Eliminar al otro
En los libros de José Pedro Barrán “Historia de la sensibilidad en el Uruguay”, se describen los usos y costumbres de una sociedad que transitaba desde la cultura “bárbara” a la modernidad. Al observar esas crónicas, se advierte lo “normal” y lo socialmente admitido y consensuado. El siglo XIX muestra las conductas, las maneras de abordar distintos episodios. Un ejemplo: el valor de la muerte y su vinculación con la Patria. Fausto Aguilar fue un militar oriental que actuó en el movimiento revolucionario encabezado por Rivera (1836-38) contra el general Oribe. En uno de los encuentros de esta campaña arengó a sus hombres, antes de entrar en combate, con la famosa frase: "¡Sáquense los ponchos, muchachos, que en el otro mundo no hace frío!".
Por esos años, Leandro Gómez –que defendió Paysandú del asalto colorado y brasileño– fue vencido y el general Venancio Flores le envió un ultimátum exigiendo la inmediata rendición, y éste devolvió la carta con una frase agregada, encima de su firma: «Cuando sucumba». Capturado vivo, Leandro Gómez fue fusilado y luego mutilado. En el libro “Escobar, el vencedor de Masoller” se narra en detalle los pormenores de los enfrentamientos entre colorados y blancos, “a lanza limpia”.
El historiador nacionalista José de Torres Wilson contaba que algunos que participaron de los enfrentamientos de la guerra de 1904 contaban las sensaciones que le dejaban cuando en el cuerpo a cuerpo le hundían las lanzas en los cuerpos de los enemigos. “Sentían cuando la lanza atravesaba la piel”, contaba de Torres Wilson.
A lo largo del siglo XX, se registran hechos vinculados a la cultura “bárbara”, aunque es lógico pensar que ciertas conductas están más sujetas a las pulsiones humanas violentas que a un tiempo concreto. Vaya este ejemplo: en la década de los años 60, la publicación “Al rojo vivo” contaba casi en forma semanal los atropellos policiales con los detenidos acusados de cualquier delito. En el interior, se registraban hechos similares a los del siglo XIX: en una comisaría se torturó a un detenido obligándolo a estar sentado por horas encima de un hormiguero. Ya en dictadura, los militares utilizaron todo tipo de prácticas de torturas –incluyendo la desaparición– en su combate contra la “subversión”.
Lo interesante es que, en cualquier caso, la idea central era “eliminar al otro”. Ya fuese en las montoneras de los siglos XVII y XIX como en los años que el hombre volaba a la Luna por primera vez. Aún más, vinculándose con aquella frase de San Martín, hay un video en donde se escucha al general Perón decir: “Al enemigo ni justicia”.
La barbarie 2.0
Los tiempos nuevos muestran una foto distinta a los degüellos en la Banda Oriental. ¿Distinta? Esta es una época marcada por la rivalidad violenta y ella se transforma en una herramienta vincular. El insulto fácil y la agresión rápida están en nuestra cotidianidad como forma de “destruir al otro” o de “cancelarlo”, como ahora se estila decir. Esta perversa dinámica está multiplicada a la N a partir de la expansión de Internet y el nacimiento de las redes.
Hay dos fenómenos interesantes. El primero tiene relación con la seducción –una suerte de espejismo– que parece transformar a un ser anónimo en un protagonista público de relevancia. La “democratización del saber y del conocimiento” –como se “vende” Internet– es detonada por algo aspiracional del ciudadano de a pie. El personaje tal vez gris encuentra en las redes la forma de “trascender” y ya no lo hace con iniciativas creadoras o impulsos intelectuales de profundidad. No. Su voluntad es expresar su enojo y repudio hacia un alguien o una idea. Se terminó mi vida gris; ahora tengo voz y la puedo expresar para que el “mundo” se entere de mi existencia. El otro fenómeno –tan grave como el primero– es la aparición de cuentas truchas desde donde, sin límite alguno, se busca claramente la destrucción del otro. ¿Qué diferencia a estos “degolladores” de aquellos, subidos a un caballo y lanza en mano, que tiñeron de sangre nuestra campaña? Nada. Es la misma pulsión “criminal” que busca eliminar al otro. Nada nuevo. La barbarie sigue viva.
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VYGOTSKY Y LA FORMACIÓN SOCIAL DE LA MENTE
James V. Wertsch
Cognición y desarrollo humano.
Los escritos de Vygotsky son una fuente de ideas enormemente rica para todos aquellos que buscan información sobre la mente en sus relaciones con el mundo social y físico. Wertsch analiza tres temas principales que recorren toda la obra de Vygotsky: su insistencia en la utilización del análisis genético; su afirmación de que las funciones psicológicas superiores de los individuos tienen orígenes sociales; y sus opiniones respecto al papel de las herramientas y los signos en la actividad social y psicológica. Wertsch demuestra que la noción de mediación semiótica es esencial para la comprensión de la inigualable contribución de Vygotsky al estudio de la conciencia humana. En los cuatro últimos capítulos, Wertsch amplía las afirmaciones de Vygotsky basándose en las más recientes investigaciones sobre lingüística, semiótica y teoría literaria. El hecho de centrarse en los fenómenos semióticos, especialmente en el lenguaje humano, le permite integrar conclusiones extraídas de la amplia variedad de disciplinas con las que trabajó Vygotsky. Wertsch demuestra que el método de Vygotsky proporciona principios fundamentales que pueden servir como nexos de unión entre las diversas ramas de las ciencias humanas, que hoy parecen más aisladas que nunca.