Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Columnas de opinión | Heber | homicidios | inseguridad

Seguridad

Heber o el lugar del humo

La realidad le revienta la cara; se hace pedazos el discurso populista de que la violencia que se registra en la sociedad se solucionaba con mano dura, más punitivismo, más cárcel

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Es de noche. Las pantallas de los noticieros no pueden omitir ni la ola de frío ni la de homicidios. Es de noche y el ministro del Interior Luis Alberto Heber dice: "No podemos prever estos homicidios que suceden a veces en cualquier esquina". Antes había exclamado, rodeado de cortesanos, que “volvieron las carteras a los barrios”.

La realidad le revienta la cara; se hace pedazos el discurso populista de que la violencia que se registra en la sociedad se solucionaba con mano dura, más punitivismo, más cárcel. Mucha gente les creyó. Todos teníamos algo para contar, desde un afane en una esquina hasta un copamiento o tiroteo en algún barrio. “Se terminó el recreo”, decía con tono marcial un general devenido en candidato presidencial. “Se acabó el recreo”, repetía en Tranqueras el candidato blanco que luego sería ungido presidente. Era la versión 2019 de la proclama de Jorge Larrañaga de “vivir sin miedo”. Pero la realidad los pasó por arriba; los tiroteó en cada esquina y el voluntarismo demagógico comenzó a diluirse en un nubarrón más parecido a humo que a otra cosa.

La agenda urgente

Había una altísima sensibilidad en la sociedad sobre la inseguridad. La fuerte campaña política de la otrora oposición -con la ayudita de los medios- estaba construyendo la angustia en los uruguayos. La oposición eligió el camino corto: la demagogia de la mano dura, aquí nadie se entrega. Así en la primera semana de gobierno aparecieron los patrulleros con sirena abierta, el helicóptero, los caballos de la Republicana en 18 de Julio y la fila de patrulleros prontos a combatir el delito en cada plaza del interior. Humo, puro humo.

La realidad es tozuda, como decía el general Liber Seregni. Las informaciones diarias hablan de un aumento significativo de los homicidios, a lo que el ministro Heber responde que tiene un “plan”. Enseguida de anunciarlo fue a comerse un fainá en un bar de Pocitos tras preguntar: “¿Hubo algún intento de robo en los últimos días?”. Mientras saboreaba el fainá humeante, escuchaba la respuesta negativa del pizzero. Mientras, las balas siguieron silbando y la violencia callejera no pudo taparse.

Detrás de un tiro

Medir la inoperancia del ministerio del Interior en la tasa de homicidios es ingresar en la lógica demagógica que los llevó al gobierno. No es con un relato necrológico que se construyen las soluciones para la violencia y la crisis del modelo de convivencia que registran nuestras sociedades.

Hace muchos años, Tabaré Vázquez dijo: “Si tengo que elegir entre darle de comer a un niño y tapar un pozo, elijo lo primero”. Conceptualmente, Vázquez estaba hablando de prioridades. Y el tema de la violencia exige elevar ese asunto al nivel de urgencia y prioridad política. No solamente por los homicidios, sino por la obligación moral de construir armonía y humanismo allí donde está todo roto. (Las zonas rojas de las zonas urbanas, perfectamente mapeadas durante la Administración Bonomi, son un dato relevante para construir las alternativas. “Seguridad, inclusión y ciudadanía” es la clave que surge de estudios sobre criminología).

Si esto es así -lo dicen distintas experiencias en el mundo-, parece clave tomar aquella frase de Vázquez. Me explico: si el fenómeno de la violencia es “multicausal”, poner el foco exclusivamente en el componente punitivo de la batalla es una burrada. Hay que elegir.

Hace algunos años la Intendencia de Montevideo desarrolló en el barrio Casavalle el proyecto Sacude -Salud, Cultura y Deporte-. Fue ubicado en el barrio municipal en la zona de Casavalle. Se construyó en 2010, en el marco de la regularización de tres asentamientos de la zona: Barrios Unidos, Curitiba y 3 de Agosto.

El Sacude es una apuesta a mejorar la calidad de vida de los vecinos y vecinas de la zona buscando el acceso democrático a la cultura, el deporte y la salud.

Cuenta con una superficie de 10.700 metros cuadrados, los cuales incluyen: un gimnasio cerrado y polifuncional, vestuarios, policlínica, salón comunal y teatro para 500 personas, anfiteatro para 300 personas, cancha de fútbol, parque abierto de 4.200 metros cuadrados y equipamientos comunitarios saludables.

