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Columnas de opinión | Milei | PASO | Argentina

Las Paso

El temor a Milei alimenta a Milei

Milei es el único de los presidenciables que muestra creer en su discurso. Equivocadísimo, psicópata, delirante, pero cree de verdad.

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Alberto Fernández le anticipó al periodista Roberto Navarro que había que terminar con los veinte años de kirchnerismo. Sólo la candidatura de Cristina podía atenuar e impedir ese objetivo. Era Cristina o a los botes.

Pero las PASO no son más que una encuesta, la verdadera, aparte de decidir los candidatos de cada sector. Que Milei haya sido el más votado indica nada más que una tendencia, e indica nada menos.

El último mes de campaña los medios hegemónicos empezaron a atacar a Milei en plan voto temor. Eso lo fortaleció. A un candidato que se presenta antisistema, que el sistema lo ataque lo alimenta.

En pos de evitar lo peor, el peronismo se menemiza con Massa de candidato, aunque aún más que a Menem sus discursos remiten a Alzogaray. Son anacrónicos.

Es un anacronismo que el peronismo nunca había mostrado. Cuando el mundo se dividía en áreas de influencia, Perón zigzagueó lo más hábilmente que pudo en la “tercera posición”. Cuando el Consenso de Washington, el peronismo fue menemista, pero que vuelva al menemismo en pleno mundo multipolar es anacrónico. Hoy Argentina se debate entre tres candidatos globalistas unipolares que aspiran a gestionar los ajustes del FMI, el verdadero gobierno de Argentina.

El más globalista y unipolar de todos, Milei, obtuvo el 30 % de los votos válidos. Quien le sigue en intensidad, Bullrich, el 28 % y Massa el 27 %. “Tres tercios” adelantó Cristina, “donde lo importante es el piso”, pero el orden de los factores en este caso altera el producto. La derecha más confesa tiene un 60 % de intención de voto. Es un dato demasiado duro de remontar en primera vuelta o en balotaje.

Retirada Cristina, tras el doble gatillazo en su cara, el milagro de que no salió la bala, el curso de la política argentina se resolvió palaciego, candidatos de rosca, de mesas chicas, los tres aceptables y aceptados por la embajada. Decir que el final está abierto es inútil porque es inútil que esté abierto. Sólo está abierto para matices de una misma opción.

Decir que Argentina se derechizó por tendencia mundial es falsear por completo la tendencia mundial. Argentina se derechizó porque sus dirigencias políticas la derechizaron. Si Cristina no forzó la proscripción en firme desde el más alto piso que podía tener el peronismo, es irreprochable, aunque haya significado en los hechos defraudar a su pueblo. Quiere seguir viviendo y su hija, Florencia, la necesita. Es humana. Ella misma dijo de Kicillof, quien más votos cristinistas podía retener, que no se podía obligarlo a ser candidato presidencial si no quería.

El domingo, en Ecuador y en Guatemala, se van a verificar seguramente dos grandes avances de la izquierda, en consonancia con los de casi todo el continente. Argentina va a contramano.

Y en cualquier caso, sea cual sea el ganador en octubre o noviembre, Argentina va a chocar, porque la deuda sigue siendo impagable y los condicionamientos políticos del FMI, insostenibles.

Cuarenta por ciento de pobres e inflación con devaluación galopantes y ajustes del FMI (el verdadero gobierno), todo sin necesidad de sanciones ni bloqueos, hacen que Argentina no le tema a más nada que a su propia situación actual. Al pueblo le pusieron a Milei de espantajo y prefiere echárselo encima al sistema político, ese que nunca hace y dice la misma cosa, ese que a veces pone el señalero a la izquierda pero siempre dobla hacia la derecha. Ese que a cada paso demuestra que, cuando caracteriza a la casta, Milei tiene sus razones. El pueblo las siente. Y vota broca, vota castigo, aunque sabe que Milei es el más ortodoxo de la casta misma, la financierista.

Terminar con veinte años de kirchnerismo va a ser imposible. Es muy probable que Kicillof vuelva a ganar la provincia de Buenos Aires y desde ese bastión Argentina recupere el tiempo y se ponga a tono con el espíritu de la época. Pero el peronismo el domingo perdió 6 millones quinientos mil votos en relación al 19 y de estos el 75 % porque no fue a votar. Juntos por el Cambio perdió cuatro millones y el 75 % fueron a Milei. El treinta por ciento de Milei tiene casi dos millones de votos peronistas del 19 y tres millones macristas.

