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Columnas de opinión | Wilson | homenaje |

Demagogia electoral

Insólito: "blancos baratos" homenajearon a Wilson

El domingo 16 asistimos al surrealista homenaje a un líder traicionado por su propio partido, al conmemorarse los 40 años del regreso del exilio de Wilson Ferreira Aldunate.

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Es como si el senador romano Marco Bruto hubiera lisonjeado al cónsul Cayo Julio César que era su mentor y protector luego de apuñalarlo, en marzo del año 44 a.C.

Obviamente, el tributo estuvo a cargo del gobernante Partido Nacional, cuyos precandidatos se deshicieron en elogios acerca del fundador del Movimiento Nacional por la Patria, que se exilió durante la dictadura y, a su regreso, fue detenido por los militares y permaneció preso hasta después de las tuteladas elecciones de noviembre de 1984, que le otorgaron el triunfo a Julio María Sanguinetti, el candidato preferido por el régimen para gestionar la transición y garantizar la impunidad de los delitos de lesa humanidad perpetrados por el terrorismo de Estado.

Treinta y seis años después del fallecimiento del carismático líder nacionalista, en su partido político por el cual dio la vida no queda ni siquiera un mero resquicio del pensamiento progresista de este prohombre de la historia nacional. Por más que honren presuntamente su memoria, realmente perdieron la memoria de su pensamiento progresista. En efecto, su impulso transformador comenzó en 1962, cuando fue ministro de Ganadería y Agricultura durante el segundo colegiado blanco. En ese marco, fundó la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico, a la cual integró a dos jóvenes economistas: Danilo Astori y Enrique Iglesias.

El objetivo de este grupo de trabajo era proponer medidas que sacudieran la modorra de un Uruguay conservador y congelado en el tiempo, mediante un plan que propendiera a la expansión y diversificación de las exportaciones con nuevos productos, la sustitución de importaciones, la redistribución del ingreso agropecuario, la eliminación del latifundio, el aumento de la carga impositiva a los grandes terratenientes, la creación de nuevos puestos de trabajo en el campo y la reducción del subempleo, entre otras medidas. La mayoría de esas propuestas jamás fue aplicada, ya que en el seno de su partido, que estaba en el gobierno, abundaban y aún abundan los latifundistas y poderosos empresarios del agronegocio.

Sin embargo, muchos de estos proyectos fueron plasmados en “Nuestro compromiso con usted”, el programa de gobierno con el cual compareció a las fraudulentas elecciones de 1971, al frente de su agrupación Por la Patria, que hoy insólitamente es liderada por el esperpéntico senador Jorge Gandini.

El corazón de la propuesta programática de Wilson Ferreira Aldunate incluía, entre otras medidas, la reforma agraria y la nacionalización de la banca y del comercio exterior para que el trabajo y el ahorro se derramara en la sociedad uruguaya, así como un gran impulso al desarrollo de la industria nacional y una fuerte inversión en educación, ciencia y tecnología.

¿Percibe el lector memorioso alguna semejanza entre la ideología wilsonista que naturalmente no está obsoleta y el gobierno de coalición de matriz herrerista encabezado por Luis Lacalle Pou? Obviamente, no. Lo que se advierten son radicales diferencias.

El Partido Nacional del presente se debería limitar a homenajear a Luis Alberto de Herrera, porque homenajeando a Wilson homenajean a un líder traicionado, ya que su legado político ha sido sepultado y obscenamente pisoteado.

En primera instancia, ¿alguien puede imaginar a Wilson Ferreira Aldunate aliándose en una coalición con Julio María Sanguinetti, quien pactó en secreto con los militares su prisión y proscripción para que el líder nacionalista no pudiera ser candidato en las elecciones de 1984?

Por supuesto, nadie olvida la postura generosa de Wilson cuando salió de la cárcel, proclamando la necesidad de otorgar “gobernabilidad” al flamante presidente de la República, Julio María Sanguinetti, y tampoco el mentado Gobierno de “entonación nacional”, para facilitar la transición. Fue una actitud patriótica que apuntó a unir a los uruguayos y no a dividirlos.

