Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Columnas de opinión | Montevideo | Carolina Cosse | celebración

"Pa los contra"

Contra el país gris, Montevideo sopló 300 velitas

Una entusiasta multitud de todas las edades, que jamás podrían reunir en conjunto los cinco partidos que integran la coalición, desafiaron la grisura y la desesperanza representada por un gobierno en retirada.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

“Festejen uruguayos, festejen”. Esta proclama –que quedó tatuada en la memoria colectiva y sacudió las raíces de los árboles– tuvo como protagonista nada menos que al dos veces presidente de la República, Tabaré Vázquez, quien gobernó el país durante diez de los quince años de primer ciclo progresista y coadyuvó a la construcción de un Uruguay más justo y solidario.

Hoy la que está de festejo es Montevideo, que comienza a celebrar los 300 años de su fundación, conmemoración que debería extenderse hasta 2026, cuando se cumplan tres siglos de la culminación del proceso de consolidación de San Felipe y Santiago de Montevideo como centro poblado y espacio urbano de ubicación estratégica en el Cono Sur americano.

Este hito, que debería unirnos a todos, motivó, en cambio, una agria polémica promovida por la derecha, que acusó a la intendenta de Montevideo y precandidata presidencial, Carolina Cosse, de “falsear la historia” para promover su figura.

El diputado colorado Felipe Schipani, reconocido por su mediocridad y por perseguir a los docentes y sindicalistas, cursó un pedido de informes al gobierno departamental, con el propósito de que este explicara por qué organizó una celebración cuando, en su opinión, el año reconocido oficialmente es realmente 1726. La Intendencia Municipal de Montevideo respondió al planteo del legislador, afirmando que “existe un amplio acuerdo historiográfico en cuanto a que la construcción de la ciudad transcurrió entre 1724 y 1730”.

Pese a la claridad de las explicaciones, otros referentes oficialistas se sumaron a las críticas contra Carolina Cosse, con el propósito de horadar su figura –lo cual naturalmente no lograron– y de ese modo obtener réditos políticos.

Por supuesto, no faltaron los cuestionamientos con respecto al costo de la celebración, que rondó aproximadamente los 100.000 dólares, lo cual fue reconocido explícitamente por las autoridades. ¿Es realmente un costo muy elevado por la contratación de 600 artistas de primer nivel y la organización de 40 espectáculos gratuitos simultáneos en cinco escenarios de la capital? Obviamente, no. Bastante más onerosos para las arcas del Estado son los dos contratos por spots publicitarios de tres minutos firmados por Antel con el pseudolicenciado blanco que se hace llamar Orlando Petinatti, que cuestan 120.000 dólares. ¿Qué le hace pensar a Antel que Petinatti es un personaje relevante como el goleador histórico de la selección uruguaya de fútbol, Luis Suárez, quien también fue contratado por el ente estatal? Los únicos dos méritos de este ridículo espécimen son su filiación política y el hecho de pertenecer a la colectividad judía, que es la dueña de la economía del país y donante de las campañas electorales de los partidos políticos conservadores.

Insólitamente, la derecha transformó esta histórica celebración en un tema de debate político, a diez meses de las elecciones nacionales que definirán el futuro del país.

Aparentemente, el oficialismo se dedica a los debates baladíes, pese a que tiene múltiples problemas para resolver. En efecto, desde que comenzó el año, se registran uno o dos homicidios cada 24 horas, como si se tratara de una constante que se ha extendido a través de los cuatro años de la actual administración multicolor.

Empero, fiel a su adicción a la mentira y pese al cambio de ministro del Interior, el Gobierno sigue falseando la realidad e incluso reporta menos asesinatos de los que realmente se registraron en 2023. Al respecto, el flamante secretario de Estado, Nicolás Martinelli, durante su presentación ante la Comisión Permanente del Parlamento, informó que el año cerró con 382 muertes violentas, aunque la cifra real es 399, lo cual marca un importante aumento en la estadística de este delito. En tanto, fuentes del Sistema de Gestión de Seguridad Pública del Ministerio del Interior, citadas por el senador frenteamplista Charles Carrera, reportaron que el número de asesinatos el año pasado trepó a 403.

