El candidato presidencial Yamandú Orsi optó inicialmente por leer un fragmento del poema “Romance de la luna”, del eminente bardo español Federico García Lorca, vilmente asesinado por el fascismo en 1936, en el curso de la sublevación ultraderechista contra la República. Se le acusaba de comunista, aunque sólo era una persona con sensibilidad social y se le denostaba por su condición de homosexual.
La declamación de Orsi de una pieza poética de intensa y depurada aritmética lírica, que alude a la muerte de un niño gitano que le habla a la Luna, tiene un indudable sentido alegórico, porque los gitanos fueron reprimidos y perseguidos por el franquismo, acusados de ser portadores de enfermedades infecciosas.
¿Tiene algo que ver esta lectura con la actual coyuntura electoral del país? Sin dudas, la tiene, porque el presidente de la República, Luis Lacalle Pou, tiene una genética fascista, ya que su padre, Luis Alberto Lacalle Herrera, fue en su juventud un ferviente admirador del dictador Francisco Franco, que trasuntó en su libro “Trasfoguero” (1963), donde narra su emoción por su encuentro con el tirano, a quien califica de “caudillo”.
Naturalmente, es bien conocida la presencia del político blanco, en 1975, en la Embajada de España, cuando falleció el dictador. En esa oportunidad, Lacalle Herrera ensayó el saludo fascista con su brazo derecho alzado al frente y cantó el himno “Cara al sol” de la falange española. Evidentemente, nadie puede negar su origen, máxime si consideramos que el presidente, además, es bisnieto del caudillo Luis Alberto de Herrera, admirador del dictador italiano Benito Mussolini.
Aquí hay una genética oscura que emparienta ideológicamente a Luis Lacalle Pou con otros fascistas, como el líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos; con Pedro Bordaberry, hijo del dictador Juan María Bordaberry; y con Andrés Ojeda, una burda fotocopia del prepotente mandatario Jorge Pacheco Areco.
Estos toros enfurecidos son lo que enfrenta el Frente Amplio y el candidato presidencial Yamandú Orsi, quien presentó medio centenar de propuestas programáticas destinadas a sacar al país del estancamiento, de la postración social de vastos sectores de la población, de la pobreza infantil, de la violencia y de las patologías mentales que contaminan a la sociedad.
Orsi, que prometió lo que se puede cumplir, se presentó como alguien que llega para unir y no para dividir, para “que existan más y mejores oportunidades, más salario y más trabajo –obviamente digno– para aquellas personas que no llegan a fin de mes y para resguardar a esa niñez desprotegida”.
En ese marco, aludió a tres ejes básicos: estabilidad económica y crecimiento, cuidado y protección social y mejora de la seguridad. En ese contexto, propuso “revisar esquemas fiscales para adaptarlos a un nuevo contexto tributario mundial, con una estructura de incentivos para que las empresas multinacionales paguen en Uruguay”.
También promovió beneficios en la tarifa eléctrica para las pequeñas y medianas empresas, así como reducción de costos y cargas burocráticas, partiendo de la base de que estas unidades productivas generan más de dos tercios de los empleos. El plan apunta a detener la creciente desindustrialización del país. En ese mismo sentido, otra de las prioridades es la creación de parques tecnológicos.
En otro orden, anunció la construcción de la postergada represa de Casupá para solucionar el problema del agua potable, el otorgamiento de 25 mil hectáreas nuevas al Instituto Nacional de Colonización, la creación de una secretaría en Presidencia para coordinar programas vinculados a la ciencia, la tecnología y la innovación, y también aumentar el 50 % de la flota de transporte público eléctrico e incorporar 150 unidades por año.
Una de las prioridades de un eventual gobierno del Frente Amplio es el aumento del poder adquisitivo de los trabajadores, con énfasis en los salarios sumergidos que castigan a un tercio de los empleados registrados en el Banco de Previsión Social.
En tanto, el apoyo social más importante sería una partida de $2.500 a las familias con niños en centros de educación inicial y escuelas de ANEP al inicio de las clases, la duplicación de la cobertura en jardines y escuelas de tiempo completo o extendido, el aumento del 50 % en el monto de la Tarjeta Uruguay Social y el Bono Crianza, y el establecimiento de un stock de viviendas para “alquileres accesibles”, con una experiencia piloto de 400 unidades en todo el país.
Con respecto a la seguridad, que es el tema que más preocupa a los uruguayos, el compromiso es desarrollar un sistema integral de lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico, para que el país “deje de ser un colador”, la incorporación de 2.000 policías más y el sustantivo aumento de dispositivos de videovigilancia.
Esta es una mera síntesis del paquete de medidas anunciadas por el candidato presidencial frenteamplista, que corrobora la falacia de la derecha, la cual afirma que el FA no tiene propuestas. Por supuesto, lo importante es cumplirlas y no emular las mentiras del bloque conservador liderado por el Partido Nacional, que incumplió casi todas sus promesas de campaña.
Pese a que los ejes programáticos son una mera sinopsis del plan de gobierno, aquí no hay medidas demasiado radicales ni cangrejos debajo de la piedra como sí los hubo durante este período. En ese contexto, bastan algunos ejemplos: prometieron que no aumentarían la edad jubilatoria y la aumentaron; que no iban a aumentar las tarifas y las aumentaron; que mantendrían el nivel de salarios y jubilaciones y durante tres años lo bajaron y los trabajadores perdieron más de 1.000 millones de dólares; y prometieron que iban a mejorar la seguridad y hoy asistimos a un récord de los homicidios.
Ahora, el bloque derechista promete el oro y el moro, como si no estuviera gobernando. Por eso, apela a una campaña sucia y rastrera que contamina la política, desvía el foco de los temas más trascendentes y promete hacer lo que no hizo en casi cinco años. El toro furioso se quedó sin crédito y está expuesto a la estocada.