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Columnas de opinión | patraña | Orsi | Romina Celeste

Fango político

Arrojar luz sobre toda la patraña contra Orsi

Los autores de esta patraña, que sólo buscaban perjudicar a Yamandú Orsi, hundirlo en el lodo y retirarlo de la carrera electoral, deben hacerse cargo.

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Caras y Caretas Diario

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El operativo de enchastre contra el precandidato frenteamplista Yamandú Orsi llegó a su epílogo, luego de la confesión pública de la trans Paula Díaz, quien acusó a la militante blanca Romina Celeste Papasso de haber urdido un avieso plan para socavar al político en plena campaña electoral.

La revelación de la denunciante y sus disculpas al damnificado no la eximen de responsabilidad penal, y menos aún a Papasso, quien, a priori, debería estar más comprometida, porque ya fue formalizada por haber agredido a un funcionario municipal.

Ambas fueron imputadas penalmente, aunque Papasso sólo deberá cumplir prisión domiciliaria y Díaz, por su condición de primaria, usufructuará el régimen de libertad a prueba. El dictamen judicial parece incongruente, ya que las dos fueron acusadas por asociación para delinquir, difamación y simulación de delito, con el agravante de que Papasso es reincidente. Evidentemente, la montaña parió un ratón.

Aunque Romina Celeste ya había anunciado que la denuncia contra Orsi era falsa, parte de la verdad se supo en el programa televisivo Santos y Seña, que conduce el obsecuente mercenario Ignacio Álvarez, quien volvió a armar un circo mediático sólo comparable a la mascarada del reportaje trucho al narco Sebastián Marset.

Como se sabía de antemano que la acusación contra Orsi no prosperaría, el plan era otro: ligar la denuncia contra Orsi al caso Penadés, una patraña infantil que no tendrá éxito. Ahora, el Partido Nacional se rasga las vestiduras y expulsó a Papasso, luego de haberla amparado para contaminar la campaña electoral.

Hasta el pasado domingo, la imputada fue funcional a los espurios intereses de su partido. En realidad, fue una mera cretina útil a quien se dejó actuar con absoluta impunidad, porque era un cuadro militante de larga data, lideraba una agrupación dentro de la colectividad y tenía fuerte exposición mediática.

Por supuesto, el proceder de esta trans, quien carece de principios y de ética, es consecuente con la conducta del Partido Nacional, que hace casi veinte años se dedica a hacer política en el barro, primero desde la oposición, entre 2005 y 2019, y luego desde el gobierno. Poca diferencia hay entre esta lumpen militante y Sebastián Da Silva o Graciela Bianchi, excepto que Romina es más audaz, desbocada e incisiva y carece de fueros.

La historia es conocida. Hace dos meses, Paula Díaz, una trans, al igual que Papasso, radicó una denuncia policial contra Orsi, en la seccional 10ª, sugestivamente en horas de la madrugada, la cual fue naturalmente derivada a Fiscalía. Realmente, el relato de la presunta víctima jamás se sostuvo, ya que afirmó haber sido agredida hace casi diez años por Yamandú Orsi, luego de un presunto acto sexual fallido.

Según su testimonio, que siempre dejó muchas dudas y ninguna certeza, Orsi la habría invitado a ascender a un automóvil con vidrios polarizados. En ese contexto, la denunciante alegó que el hombre no le habría querido pagar y le propinó un cabezazo que le provocó lesiones y le rompió una prótesis de nariz. Empero, lo más insólito es que recién habría reconocido al político como su agresor cuando éste adquirió mayor visibilidad, casi una década después.

Esta versión siempre fue indigerible, ya que Yamandú Orsi hace 20 años que es una figura pública de primer nivel en Canelones, porque durante las dos administraciones del médico Marcos Carámbula fue secretario general de la comuna, que es el segundo cargo en importancia en el Gobierno departamental. Además, al ser el primer suplente del intendente, cuando éste estaba de licencia, era la máxima autoridad municipal. Luego, fue intendente durante diez años. Por ende, ese pretexto se cayó, desde el comienzo, por su propio peso.