Empero, las falacias no se detienen allí, ya que esta administración batió un nuevo récord no reconocido por el Gobierno, que sigue intentando ocultar lo inocultable. En ese contexto, en los 46 meses cerrados en el pasado diciembre, se registró un aumento del 11,32 % de los asesinatos con respecto a igual período del gobierno anterior.

Según las estadísticas del Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior, en base a datos extraídos del Sistema de Gestión de Seguridad Pública, entre marzo de 2020 y diciembre de 2023 se registraron 1.347 homicidios, lo cual equivale a 137 más que los reportados durante la segunda presidencia de Tabaré Vázquez y la tan denostada administración del extinto el exministro Eduardo Bonomi.

¿Martinelli manejó erróneamente las cifras o entendió bien que el lema de este Gobierno es mentir y jugó con la credulidad de los uruguayos? Evidentemente, nadie, salvo alguien que tenga responsabilidad política, contabiliza diariamente las muertes violentas que se registran todos los días en nuestro país, y este Gobierno lo sabe. Por eso miente en torno a los homicidios, al igual que acerca de los robos y las rapiñas, que no bajaron. Las que bajaron fueron las denuncias, por las dificultades de los damnificados para hacerlas en seccionales policiales saturadas que no atienden los teléfonos, donde hay que permanecer dos o tres horas para realizar el trámite.

Realmente hay que ser muy cínico para afirmar que la situación en materia de seguridad es mejor que la de 2019, como lo aseveró el presidente de la República, Luis Lacalle Pou, quien, al igual que el resto de los integrantes de su gobierno, es un verdadero adicto a la mentira.

Asimismo, en lugar de distraerse criticando los actos oficiales de celebración de los 300 años de la fundación de Montevideo, el Gobierno debería preocuparse por los más de 160.000 pasivos que perciben una jubilación mínima de 18.770 pesos. Ese monto –escandaloso y de indigencia– debe equivaler a lo que un ministro o un legislador gasta mensualmente en transporte.

El Gobierno también debería preocuparse por los bajos salarios de la mayoría de los trabajadores, que recién este año alcanzarán el mismo poder de compra de 2019, y por la informalidad, que en 2023 trepó al 22 % de los empleados ocupados.

Naturalmente, otro tema que debería ameritar la atención del oficialismo, cuyo mayor problema parece ser la controversia por el año de la fundación de Montevideo, es el de la pobreza. En efecto, aún hay 350.000 uruguayos que viven en condiciones infrahumanas y otros 6.000 que se encuentran en situación de calle, según datos oficiales.

Incluso, otro motivo de preocupación deberían ser las futuras derivaciones de los casos penales vinculados al excustodio presidencial Alejandro Astesiano y al otorgamiento de un pasaporte ilegal al narco Sebastián Marset.

Durante dos días, más de 250.000 personas colmaron los cinco escenarios instalados por el Gobierno departamental capitalino, donde 600 artistas nacionales de élite desplegaron su arte, su talento y su compromiso con la cultura. Fueron jornadas de celebración, de alegría y de disfrute pleno, al ritmo del rock, el tango, el folclore, el candombe y la cumbia. Por supuesto, la presentación más destacada fue la actuación simultánea de la Banda Sinfónica y la Orquesta Filarmónica de Montevideo, frente a la Bahía, en el populoso barrio de El Cerro.

Es decir, una entusiasta multitud de todas las edades, que jamás podrían reunir en conjunto los cinco partidos que integran la coalición, desafiaron la grisura y la desesperanza representada por un gobierno en retirada, que debería sumarse a la celebración u ocuparse de otras prioridades.

En 2026 –año de la controversia– seguramente el intendente de Montevideo volverá a ser frenteamplista y hasta existe la posibilidad de que el gobierno nacional sea encabezado por alguien de esta fuerza política.