Más de mil personas por semana participan en las propuestas culturales, deportivas y de promoción de la salud, haciendo propio el proyecto, transformándolo y enriqueciéndolo desde la cotidianeidad. Pero no es suficiente. Algunas experiencias en Colombia hablan de multiplicar los Sacude en Montevideo y en el Interior. Es un asunto de plata, de voluntad política y de prioridades.

Estudien que no muerde

El exfiscal Jorge Díaz dio alguna pista el pasado martes 31 en su cuenta de Twitter. “Una política pública de seguridad implica la planificación e implementación coordinada de cuatro acciones: la prevención, la conjuración de los hechos delictivos o violentos, la investigación y la persecución de los delitos con base en una política criminal claramente definida. Es claro que no puede haber tantas políticas criminales como funcionarios que participan en la tarea de investigar y perseguir. El Estado es uno solo, la política pública de seguridad debe ser una sola y no debe transformarse en un botín político. Porque la seguridad es un derecho humano fundamental y comprende la libertad para vivir sin miedo, sin miseria, sin necesidad y con dignidad”.

Un estudio al que accedí agrega que debe haber un “estudio cuantitativo y cualitativo del crimen y de la información judicial, en combinación con información sociodemográfica y factores espaciales, con el objeto de aprehender criminales, prevenir el crimen, reducir el desorden y evaluar los procedimientos organizacionales” (Boba, 2005, p. 6).

La criminalística está avanzada, salvo para el ministro Heber. Hay estudios en Uruguay sobre la actividad criminal -delitos, infractores, víctimas y patrones de ocurrencia- a partir de lo cual, junto a otros ministerios, se pueden realizar potentes acciones. Estas respuestas no excluyen la sanción, lo punitivo, la detención y cárcel. Incluye además una política digna hacia las cárceles, porque al final de cuentas al delincuente lo sancionas dos veces: pierde la libertad y lo condenas a una vida indigna, entre la mugre y con una comida que ni en el cantegril la comía. (El periodista Gabriel Pereyra dice: “Prefiero que me robe un tipo que nunca estuvo en la cárcel que uno que haya pasado por ella”. Estaba hablando de cómo salen).

Hacer el bien

“Se puede hacer el bien a través de la lectura y la escritura; no tengo necesidad de empuñar un arma para transformar la vida de otro”, dice Claudia Silgado, una mujer afrocolombiana que nació en el departamento de Magdalena, Colombia, a orillas de un río y que es conocido como la tierra de Gabriel García Márquez. Ella es un claro ejemplo de qué hacer en el territorio.

La colombiana trabaja en contextos críticos de Colombia y desde allí difunde su experiencia.

Termino con lo que pasó hace pocos días en un liceo de Canelones.

El pibe era complicado en el liceo. Su ansiedad la trataba con violencia, tanto con sus pares como con objetos: rayaba bancos y automóviles.

En estos días, en clase, se produce este diálogo entre el profesor de literatura y ese alumno.

-En sexto estamos dando sobre el fascismo histórico y las nuevas caras que está teniendo hoy […] Usted sabe que escribo poesía, y que el trap fue lo que más me inspiró a seguir explorando. Pero ahora me doy cuenta de que el fascismo de las palabras y las cachiporras de quienes nos piden documentos en el barrio fue lo que más me llevó a leer libros de historia y otros poetas que yo no conocía.

Todos prestaron atención.

-La poesía me hizo antifascista, profe, concluyó el pibe pendenciero.

Final

Otro dato. ¿Dónde se registran las deserciones en edad escolar o liceal? Uruguay luce un brutal índice de deserción en secundaria. ¿Eso es uniforme en todos los sectores sociales? No. ¿A dónde van esos muchachos que desertan, que pertenecen a contextos críticos sin cultura de trabajo y, quizás, con antepasados familiares similares, con más años en la calle y en la cárcel que en un trabajo? Parece clara la prioridad.

Más todavía: tomando aquella frase de Vázquez -la del niño y el pozo-, parece evidente que, por ejemplo, entre desarrollar el Antel Arena y construir 10 proyectos Sacude en diversos puntos de Montevideo y del interior, ya se sabe cuál es la opción humanista, justa y sana. Hay un tema ético de las prioridades. Y la izquierda -si quiere volver a las fuentes y revincularse con lo mejor de las herencias- tiene que optar.

Dejá tu comentario

Forma parte de los que luchamos por la libertad de información.

Hacete socio de Caras y Caretas y ayudanos a seguir mostrando lo que nadie te muestra.

HACETE SOCIO