La segunda incongruencia, para nada menor, era que la supuesta damnificada no denunció el hecho cuando éste presuntamente se produjo, pese a que la eventual agresión le habría provocado lesiones de entidad. En efecto, aunque desconociera la identidad del agresor, la denuncia igualmente era insoslayable.

Incluso, la tercera inconsistencia era que esta persona –que claramente siempre mintió y acaba de reconocerlo– haya formulado su denuncia en plena campaña electoral, contra el candidato teóricamente favorito para ganar la interna de su partido y el político que recoge las mayores simpatías del electorado en todas las encuestas.

Los autores de este enchastre judicial y mediático, que tengo la convicción de que no son solo Romina Papasso y Paula Díaz, utilizan lo que en la ciencia política comunicacional se conoce como lawfare (guerra legal en inglés), que consiste en atacar a un político en el terreno penal y también en el simbólico, horadando su imagen y su prestigio.

Un detalle nada menor es que la que comenzó esta campaña era una activa militante del Partido Nacional –ahora desvinculada–, quien antes de consumar su denuncia a través de las redes sociales anunció su regreso al ruedo y advirtió que el Frente Amplio se preparara para lo peor.

Esta persona fue militante orgánica de la colectividad desde su adolescencia, pese a que esta fuerza política siempre rechazó a las personas trans. Sin embargo, Papasso se define como blanca, militó activamente en el Partido –concretamente en la lista 404– y hasta formó su propia agrupación. Su tirria y odio por la izquierda es de siempre y se ha materializado en profusas pintadas en los muros de Montevideo y en su participación en desórdenes.

En enero de 2023, cuando el flamante presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, participó de un acto en la Intendencia de Montevideo, realizó pintadas en las cuales calificó al visitante como “delincuente” y salivó a un funcionario municipal. En ese contexto, fue condenada a siete meses en libertad a prueba, por el delito de “atentado especialmente agravado”. Por ende, aunque el Partido Nacional intente deslindar responsabilidad respecto a este operativo, debió repudiarlo hace dos meses y concretar la expulsión en ese momento. Ahora es tarde. Nadie les cree porque son compulsivamente adictos a la mentira.

El equipo de expertos del Frente Amplio afirma que hay mucho dinero detrás de esta maniobra, que financió más de mil cuentas de Twitter internacionales sin seguidores, que estaban radicadas en México, Colombia y República Dominicana, lo cual es perfectamente verificable. En caso de probarse esa hipótesis, habría que determinar quién o quiénes están detrás de esta chanchada.

Una sutileza que nadie parece haber advertido es que, en uno de los audios difundidos, Romina Papasso le dijo a Paula Díaz que tenía que aprenderse bien la mentira y que ella la tenía bien memorizada. ¿Quién escribió el libreto? Da para pensar y, naturalmente, para investigar.

Esta siempre fue una canallada, por donde se le mire. Empero, habrá que indagar a fondo la totalidad de la maniobra, porque Papasso admitió en sus declaraciones que hay otras personas involucradas y que incluso le ofrecieron una banca de diputada.

Además, la revelación de Paula Díaz, sustentada con la prueba de los audios en el caso de Orsi, parece tener otro objetivo: operar a favor del preso pedófilo exsenador blanco Gustavo Penadés, propósito que naufragará porque este caso está impregnado de connotaciones hasta mafiosas, ya que se armó una trama extrajudicial para estafar a la Fiscalía.

Los autores de esta patraña, que sólo buscaban perjudicar a Yamandú Orsi, hundirlo en el lodo y retirarlo de la carrera electoral, deben hacerse cargo. Las preguntas son simples: ¿A qué partido favorecería electoralmente que Orsi no fuera candidato? ¿A qué partido político perjudicaría la ausencia de Orsi en la campaña electoral? Las respuestas a ambos interrogantes son obvias.

Además, ¿otra vez el Partido Nacional no estaba enterado de nada, como en el caso Astesiano, el caso Marset e incluso en el caso Penadés? En lenguaje de ajedrez, lo ideal es que en esta causa no sólo caigan los peones. Debe caer el rey. ¿Quién es?

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