Incluso, ¿alguien imagina a Wilson Ferreira Aldunate encabezando una coalición integrada por un partido de extracción militar que reivindica a la dictadura, como Cabildo Abierto? Realmente, sería imposible, y menos aún en una coyuntura como la del presente, en la cual no corre riesgo la institucionalidad.

Tal vez el único error de Wilson fue acompañar con sus votos la Ley de Caducidad, que perdonó los delitos de lesa humanidad perpetrados por los militares durante la dictadura, una operación política tramada por el propio Sanguinetti.

Empero, regresando al tema meramente ideológico, ¿alguien imagina a Wilson Ferreira aplicando un programa de gobierno al servicio del agronegocio y la concentración de la tierra, particularmente en manos de extranjeros? Naturalmente, nadie.

Tampoco sería posible que Wilson avalara sacar a los militares a la calle para que colaboren con la Policía en la lucha contra la delincuencia, como lo propone el precandidato presidencial “wilsonista” Jorge Gandini. El caudillo blanco desconfiaba de los militares y no le faltaba razón, porque fueron los que perpetraron el golpe de Estado y cogobernaron durante doce años con decenas de civiles muchos de ellos pertenecientes al Partido Nacional, cometieron toda suerte de fechorías y torturaron, asesinaron, desaparecieron y encarcelaron a miles de uruguayos, incluyendo al propio líder nacionalista.

En 1972, cuando asumió la presidencia de la República, el estanciero Juan María Bordaberry, para asegurarse las mayorías parlamentarias, integró a su gobierno a políticos herreristas. Al respecto, Wilson, quien perdió las elecciones de 1971 por un grosero fraude, calificó el acuerdo de “pacto chico de los blancos baratos”. Entre ellos estaba el exsenador Mario Heber, padre del actual senador Luis Alberto Heber. Luego, algunas de esas personas colaboraron con la dictadura, integrándose al gobierno autoritario en ministerios, entes autónomos e intendencias y en el Consejo de Estado, incluyendo al dos veces ministros blanco Aparicio Méndez, quien ejerció la presidencia de facto.

Ese epíteto de “blancos baratos” acuñado por Wilson Ferreira Aldunate podría aplicarse perfectamente al Partido Nacional del presente, que no dudó en acordar con Sanguinetti quien enterró al caudillo al pactar con los militares su prisión y proscripción y también se alió a un partido militar para poder ganar las elecciones de 2019.

En la actualidad, el Partido Nacional, sin el apoyo de sus socios colorados y cabildantes, está muy lejos de la adhesión concitada en 1971, cuando, liderado por Ferreira Aldunate, cosechó más del 40 % de los sufragios. Hoy, la colectividad oribista tiene una intención de voto que oscila entre el 28 % y el 30 %, muy similar a la votación obtenida en la elección de octubre de 2019.

Hace 54 años, los “blancos baratos” a los que aludía Wilson eran los herreristas, que aceptaron integrar el gobierno autoritario de Juan María Bordaberry y luego se sumaron a la dictadura. En 2024, los “blancos baratos” son los mismos de entonces, aunque insisten en homenajear al caudillo. Es casi una inmoralidad que lo hagan, ya que este Gobierno es antiwilsonista porque privilegió a los “malla oro”, quienes representan la lacra del latifundio que Wilson se proponía combatir. En cambio, sí pueden homenajear a Luis Alberto de Herrera, amigo y compinche del dictador Gabriel Terra y admirador del tirano fascista Benito Mussolini.

No deben existir antecedentes en la historia en los cuales los traidores homenajean al traicionado, para lavar sus culpas o por mera demagogia electoral. Los resabios del wilsonismo están hoy atesorados en el crisol ideológico del progresismo frenteamplista, incluyendo, entre otros, a su hijo, Juan Raúl.

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