De los tres, Bullrich tiene la campaña más difícil, porque Milei le ganó el éxito, el voto a ganador y Massa puede requechear votos del derrotado Larreta, pero si Bullrich pierde suficientes votos para no entrar al balotaje, la mayoría deberían ir para Milei, que no está imposibilitado de ganar en primera vuelta.

En esta encuesta que, de hecho, son las PASO, Larreta tiene 11 % y Bullrich 17 %. En primera vuelta se juegan cargos ejecutivos y parlamentarios, municipales y gobernaciones, un 11 por ciento es poco poco porcentaje a repartirse una vez deducido el voto duro que dé cargos al larretismo.

En cambio, el voto Grabois no se juega cargos y no es seguro que todos acaten el, a regañadientes, “acompaño” de Grabois a Massa.

Schiaretti, el cuarto en pasar en primera vuelta, también se juega sus bancas en Córdoba. Es improbable que pierda bastante del 3,7 % de sus votos. El Frente de Izquierda, que entró quinto, va a crecer al menos algunas décimas su 2,7 % de votos con los que no pasaron las PASO.

La táctica de Cristina llegó al cenit cuando sacó a la calle dos millones de manifestantes ante los alegatos de fiscalía, pero no pudo sostenerla. Terminaron definiendo en Palacio donde Alberto Fernández es muy hábil.

En definitiva, Massa es el gobierno, es ministro de Economía de la inflación, de la devaluación, de los deberes controlados por el FMI. No tiene nada para proponer y de hecho no propone nada. Su campaña hacia las PASO fue no hacer campaña. Los publicistas le llaman “living”. En cambio, Milei vende futuro. Inviable, pero futuro.

En política se nota cuando no se cree el propio discurso. Milei es el único de los presidenciables que muestra creer en su discurso. Equivocadísimo, psicópata, delirante, pero cree de verdad.

Por otra parte, Mauricio Macri logró que su primo Jorge le retenga Buenos Aires, lugar clave para él. Para Massa era clave Tigre y lo perdió su esposa Malena con Zamora. Son detalles significativos.

Campañas son campañas y los errores pueden incidir, pero Milei se ha mostrado impune a los errores y la tendencia es al triunfalismo y al voto castigo. El gobierno en total tuvo un voto castigo del 78 %. Difícil de resolver con campaña porque Massa es inmilitable para buena parte del campo nacional y popular y dificilísimo de resolver con medidas de gobierno, porque ya la primera que le impuso el Fondo para el lunes siguiente a las PASO fue una devaluación que ya generó más inflación.

El voto Milei no es ideológico, aunque él se presente con patética pero alta especificidad teórica. Es voto protesta, voto contra el gobierno actual y contra el anterior.

Bullrich tiene la campaña más difícil pero tiene aparato y el aparato macrista no fue quebrado ni siquiera cuando las PASO del 19 lo dejaron en la lona. Alberto Fernández le aceptó el dólar a 60, le dio una misa, le cogobernó el último tramo y lo levantó del piso, salvando al sistema. No lo va a quebrar ahora. Mark Stanley, el embajador yanqui, les ordenó a Larreta-Massa cuando los reunió en la embajada, “armen el 70 % ya, ahora” urgido por extraer recursos naturales de Argentina, tal cual expresó Laura Richardson, la jefa del Comando Sur. Hoy el 70 % para esa gobernabilidad ya estaría logrado y, sin embargo, la factibilidad del programa es muy baja.

Por su parte, el Frente de Izquierda no habla de política exterior. La gran falla de Myriam Bregman en las entrevistas es que elude explicar su perspectiva de poder, la factibilidad de su propuesta no está, aunque es perfectamente factible en el mundo multipolar actual. Pero tienen una visión de derecha de la política mundial.

Y la gente, en cambio, considera factible el programa de Milei que no tiene ninguna posibilidad de concreción. La izquierda no ha sabido decir que Milei no puede hacer las locuras que propone, y en cambio la izquierda sí podría mostrar los apoyos gubernamentales fuertes que un programa soberanista tendría en este nuevo orden mundial.