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Columnas de opinión | derechos | deberes | obligaciones

Cuestión moral

Hay derechos; faltan deberes y obligaciones

El Uruguay inmediato y urgente exige expandir los derechos –los niños y familias pobres como centro de los desafíos– y también los deberes y responsabilidades.

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Existe una tendencia en la izquierda global –¿en Uruguay por qué no?– a desarrollar una vigorosa agenda de derechos. Se trata de reconocerlos y profundizarlos. En los gobiernos del Frente Amplio eso ha sido nítido y la sociedad parece haberlos asumido; se apropió de ellos en un ejercicio ciudadano de poder y empoderamiento.

Ahora bien, parece necesario –para fortalecer el poder ciudadano– trabajar sobre otra agenda, agregando a los derechos, “deberes y obligaciones”.

LA AGENDA SARAMAGO

En el año 2017, la Fundación Saramago –dirigida por Pilar del Río, esposa del escritor portugués– lanzó una carta universal que busca expandir la idea de que los ciudadanos reclamen con vigor una agenda de “deberes”.

La carta, difundida en aquel año y que del Río busca desarrollar en distintos países, cita el discurso de Saramago cuando recibió el Premio Nobel de Literatura, en el año 1998.

El escritor dijo: “Con la misma vehemencia y la misma fuerza con que reivindicamos nuestros derechos, reclamemos también el deber de nuestros deberes. Quizás el mundo pueda empezar a ser un poco mejor”.

A partir de ese llamamiento, la UNAM (Universidad Autónoma de México) y la Fundación José Saramago (FJS) convocaron en 2015 a especialistas en diversas áreas para discutir, en la Ciudad de México, una propuesta de Carta Universal de Deberes y Obligaciones de los Seres, un documento complementario a la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Tras años de trabajo, varias reuniones y la adhesión de diferentes instituciones y ciudadanos, en 2018 el documento fue presentado a diferentes comisiones de la ONU y entregado a su secretario general, António Guterres.

Se busca que se convierta en un documento con fuerza legal.

El otorgamiento de derechos –por la Carta de Derechos Humanos– ha logrado aliviar algunos de los problemas individuales y sociales, pero no ha sido capaz de resolver otras muchas situaciones. El pasar de los años ha puesto de manifiesto que la mera titularidad de derechos no es suficiente para transformar la realidad cotidiana; que los poderes públicos y privados no van a cambiar su actuación por el solo reconocimiento de derechos en favor de personas o colectivos. “Los titulares de derechos tenemos que asumir nuestra situación, no como algo dado de una vez y para siempre, sino como un atributo que requiere ejercerse y actualizarse cada día. Por paradójico que parezca, tenemos que obligarnos con nosotros mismos”, dice la propuesta liderada por la Fundación Saramago.

EL HOMBRE Y LA CUESTIÓN MORAL

Los derechos y los deberes. Ese binomio encierra una dinámica de tipo moral. Tenemos derechos, pero como comunidad –para alcanzar otro estadio de vida en comunidad– debemos apoderarnos de los deberes, las obligaciones y las responsabilidades. Así como los derechos conculcados obedecen a una decisión de orden moral, la expansión de los deberes y responsabilidades, también habla de la dimensión moral de pertenecerse y pertenecer a la comunidad y, en tanto tal, el individuo visto en clave colectiva.

Parece claro que estos elementos –derechos, deberes y responsabilidades– buscan acotar el acentuado individualismo que potencia el neoliberalismo. Esta nueva agenda eleva aún más al individuo, pero no desde su desvinculación para con el otro, sino su existencia en clave del bien común, de la comunidad, con el otro.

“El pasar de los años ha mostrado la necesidad de que las personas como individuos y parte de colectividades luchen por afirmar sus derechos y condición social. Igualmente se ha puesto de manifiesto la urgencia de aceptar a plenitud la observancia de su precondición: el cumplimiento de los deberes y obligaciones que a cada cual le corresponden jurídica y moralmente. A lo largo de las últimas décadas asistimos efectivamente a una toma de conciencia: los derechos son una herramienta indispensable para la construcción de la individualidad, pero ello requiere, a su vez, de la construcción de lo social, del todo en el que se está. Para lograr un desarrollo pleno y auténtico, y realizar cabalmente el proceso de humanización, necesitamos pensar y pensarnos como partes de ese todo y asumir la cosa pública como el hábitat social que nos da posibilidades porque nuestra contribución es una fuente de sentido”, dice el texto que promueve la Fundación Saramago.

Y agrega: “Nosotros, en lo individual o en las agrupaciones a las que hemos decidido incorporarnos, necesitamos entender que junto a la exigencia de cumplimiento de nuestros derechos, tenemos que cumplir con deberes y obligaciones que incluyen demandar a nuestros Estados el respeto y garantía de los mismos, porque el Estado nunca queda eximido de su responsabilidad de garante”.

En el año 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la “Declaración sobre el derecho y el deber de los individuos, los grupos y las instituciones, de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales universalmente reconocidas”, en Declaración Universal de Deberes Humanos, en cuyo artículo 18 se reiteró la importancia de que cada cual asuma sus deberes y obligaciones como eje para la transformación individual y colectiva.

En febrero de 2002, la propia Asamblea General emitió una nueva resolución a fin de exhortar a los Estados miembros a lograr el cumplimiento de esos derechos, deberes y obligaciones.

“¿A qué debiéramos estar obligados cada uno de nosotros, en función de nuestras circunstancias, capacidades y posibilidades, para con nosotros mismos, con los demás, con nuestra comunidad, con nuestro sistema de gobierno o con el espacio que habitamos? Que alguien o muchos lo sepan, no es suficiente para lograr acciones en la dirección correcta. Es necesario decirlo, postularlo, comprometerlo, para que las cosas empiecen a marchar en tal sentido. Así como desde hace años se viene pregonando la necesidad de que cada cual se asuma como sujeto pleno de derechos y sea capaz de entenderlos y ejercerlos, así también se hace necesario, a través de un ejercicio de educación cívica, hablar de los deberes y las obligaciones que tales titularidades imponen”, agrega el documento.

Esta dimensión de los “deberes y obligaciones” debe impactar en las políticas contra la pobreza, y la infantilización de la misma.

Es una cuestión moral. Y los ciudadanos están invitados a promover esas acciones para alcanzar las metas planteadas para lograr el desarrollo armónico de la humanidad en su conjunto.

El Uruguay inmediato y urgente exige expandir los derechos –los niños y familias pobres como centro de los desafíos– y también los deberes y responsabilidades. Ser mejor vecino, ser mejor trabajador, ser mejor empresario; sancionar al que viola derechos (medioambientales, por ejemplo) y al que no asume las responsabilidades en cada lugar.

En el documento programático aprobado por el Frente Amplio el fin de semana pasado hay mucho derecho y nada sobre “deberes y obligaciones”. Tal vez habría que leer a Saramago. Son 23 puntos y no muerden.

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