunos empleos podrían desaparecer permanentemente. Propuso incluso la creación de trabajos “reservados para humanos”, una especie de reservas laborales para determinadas actividades, y planteó la posibilidad de gravar a los robots y sistemas de IA para compensar el impacto de la automatización.

No estamos hablando de un ludita del siglo XXI. Estamos hablando de uno de los hombres que ayudaron a construir la revolución informática.

Y Gates formula una pregunta que deberíamos hacernos todos: si una máquina puede hacer el trabajo de una persona más rápido, más barato y durante las 24 horas del día, ¿por qué una empresa mantendría necesariamente el mismo número de trabajadores?

La respuesta no puede ser “porque siempre fue así”. ¿Quiénes están en la mira?

No existe una lista definitiva de profesiones condenadas a desaparecer. La realidad es más compleja: algunas serán reemplazadas, otras serán reducidas y muchas cambiarán radicalmente. Sin embargo, ya podemos identificar áreas altamente expuestas:

Diseñadores gráficos, ilustradores, dibujantes, fotógrafos comerciales, modelos publicitarios, redactores, traductores, periodistas, correctores, operadores de call center, asistentes administrativos, digitadores, analistas de datos, investigadores jurídicos, contadores en tareas rutinarias, programadores en determinados trabajos, especialistas en marketing, productores de contenidos digitales, editores de video, locutores y operadores de atención al cliente.

Agrego policías, guardaespaldas y guardias de seguridad y podría seguir con una lista interminable.

Esto no significa que mañana desaparecerán esas profesiones. Significa que una persona equipada con IA puede hacer hoy el trabajo que antes requería a varias personas; y eso cambia el precio del trabajo… y que quienes se dedican a estas cosas deberían capacitarse de urgencia para poder realizar otras tareas.

En menos tiempo del que podamos imaginar, ya no estaré intercambiando opiniones sobre el contenido de una nota con Grille, sino con un robot que le dirá a Alberto que Caras y Caretas ya no le necesita.

Ése no es el problema.

El problema es que me lo dirá a mí también.

EL DINERO TAMBIÉN ESTÁ CAMBIANDO

Mientras la inteligencia artificial modifica el trabajo, otra revolución silenciosa modifica el dinero.

Bitcoin ya no puede ser tratado simplemente como una extravagancia de internet. En 2025, la capitalización total del mercado de criptomonedas llegó a tocar los US$ 4,4 billones, aunque terminó el año cerca de US$ 3 billones. Bitcoin perdió 6,4% durante 2025, pero las empresas de tesorería digital acumularon al menos US$ 49.700 millones para comprar Bitcoin y Ether, adquiriendo más del 5% del suministro combinado.

En agosto de 2026 Bitcoin volvió a superar los US$ 80.000, impulsado, entre otras razones, por la debilidad del dólar y una creciente demanda institucional.

Pero hay otra amenaza para el dominio financiero estadounidense.

China está construyendo sus propias carreteras.

En 2023, Brasil y China acordaron impulsar el uso del real y el yuan en el comercio bilateral en lugar del dólar y bancos brasileños ingresaron al sistema chino CIPS, destinado a facilitar pagos internacionales en renminbi.

CIPS ya contaba, en abril de 2025, con 171 participantes directos y 1.500 indirectos, alcanzando bancos de 119 países y regiones.

Aquí conviene no exagerar: Brasil todavía no abandonó el dólar. Un estudio publicado en la Revista Brasileira de Política Internacional muestra que entre 2019 y 2023 el dólar representó, en promedio, más del 95% de las exportaciones brasileñas y más del 82% de las importaciones. Pero algo está cambiando.

Si una empresa brasileña puede pagar directamente a una empresa china en yuanes utilizando una infraestructura como CIPS, disminuye la necesidad de pasar por determinados intermediarios financieros occidentales y, sobre todo, disminuye la necesidad de utilizar dólares en esa operación.

Eso no destruye al dólar; pero erosiona, poco a poco, su monopolio. Donde México se sume (y está a un milímetro) el dólar se derrumbará.

Y allí aparece el verdadero problema para Estados Unidos: el poder del dólar no depende únicamente de que sea una moneda fuerte. Depende de que buena parte del comercio mundial, las reservas internacionales, los préstamos y los sistemas de pagos funcionen alrededor de él.

Cada operación internacional que encuentra una ruta alternativa es pequeña. Millones de operaciones alternativas pueden dejar de serlo.

La fortaleza de un sistema de cambio consiste en su credibilidad, y mientras la del dólar cae, la del mercado de criptomonedas y sistemas alternativos sube.

¿Y URUGUAY?

En enero de 2026, según el material de trabajo que hemos venido manejando sobre el impacto de la IA en Uruguay, el Ministerio de Economía y Finanzas advirtió sobre la exposición del empleo uruguayo a esta tecnología: aproximadamente 600.000 puestos de trabajo podrían verse afectados, equivalentes a cerca del 37% del empleo. La estimación coincide con advertencias internacionales que diferencian entre empleos completamente automatizados y empleos transformados por la IA.

Para dimensionarlo: el INE estimó que durante el primer semestre de 2026 Uruguay tenía unos 1,76 millones de ocupados y una tasa de desempleo de 7,4%. 600.000 puestos potencialmente afectados no significan 600.000 despidos; pero sí significa que una parte enorme del mercado laboral tendrá que cambiar.

¿Qué hará Uruguay cuando una empresa pueda realizar con 300 personas lo que antes hacía con 500? ¿Reducirá la jornada laboral? ¿Capacitará trabajadores? ¿Creará nuevos mecanismos de protección social? ¿Gravará parte de las ganancias extraordinarias generadas por la automatización? ¿Reformará la educación?

¿O esperará a que el problema explote para comenzar a discutirlo?

Porque el tsunami tecnológico ya llegó.

De hecho, en febrero de 2026, BASF Services Americas, instalada en el World Trade Center de Montevideo y dedicada a servicios compartidos de finanzas, recursos humanos, logística y tecnología, inició una reestructuración que afectaría a más de un tercio de sus aproximadamente 1.200 trabajadores.

Puede ser IA. Puede ser reorganización empresarial. Puede ser una combinación de ambas cosas. Lo importante es entender el mensaje: ¡esto recién comienza!

La tecnología no es el enemigo. Sería absurdo pretender detenerla. La IA puede curar enfermedades, abaratar servicios, mejorar la productividad, democratizar conocimientos y hacer en segundos tareas que antes requerían días, semanas o meses.

El problema no es que las máquinas sean demasiado inteligentes. El problema sería que nosotros fuéramos demasiado estúpidos como para no prepararnos.

Las revoluciones tecnológicas anteriores destruyeron oficios y crearon otros. Esta puede hacer lo mismo, pero a una velocidad inédita y alcanzando por primera vez trabajos que creíamos exclusivamente humanos.

El desafío no consiste en impedir el futuro. Consiste en conseguir que, cuando llegue, el futuro no necesite prescindir de nosotros.

Yamandú no debe perder el tiempo consultando a opositores mediocres, sionistas y proimperialistas para ver qué podrá decir o no en la ONU. Debe consensuar con el Frente Amplio, partido que la ciudadanía eligió para dirigir al país, y llevar, como Biblia en mano, el programa, ese contrato legitimado en las urnas.

En ese programa está clara la línea que debe seguir cuando se dirija al mundo. Lo demás, es ofrecer la mano nuevamente a perros que insisten en morderla.

Lo que debe hacer Yamandú, y de urgencia, es convocar a un gran encuentro para tomar medidas urgentes y re-vo-lu-cio-na-rias frente al salto tecnológico.

China ya tomó medidas y sus trabajadores pueden dormir tranquilos. El cambio vertiginoso les mejora la calidad de vida porque la economía y la tecnología están al servicio de la gente. Uruguay, en cambio, continúa administrando un modelo en el que la gente está al servicio de la economía.

Éste tendría que ser el tema número uno en todos los medios, pero los políticos mediocres copan la agenda y lo esencial es invisible a los ojos.